Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

PERFIL

Saló o los 2.400 días de Antonio Scurati

El escritor culmina su pentalogía sobre el período de Mussolini con una constatación tan evidente hoy que recuerda a las palabras de Bertolt Brecht: la perra que parió al fascismo está de nuevo en celo

El escritor italiano Antonio Scurati, autor de 'M. El fin y el principio'.

El escritor italiano Antonio Scurati, autor de 'M. El fin y el principio'. / José Luis Roca

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Jorge Fauró

Jorge Fauró

Madrid
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

En Italia es habitual cantar en público melodías del folclore tradicional, como la 'tarantela' o la 'canzone napolitana', piezas instrumentales o interpretadas a capela que hacen las delicias del turista extranjero. Otras canciones se interpretan en privado, sin turismo a la vista, no exactamente en la clandestinidad (es lo que tiene la democracia, a veces tan denostada, que permite expresar lo execrable).

La pentalogía del escritor Antonio Scurati (Nápoles, 1969), de la que acaba de publicarse en España el último volumen, 'M. El fin y el principio' (Alfaguara, 2026), se lee, sí, con la perspectiva de quien documenta con fidelidad un periodo de la historia, aunque poniendo la época más oscura del siglo XX frente al espejo del reverdecer totalitario del XXI.

Más de un siglo después del advenimiento fatal del fascismo en Italia, en algunas sedes de Gioventù Nazionale, la camada negra de las juventudes del partido de Meloni, no se entonan tarantelas y se canta puertas adentro. Se mezclan cánticos propios de la grey más ultraderechista ("¡Duce, Duce , Duce! ¡El Camisa Negra triunfará!") con estrofas de 'Giovinezza' (Juventud), la canción oficial del Partido Nacional Fascista.

En la noche del 24 de octubre de 2025, aniversario de la Marcha sobre Roma, el evento histórico que llevó a Mussolini al poder, se colaron vivas al Duce en varias sedes de los barbilampiños del partido de la primera ministra, lo mismo que en Berlín se corean en manifestaciones nazis las estrofas prohibidas del 'Deutchsland über Alles' o en la explanada de Cuelgamuros se homenajea a Franco con el 'Cara al Sol'.

Scurati tenía razón

En el epílogo de 'La resistible ascensión de Arturo Ui' (1941), Bertolt Brecht avisa: "No canten victoria antes de tiempo sobre la derrota de lo que dominó al mundo. Porque aunque el mundo se alzó y detuvo al bastardo, la perra que lo parió está de nuevo en celo". En celo y pariendo, el fin y el principio. Cuando uno lee a Scurati rememora aquel título de Pasolini ('Saló o lo 120 días de Gomorra'), reflejo de aquella república títere con que Hitler arrinconó a Mussolini. Entre la publicación en 2018 del primer volumen de la serie y el último han pasado casi siete años, 2.400 días para explicar la ascensión y caída del Duce.

"Se piensa siempre en el fascismo como una ideología, pero en realidad es como un jarrón que se llena de estados de ánimo, de humores, de resentimientos, que olfatea en el aire, sopla sobre ellos, los azuza, los estimula y se deja guiar por ellos", ha dicho recientemente Scurati en una entrevista en 'El País'. En ese jarrón caben muchos Salós, el MAGA, la prioridad nacional o el concebido no nacido.

Un siglo después de lo que cuenta esa pentalogía, constatamos que Scurati tiene razón, que Brecht tenía razón. En la nueva República de Saló ya no se canta la 'stornellata', baila torpemente un tipo pelirrojo que lleva en el poder más de 2.000 días entre el primer y el segundo mandato. Y es inevitable recordar esa estrofa de 'Giovinezza': "Alcemos nuestras banderas, que el mundo nos vea avanzar, las camisas negras avanzan, nadie las podrá parar".

M. El fin y el principio

Antonio Scurati

Traducción de Carlos Gumpert Melgosa

Alfaguara

424 páginas. 22,90 euros