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ENTREVISTA

Amitav Ghosh, escritor: "La crisis no es sólo climática, sino cultural y de imaginación"

El escritor Amitav Ghosh, fotografiado durante su última visita a Barcelona.

El escritor Amitav Ghosh, fotografiado durante su última visita a Barcelona. / Ferran Nadeu / Ferran Nadeu

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Elena Pita

Elena Pita

Barcelona
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Épica, colapso, hecatombe, altas dosis de nihilismo… una energía perversa se ha colado en nuestro tiempo, contagiando nuestras mentes como un virus maligno. Amitav Ghosh lo explica remitiéndose al contexto histórico y al pensamiento humano en 'El gran delirio. El cambio climático y lo impensable', de Capitán Swing, que ha merecido el premio Jnanpith, el mayor galardón literario en India.

En sus páginas se cuestiona el papel moral que han abandonado la literatura y el arte, que a manos de la corriente global han convertido las cuestiones colectivas en pura autoficción individualista. Ghosh, nacido en 1956 de familia bengalí, creció y estudió en Calcuta cuando la literatura era un cuento inalcanzable para sus contemporáneos, se doctoró en Antropología en Oxford y empezó a escribir su primera novela al alba del mismo día que regresó a su tierra.

'El círculo de la razón' (1986) lo colocó entre los grandes de confín a confín del planeta. Vivió siempre a caballo entre su país y Estados Unidos, pero la crisis climática le ha conminado a no volar con tanta frecuencia, así que ahora reside en Nueva York, de donde es su esposa, y donde se desvela por su único nieto de 14 meses, de quien se enorgullece porque está aprendiendo a nadar. Tal vez como un método salvífico en caso de catástrofe.

El libro comienza relatando su memoria familiar sobre las inundaciones del río Padma en Bangladés, década de 1850. ¿Está sugiriendo que el cambio climático procede ya de aquel tiempo?

No, no, las inundaciones eran algo absolutamente normal en aquel territorio y, en cierto modo, lo siguen siendo, normales y habituales. Forman parte del ciclo de la vida en Bangladés y Bengala, son estacionarias y causadas por el monzón y sus lluvias torrenciales. 

Mr. Ghosh, ¿cómo convencería usted a los que mantienen que el cambio climático ha sucedido a lo largo de los tiempos y que no es diferente del calentamiento antropogénico actual?

Es una cuestión que ni siquiera me molesto en discutir, sinceramente, porque hay muchísima investigación científica al respecto. Qué le podría decir a quien no quiera aceptar la evidencia científica, tantísimos estudios acreditados. Simplemente, que presten atención a la ciencia. Pero es una pérdida de tiempo discutir este negacionismo.

Qué le podría decir a quien no quiera aceptar la evidencia científica. Simplemente, que presten atención a la ciencia. Es una pérdida de tiempo discutir este negacionismo

Pretenden incluso, conspiranoicos y negacionistas, que el cambio climático es un negocio. La pregunta sería: ¿es la polarización política lo que los lleva a dar credibilidad a esta narrativa, o al menos lo que la hace plausible?

La polarización política está dominando toda retórica y narrativa, no sólo en torno al cambio climático, sino también en cuanto a otras amenazas medioambientales como la pérdida de biodiversidad, las extinciones y demás. Y sí, todo empieza por esa polarización, que no sólo atañe al clima, sino a cuestiones sensibles como la realidad transgénero, pongamos. El calentamiento global también se ha visto absorbido por esta forma de afrontar la realidad, que lleva a algunos a negar la evidencia, las consecuencias que estamos sufriendo.

¿Por qué las ficciones sobre la realidad climática son degradadas por las publicaciones y editoriales literarias, que pretenden relegarlas a una especie de subgénero, tipo literatura ecológica, ‘liternatur’ o como quiera llamarles?

Esa es una gran pregunta que deberíamos plantearnos muy en serio. Para las revistas literarias, festivales y editoriales de prestigio, cualquier texto que trate sobre medioambiente queda automáticamente marginado a un segundo plano. Lo consideran literatura sobre la naturaleza o ciencia ficción o fantasía o lo que sea. Y la razón es que son intrínsecamente muy conservadores, y están convencidos de que la literatura ha de seguir los modelos del siglo XIX: su centro de interés continúa siendo la Inglaterra victoriana, la Francia decimonónica. Y es curioso, porque en las novelas victorianas las damas sucumbían al desmayo en las tardes calurosas de verano, pero ahora que el clima en Inglaterra ha cambiado por completo, elevándose la temperatura una media de 10 grados, llegando incluso a alcanzar unos inéditos 40 grados algunos días estivales, algo a lo que los ingleses no están ni remotamente acostumbrados, pues la literatura no lo refleja en los relatos contemporáneos. Es increíble.

Amitav Ghosh, retratado en Barcelona.

