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HE VENIDO A HABLAR DE MI LIBRO

Adrián N. Bravi, autor de 'Adelaida': "A través de una sola vida descubrimos las tramas en las que se vio obligado a vivir un país"

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El escritor argentino afincado en italia Adrián N. Bravi, autor de 'Adelaida'.

El escritor argentino afincado en italia Adrián N. Bravi, autor de 'Adelaida'. / EPC

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Cuando Adelaida Gigli murió, el 14 de octubre de 2010, yo sabía que, tarde o temprano, escribiría sobre ella. De hecho, publiqué algunos artículos en revistas, pero no me decidía a contar su historia. Escribir sobre ella –era consciente de ello– significaba tocar épocas dolorosas de la historia argentina. Además, sabía que no podía hacerlo sin contar también la historia de sus dos hijos desaparecidos, Mini y Lorenzo Ismael, y la de toda una constelación de amigos que formaban parte inseparable de su mundo.

Siempre posponía esa cita con ella, hasta que un día su sobrino Agustín Gigli, hijo de su hermano, me envió las cartas que Adelaida había escrito a su padre, el pintor Lorenzo Gigli, y a su mismo hermano. Mientras las leía, me di cuenta de que ya no podía postergar más ese encuentro. Descubrí entonces a una Adelaida diferente de la que conocía y tomé conciencia de lo que significa vivir en el exilio: despojada de sus pertenencias y de sus afectos, alejada de su mundo y con la incógnita –que en ese entonces aún no era la certeza en la que luego se convirtió– de la desaparición de sus hijos y de otras personas muy allegadas a ella.

Vivir y morir como exiliada

La conocí en 1988, cuando llevaba 12 años de exilio y 11 viviendo en Recanati, la ciudad leopardiana ubicada en el centro de Italia, cerca del mar Adriático. Allí había nacido en 1927 y, a raíz del fascismo, su padre, que había participado en dos ediciones de la Bienal de Venecia, decidió abandonar Italia y trasladarse con toda su familia a Buenos Aires. Es decir, Adelaida regresó a su ciudad natal como exiliada 50 años después, y vivió y murió como exiliada.

Fue una gran artista que supo dar forma a sus heridas y moldear el dolor de la historia que protagonizó, en la soledad del monoambiente en el que vivía

En la idea del exilio hay una especie de nostalgia por un lugar en el que ya no vivimos; ella, en cambio, sentía nostalgia no por un lugar, sino por un tiempo que ya no existía. Fue una gran artista que supo dar forma a sus heridas y moldear el dolor de la historia que protagonizó, en la soledad del monoambiente en el que vivía. En los años 50 fue fundadora, junto con su marido, el escritor e historiador argentino David Viñas, y otros intelectuales, de la histórica revista 'Contorno', que marcó en aquellos años una nueva tendencia política e intelectual.

Inicio impactante

Al escribir 'Adelaida' no pretendí llevar a cabo una cronología de su vida ni una simple biografía, sino enfocar su existencia a través de la narrativa. De hecho, comienzo el libro con un momento crucial: el secuestro, en el zoológico de Buenos Aires, de su hija Mini, en el instante en que deja a su pequeña, de apenas ocho meses, en manos de dos desconocidos para lanzarse a la fuga. En ese preciso momento cambió toda la historia de su vida.

Fui muy amigo de ella y conservé con celo muchos de sus manuscritos, hasta que un día decidí donarlos a la biblioteca de la ciudad en la que aún vivo, Recanati. Para mí, este libro, 'Adelaida', representa un deber ético hacia una amiga, hacia una artista y hacia la historia, porque incluso a través de una sola vida podemos descubrir las tramas en las que se vio obligado a vivir todo un país.

Adelaida

Adrián N. Bravi

Traducción de Miquel Izquierdo

Minúscula

160 páginas. 19,50 euros