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Opinión | BOTÓN DE NACAR

Mis veranos con Rohmer

Tras ‘Cuatro aventuras de Reinette y Mirabelle’, me esperan ‘Las noches de la luna llena’ y ‘Bajo el signo de leo’

El cineasta Éric Rohmer.

El cineasta Éric Rohmer. / EP

Está el primer chapuzón del año, en agua dulce o salada, en la naturaleza o en la comodidad del agua depurada -el cloro está en desuso, ahora lo que se lleva es la sal- en una piscina artificial, pública o privada, o el primer helado del año o lo que sea que marque la llegada del verano y sus actividades propias: tomar la fresca comiendo pipas sin necesidad casi de hablar, las contraventanas cerradas y las chicharras de fondo, pero como si las tuvieras en el mismo oído, los campamentos, la dupla gazpacho/salmorejo, que divide el mundo como la cebolla en la tortilla de patata.

Así, mi tradición veraniega tiene nombre propio: Éric Rohmer, que en realidad es un pseudónimo. El nombre real del cineasta francés era Maurice Henri Joseph Schérer (Tulle, 1920- París, 2010), y antes de ser cineasta fue profesor de literatura, crítico (firmaba como Maurice Schérer) y escritor (bajo el nombre de Gilbert Cordier publicó 'Élizabeth', novela recuperada por la editorial JC en 2007 y presumiblemente descatalogada ya). Publicó sus 'Seis cuentos morales' y casi todos acabaron filmados: son "morales" porque "todo se desarrolla en la cabeza del narrador", explicó su autor.

El verano de 2022 fue rohmeriano gracias a la lectura de 'Los cuentos de los mil y un Rohmer', de Françoise Etchegaray. Rohmer y Etchegaray se conocieron en 1973 y, desde 'El rayo verde' y durante 13 películas, ella fue su ayudante de dirección, directora de producción, con quien comentaba los guiones, quien le acompañaba a buscar localizaciones, etcétera, porque Rohmer trabajaba con el menor equipo posible. Etchegaray despliega sus recuerdos a la manera de escenas que se presentan como una mezcla curiosa de boceto de guion y confesión o memoria, porque entre la puesta en escena de las anécdotas aparecen citas, reflexiones generales de Etchegaray o comentarios de lo que le sucedía por dentro en algunas de esas escenas que cuenta. Recuerda consejos de Rohmer a los actores y una frase que decía el cineasta: "Todo es fortuito menos el azar".

Y siguiendo ese mandato rohmeriano, el azar nada fortuito puso en mi camino una de las películas de Rohmer que aún no había visto y que no es tan fácil de encontrar: 'Cuatro aventuras de Reinette y Mirabelle', que pertenece a la serie Comedias y proverbios'. La primera de las aventuras es veraniega y campestre: Mirabelle -quizá la más guapa de las actrices de Rohmer, y mira que son todas guapísimas- pincha una rueda de su bici y Reinette, pintora autodidacta y chiquilla del campo, se la arregla. Además de tutorial sobre cómo arreglar pinchazos, esta primera aventurilla es la persecución de la hora azul, un poco más corta que la del rayo verde en la película que se llama así. Las otras tres aventurillas de las jóvenes transcurren en París: Reinette se muda con Mirabelle y la ciudad se le muestra hostil, choca con su natural bondad y su rigidez moral no siempre le lleva por el buen camino.

La película muestra los diferentes modos de reaccionar ante los contratiempos de las dos muchachas, que forman un tándem bastante curioso: una luminosa y sin doblez, la otra más pragmática y realista; una tan campestre, la otra tan de ciudad… Este verano con Rohmer tengo otras sesiones programadas: 'Las noches de la luna llena' y 'Bajo el signo de leo', su debut oficial. Qué ganas de que llegue la noche…