Amitav Ghosh, retratado en Barcelona. / Ferran Nadeu / Ferran Nadeu

De ahí surge, entiendo, su preocupación sobre lo que opinarán las generaciones futuras de este vacío: ¿llegarán a juzgar a los artistas e intelectuales cómplices del poder económico?

Cuando yo era pequeño, los niños preguntaban a sus padres qué habían hecho durante la Segunda Guerra Mundial, cuál había sido su posicionamiento ético frente a la contienda y el genocidio. Bien, pues yo creo que las generaciones futuras mirarán atrás, a mi generación, y dirán: "¿Qué estabais haciendo mientras el mundo ardía?". Y esta es una pregunta muy triste, ¿sabes? Me duele pensar, sí, que las generaciones futuras pedirán cuentas a los artistas e intelectuales por su inacción. La crisis climática es también una crisis de cultura y, por tanto, de imaginación.

¿Cuál sería el potencial real de la ficción para intentar al menos cambiar el estado de las cosas?

Creo que no deberíamos tener expectativas tan poco realistas. En un mundo en el que la gente no presta atención a los científicos del clima, a pesar de que vivimos en un mundo que idolatra la ciencia, ¿cómo podemos esperar que presten atención a los escritores de ficción o como quiera que le llamen? Además, no creo que la ficción deba ser didáctica: yo no escribo para dar lecciones a nadie. Sin embargo, lo que sí diré es que la ficción puede ayudarnos a imaginar otras formas de vida. Puede sugerirnos cómo mirar el mundo de otra manera y reconocer que el modelo que se nos ha presentado, la visión de la Tierra en definitiva, es a menudo falso y engañoso. Nuestro planeta y su naturaleza es muchísimo más extraño, misterioso y maravilloso de lo que podemos imaginar, y en este sentido el arte sí puede enseñarnos a ver lo real de otro modo.

En un mundo en el que la gente no presta atención a los científicos del clima, ¿cómo podemos esperar que presten atención a los escritores

Mr. Ghosh, ¿qué ha sucedido para que la política y el arte se hayan convertido en una cuestión de moralismo individual, perdiendo su naturaleza colectiva?

Fundamentalmente es un fenómeno que se expande desde EEUU en la década de 1990. Los escritores empezaron a concebir la novela como una especie de búsqueda moral individual, cuando nunca las cosas habían sido así. Si pensamos por ejemplo en John Steinbeck y 'Las uvas de la ira', en absoluto trataba de una aventura moral individual, sino de una colectividad desplazada por el clima, la sequía que afectó al Medio Oeste en aquel período, es decir un trauma colectivo. Un enfoque el de Steinbeck que aborda el cambio climático ‘avant la lettre’.

¿Eso que llama moralismo individual sucede como resultado de la llamada Gran Aceleración de finales del siglo XX? ¿Su propósito fue aislar a los individuos alejándoles de la noción de lo colectivo en política y economía, pero también en literatura y arte?

Exactamente, pero la Gran Aceleración comienza en el periodo de posguerra, en la década de 1950, y luego la gráfica sube exponencialmente y alcanza un grado insólito a partir de 1990, sí, cuando los países asiáticos comienzan a industrializarse a gran escala. Especialmente China, pero también India e Indonesia, de modo que de pronto se produce un aumento muy rápido y repentino de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Pero, ¿cuál es el propósito final de este moralismo individual? ¿Aislar al individuo, restarle su fuerza colectiva?

No creo que quienes predican este individualismo admitan que el aislamiento es el objetivo final, pero es muy triste constatar que a lo que conduce en última instancia es al nihilismo en el que el mundo se halla inmerso. Una prueba clara de ello es el tipo de violencia que se está dando en EEUU, los tiroteos en las escuelas, los ataques indiscriminados en lugares públicos y este tipo de actos recurrentes. La sociedad, al seguir los patrones de individualismo extremo, ha llegado a abrazar el nihilismo como ideología, porque además es adonde conduce el pensamiento de las élites tecnócratas. Especialmente las élites de Silicon Valley son abiertamente nihilistas, convencidas de que las máquinas serán la salvación de la humanidad o al menos la de unos pocos. Mark Zuckerberg y compañía están construyéndose refugios para sobrevivir al fin del mundo, porque en el fondo sí temen el gran desastre, un miedo que ha llegado a convertir la construcción de refugios en toda una gran industria, que ahora mismo los vende por 35.000 dólares.

Volviendo a la literatura, Mr. Ghosh, que hace tiempo ha marginado a la ciencia separando lo que es estrictamente humano de la mal llamada ciencia ficción, ¿por qué sí considera a algunos escritores que rozan la fantasía científica, como es el caso de Cormac McCarthy y especialmente 'La carretera'? ¿Son simplemente excepciones?

