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TIEMPO PARA LEER

Inés Garré de Senillosa: "Tengo un TOC, todos mis libros están forrados"

Asistente de Dirección del Teleférico de Barcelona y miembro de la fundación No Somos Invisibles, abandonó el día a día urbano en Barcelona para instalarse en la falda de la montaña de Montserrat

Inés Garré de Senillosa, asistente de Dirección del Teleférico de Barcelona.

Inés Garré de Senillosa, asistente de Dirección del Teleférico de Barcelona. / EP

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¿Un sentimiento especial hacia la lectura?

Me encanta no poder dejar de leer. Cuando leo un thriller me mantengo en tensión hasta el final. Me viene a la memoria uno de Joël Dicker, 'Un animal salvaje'. Relata historias paralelas, la de un atraco en Ginebra y la vida lujosa de la protagonista. Para entender la primera, hay que ahondar en la segunda. Este autor tiene finales de infarto y giros de guion constantes. ¡Es adictivo!

¿Alguna lectura la ha marcado en su día a día?

'Campos de fresas', de Jordi Sierra i Fabra, que va de tomar decisiones. Me marcó porque el relato se estructura como una partida de ajedrez, entre la vida y la muerte. Cada personaje funciona como una pieza del tablero. Si una sola pieza falla en su labor, la partida se pierde. Mi adolescencia no fue complicada, pero en esa época se separaron mis padres y tuve que tomar decisiones: elegí protegerme.

¿Qué supone para usted leer?

Es desconexión, mi momento de paz dentro del caos del día a día. Abro el libro que me ocupa y me desconecto de la realidad para adentrarme en la vida de otros personajes. Es un lujo disfrutarla tanto. Me declaro amante de los libros de papel, pero confieso que alguna vez he pecado con el teléfono móvil. Compro indistintamente online o en librerías físicas. Me gusta dar un paseo hasta Re-Read, la tienda de libros usados, porque siempre encuentro algo que me llama la atención.

¿Lee desde pequeña?

Desde que aprendí a hacerlo, pero fueron mis padres quienes me inculcaron el amor por los libros. Cada noche, antes de dormir, tenían por costumbre leernos un cuento. Cuando todavía era muy pequeña, alguien me regaló 'La pequeña cerillera' de Hans Christian Andersen. Les pedí que me leyeran el libro. Pasados unos minutos empecé a llorar desconsoladamente de pena. Tenía tres años y descubrí que, a través de la lectura, era capaz de empatizar con la protagonista. Ese es el recuerdo de mi primer libro, a la par que mi primer trauma infantil: no quería acabar vendiendo cerillas en la calle.

¿Usa los libros?, ¿marca páginas, subraya frases?

Lo que tengo es un TOC, y es que todos mis libros están forrados. ¡No soporto que se estropeen!

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