Opinión | MIRADAS

Editor y experto en temas editoriales
Las librerías, ¿el talón de Aquiles del sector?
La brutal cantidad de libros que se editan obstaculiza que los libreros tengan capacidad para analizar las novedades

Interior de la librería Amapolas en Octubre, que a finales de julio cerrará sus puertas en el madrileño barrio de Chueca después de ocho años. / EP
Voy a intentar sintetizar este complejo tema sobre el que, con seguridad, habrá diferentes puntos de vista. A lo largo de los años, el sector editorial no ha cambiado en lo que son sus bases existenciales. Ha crecido. Algunos de sus actores se han profesionalizado, la logística ha mejorado sustancialmente y muchas de las herramientas de que se dispone se han perfeccionado. Pero la base es que el editor publica y envía sus libros, a través de sus propios medios, o a través de distribuidores independientes profesionalizados. Y los libreros reciben los miles y miles de libros que los editores publican. Todos los editores. Y no pueden siquiera absorber una mínima parte, porque les faltan recursos para poder escoger los que quieren para su librería.
La brutal cantidad de libros que se editan obstaculiza que los libreros tengan capacidad para analizar brevísimamente las novedades, no tienen tiempo material. Y ese es el nudo que atasca todo el proceso, el que hace que, en realidad, los libros no fluyan y se amontonen. Porque a la librería que no tiene medios, la pequeña o mediana fundamentalmente, no le queda más remedio que apuntarse al "servicio automático de novedades". Eso hace que el trabajo que deberían hacer antes y que no hacen porque no tienen medios -el cribado previo de novedades- lo tengan que hacer con los libros físicos en la librería. Y no hay otra. No hay soluciones intermedias. O los libreros -todos, grandes, medianos y pequeños- trabajan con el mismo nivel de capacidad de gestión, o los pequeños y medianos están condenados.
El "servicio automático de novedades" es el peor invento y el más paternalista que el sector ha inventado y sustentado en el tiempo. Hace que las personas que trabajan en la librería desconozcan, por imposibilidad de conocer, la mayor parte de los títulos y los autores cuyas novedades se publican y se envían a las librerías de forma automática; es decir, sin la seguridad de que los que tienen que vender esos títulos los conozcan mínimamente. En esa fase, además, la informática no ha sido la mejor aliada. Porque las bases de datos proporcionan datos, no conocimiento.
También hay que decir que tanto las grandes superficies como las cadenas de librerías, así como las tiendas online, sí tienen la capacidad de escoger los títulos que les parecen más adecuados para sus clientes. En este caso, el tamaño es esencial. En una pequeña librería pueden trabajar como máximo tres personas, con suerte. En una gran superficie o en una cadena de librerías y en las tiendas online no tienen ese problema, ya que disponen de un jefe de compras que hace que todos, todos los comerciales de las editoriales y las distribuidoras desfilen por sus oficinas semanalmente y en ocasiones dos veces a la semana para mostrarles los libros. Y entonces escogen.
Además, como son clientes de gran facturación, tienen mayores descuentos sobre el precio de cada libro. Esto es real y bien conocido por el sector. Hay que recordar que tanto las librerías como los grandes compradores, todos, tienen la posibilidad, muy utilizada, de devolver los libros que no han vendido en el momento que les parezca oportuno. Más trabajo para los pequeños y normalidad para los grandes.
Entonces, me pregunto a menudo, ¿de qué sirven aquellos libreros que me aconsejaban determinadas lecturas que han sido fundamentales para el lector que hay en mí? Si respondo rápidamente, diré: ¡Para nada! Si lo medito un poco, tengo que aludir a los sempiternos conceptos -no sé si ya caducados- de la vocación, la resistencia, el posible crecimiento y todos los términos que entran en el terreno de la esperanza. Pero no son reales, no son lo que veo mientras paseo por las librerías.
En una próxima reflexión quiero abordar el tema de la formación existente en nuestro país para mejorar la capacidad de los libreros y que dispongan de las máximas herramientas para convivir con el resto de sus competidores, en el mejor sentido de la palabra.
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