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CRÍTICA DE POESÍA

‘La costumbre de ser alguien’, de Miguel Mas:

Con este libro, el autor se reafirma como uno de los poetas del tiempo más sólidos, hondos y reflexivos de su generación

Cubierta del poemario 'La costumbre de ser alguien', de Miguel Mas.

Cubierta del poemario 'La costumbre de ser alguien', de Miguel Mas. / EP

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Jaime Siles

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Miguel Mas (Valencia, 1955) es un poeta del tiempo, pero de modo muy distinto al que lo fueron otros del 27, de la posguerra y del 50, sabiamente estudiados por el gran crítico cubano José Olivio Jiménez. Mas se manifiesta en 'La costumbre de ser alguien' como un poeta elegiaco y narrativo a la vez: como un memorialista implacable, que analiza los espejismos de la identidad y la memoria y los somete a un intenso proceso de reflexión existencial y moral, extrayendo de ello no un saber melancólico sino un absoluto y total autoconocimiento.

Poeta, pues, de la meditación en el sentido que José Ángel Valente hizo suyo a partir de la lectura del libro del profesor de la Universidad de Yale Louis L. Martz, 'The poetry of meditation. A study in english religious literature of the seventeenth century', publicado en 1954, Mas se enfrenta a una serie de instantes vividos, congelándolos en lo que tienen de pasado y revitalizándolos en aquellos puntos de ignición en que, al actualizarlos, se convierten en iluminación de la realidad. Así, lo acontecido en el pasado recibe una nueva posibilidad en el presente, al aflorar como de un pecio hundido en el recuerdo, aquello que en su día no vimos o no fuimos capaces de comprender y que ahora, por la espiral de la memoria, alcanza el significado que entonces no tuvo o no fuimos capaces de advertir y reconocer.

El instante es el centro y el núcleo de este excelente libro en el que el poema largo de corte narrativo alcanza el máximo de su posibilidad: "La memoria perdida, las escamas del tiempo" son sus protagonistas, pero no menos el observador que vuelve sobre ello y lo mira también bajo otra luz. La cita de Jorge Luis Borges que lo abre es su código de cifra, y su poética está explícita en varios de los grandes poemas que lo integran: 'Días que la memoria no perdona', 'Mano sola' y 'Dibujo hallado en una carpeta' son tres ejemplos de esta lírica de alta tensión, que no se permite la menor concesión al sentimentalismo y que, por eso mismo, es capaz de transmitirnos el máximo grado de rigor y objetividad.

Apuesta por la intensidad

Mas rehúye el preciosismo, pero apuesta por la intensidad; escribe una poesía urbana próxima a la prosa, pero sin incurrir en el prosaísmo. Logra así una perspectiva desde la que abordar los distintos fotogramas del yo y las diversas maneras de lo sido. Y ello, no solo en los poemas largos a los que antes he hecho referencia, sino también en los poemas breves, en los que la composición epigramática alcanza cotas muy significativas como 'La canción del mirlo', 'Fiebre', 'Pelos y patas', 'Los miedos nocturnos' y, sobre todo, 'Tierra extraña' y 'Realidad', ambos de una economía lingüística máxima. Algunos de sus títulos podrían serlo de libros de relatos: así, 'Perro bajo la lluvia en una carretera vecina'. Otro, como 'Hombre asomado a una ventana', parecen écfrasis de cuadros del pintor holandés Samuel van Hoogstraten.

Un hecho que lo singulariza es el haber optado por una forma de discurso que sobrepasa lo elegiaco al darle un sobrio tratamiento desde la narratividad. Lo que hace de los poemas complejísimos análisis del hecho de vivir, de haber vivido y de intentar explicar lo que ello supone y el modo en que lo vago de un instante pasado complica y casi imposibilita el acto de quererlo recordar. Exhaustivo en su aproximación a ello, nos descubre la permeabilidad de lo pasado, la continuidad en nosotros de todo lo anterior y a la vez la dificultad de fijarlo. De ahí que su poesía sea ahora un método de conocimiento que nos hace ver todo lo sucedido no como las cosas fueron ni como pudieron ser, sino como el espejo de la memoria nos las devuelve: cambiadas en otra cosa acaso más próxima a su verdad.

El sistema poético de Mas me ha hecho recordar lo que decía Evelyn Waugh, para quien la literatura es "un ejercicio en el uso del lenguaje" y que lo que interesa en ella y de ella es "el drama, el discurso y los acontecimientos". Hay poetas que piensan en imágenes; otros, en ideas; Mas lo hace –como Waugh– en palabras: en palabras que resucitan lo que en otro tiempo fuimos y lo que en otro tiempo fue.

La costumbre de ser alguien

Miguel Mas

Renacimiento

112 páginas. 13,90 euros