Yo diría que no es una excepción, porque podríamos citar a muchos otros escritores reconocidos por sus excelentes novelas sobre estos temas. Además, yo diría que La carretera, si bien es una novela increíble, por supuesto, en realidad trata sobre dos individuos, nos da una visión totalmente individualizada del apocalipsis, de modo que podemos considerarla cómplice del nihilismo y su forma de ver el mundo. Pero hay otros escritores que no siguen esa senda, como Richard Powers en 'El clamor de los bosques', Barbara Kingsolver con 'Conducta migratoria' o Annie Proulx, que en 'El bosque infinito nos da un punto de vista muy arraigado en la Historia, lo que me interpela personalmente. Y hay otra escritora, Ruth Ozeki, americana de origen japonés, sacerdotisa y profesora de budismo zen, que tiene un enfoque completamente diferente y altamente interesante.

Y usted, ¿por qué ha escrito un ensayo sobre el cambio climático en lugar de una ficción?

Sí he escrito ficción. De hecho, después de este ensayo he publicado dos novelas (aún no traducidas) relacionadas con la crisis planetaria y que están interconectadas entre sí. Porque no se trata sólo del cambio climático, hay muchas otras crisis, como hemos hablado, y creo que en el fondo de esta policrisis lo que amenaza más inmediatamente a la población es lo que afecta a su subsistencia, o sea a su nivel o calidad de vida. En el fondo de la crisis planetaria hay una cuestión gravísima de desigualdad. Y otro asunto insoslayable es que los acontecimientos climáticos de esta era son destilaciones de toda la historia humana.

En el fondo de la crisis planetaria hay una cuestión gravísima de desigualdad. Y otro asunto insoslayable es que los acontecimientos climáticos de esta era son destilaciones de toda la historia humana

¿La creciente corriente de autoficción está íntimamente ligada a esta visión de la novela como “aventura moral individual”, lo que subrayaba de McCarthy?

Pues, ¿qué puedo decir? Es el ejemplo definitivo de la obsesión humana por uno mismo excluyendo todo lo que nos rodea.

Algo que además usted vincula con el ritual puritano de desnudar el alma. ¿Estaría pues la literatura actual inmersa en la tradición protestante?

No quiero decir exactamente eso, también bajo la Inquisición se obligaba a la gente a escribir sobre sus almas y todas sus fechorías. En última instancia, toda esa tradición confesional quizá tenga su origen en el cristianismo, tanto en el catolicismo como en el protestantismo. Y de manera similar, también el comunismo obligaba a la gente a hacer confesiones.

Mr. Ghosh, ¿recuerda el tiempo en que no se atrevía a decir a la gente que quería ser escritor? ¿Cuántos años tenía?

Pues no me atreví hasta lograrlo, hasta publicar mi primera novela. Entonces tenía 30 años. La gente a mi alrededor, en mi país, estaba muy centrada en el despegue financiero, ser escritor era considerado un fracaso. Ahora es todo tan diferente…

Acababa de lograr en tiempo récord (dos años y tres meses) su doctorado en Antropología por la Universidad de Oxford, regresó a India, 1982, y según cuenta ese mismo día empezó a escribir 'El círculo de la razón', que se publicó cuatro años más tarde. ¿De qué y cómo vivió durante esos años?

Tuve varios trabajos como profesor y un puesto en un centro de investigación. Cuando eres joven es posible dar clases y escribir al mismo tiempo. Escribía temprano por las mañanas.

La novela fue reseñada el 'New York Times' por Anthony Burgess, que sentenció que “Ghosh escribe como mínimo tan bien como Rushdie”, y elogió una novela que “huele a hogueras de estiércol de vaca y sabe a curris”. ¿Fue un factor decisivo para su enorme y primer éxito?

Bueno, en cualquier caso iba a ser una gran novela, porque era ambiciosa. Pero sí he de decir que Burgess fue muy generoso en su valoración, algo muy importante y sobre todo muy inesperado viniendo de un escritor que no simpatizaba mucho con los asiáticos. También Toni Morrison escribió una reseña maravillosa, que pude agradecerle todas las veces que la encontré después de aquello. No era sólo una gran escritora, sino una gran persona, muy amable y generosa.

Dígame para terminar, Mr. Ghosh, ¿está usted convencido de que el mundo se enfrenta al fin de la Historia? Y no me refiero, claro está, a la teoría de Fukuyama.

Bueno, quizá sea el final de una etapa, pero es definitivo, porque nos enfrentamos al fin de la era del petróleo y la transición no será fácil, será una lucha épica entre los Estados petroleros y los eléctricos. Y lo vamos a sufrir en cualquier caso, cuando no algo peor… Porque aunque no digan la palabra, la piensan, vaya si la piensan.

El gran delirio

Amitav Ghosh

Traducción de Magdalena Palmer

Capitán Swing

184 páginas. 20 euros