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CRÍTICA

'El movimiento situacionista', de Patrick Marcolini: hacer la revolución

El autor plantea una interpretación distinta de Mayo de 1968

El escritor Patrick Marcolini, autor de 'El movimiento situacionista'.

El escritor Patrick Marcolini, autor de 'El movimiento situacionista'. / EP

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Laia Nuñez

Barcelona
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Todos hemos pensado alguna vez que quizás una revolución nos salvaría de los males contemporáneos. La revolución de Mayo del 68 nos queda un poco lejos, pero vale la pena rememorar uno de los episodios más convulsos de la Europa de la posguerra. Las protestas, que comenzaron en las universidades y desembocaron en una huelga general en toda Francia, movilizaron a millones de trabajadores en lo que fue una radical contestación al orden político, social y cultural de la modernidad.

El Mayo francés, símbolo de la lucha por las libertades individuales y el cuestionamiento del capitalismo neoliberal, no surgió de la nada. A finales de los 50, un grupo de estudiantes parisinos se unió para crear las bases de pensamiento que, una década más tarde, devendrían el germen de las revueltas. Se trata de la Internacional Situacionista, un movimiento vanguardista situado en la frontera entre una corriente artística y una facción política, activista e intelectual de tradición marxista.

Los situacionistas, encabezados por el filósofo Guy Debord, defendían que el capitalismo avanzado había transformado la vida cotidiana en un espectáculo que fomentaba la alienación de los individuos y su explotación en el trabajo y en la vida privada. Las relaciones humanas estaban siendo mediadas por imágenes y formas de consumo que alejaban a las personas de una experiencia libre y real. Frente a ello, proponían diversas acciones –algunas de carácter vandálico, otras de naturaleza lúdica– capaces de romper la rutina impuesta por el sistema, recuperando una vivencia más consciente, creativa y emancipadora.

Rechazo al racionalismo

En el campo del arte, el situacionismo se materializó en diversas vanguardias que tienen en común el rechazo al racionalismo imperante en los 50 y la adopción de algunos valores de la Bauhaus de entreguerras. Los situacionistas, declarados herederos del dadaísmo, no ocultaron su clara voluntad de destruir el arte. Conceptos como 'détournement' –alterar el significado de imágenes o textos existentes para convertirlos en una crítica del orden social dominante– y la construcción de situaciones (es decir, la generación de ambientes colectivos que producen nuevos contextos sociales) se convirtieron en arte, pues para destruir el arte había que cerrar la brecha que lo separa de la vida.

Con tono divulgativo y rigor académico, Marcolini nos brinda un manual de instrucciones inspirador para quien quiera iniciar una revolución

Libros como 'La sociedad del espectáculo' (1967), de Guy Debord, y 'El derecho a la ciudad' (1968), de Henri Lefebvre, se convirtieron en obras de cabecera para una generación de jóvenes que luchó por unos ideales que décadas después siguen pendientes. Las deambulaciones y las derivas –el caminar por las ciudades sin prisas ni rumbo– fueron su forma de reivindicar lo improductivo frente a los imperativos de la eficiencia y la utilidad, en su lucha contra la lógica capitalista. En conjunto, sus acciones fueron una ardiente crítica a la ciudad moderna, con la que hoy nos seguimos relacionando de forma instrumental.

Estos hechos, situados en los márgenes de la historia que todos conocemos, se detallan en 'El movimiento situacionista', de Patrick Marcolini (Niza, 1980). En palabras del autor, "Debord buscaba la fórmula para derrumbar el mundo". Con tono divulgativo y rigor académico, Marcolini nos brinda un manual de instrucciones inspirador para quien quiera iniciar una revolución. También para quien se conforme con soñar con ella.

El movimiento situacionista

Patrick Marcolini

Traducción de Esteban Sanzol

Arpa

432 páginas

24,90 euros

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