Opinión | ES DECIR

Escritor
El idioma de la literatura
La expresión que impulsa la cultura escrita hacia el futuro es la traducción, como defendía Fray Luis de León

Estatua de Fray Luis de León en la Universidad de Salamanca. / EP
La riqueza profunda de la literatura es su diversidad. Cada cultura es un universo creativo único y original que se difunde a través de un idioma y que se genera a través de esa interrelación. Las barreras de estos mundos particulares por una lengua que desconocemos las rompe la traducción. Así, gracias a ella accedemos a un conocimiento que, hasta entonces, nos es desconocido, secreto. La traducción nos hace diversos, abiertos, curiosos, libres, ricos. Lo contrario es la uniformización del pensamiento y la vida; la miseria mental, la peor de las indigencias. De eso ya se encarga el postcapitalismo, no le demos más aire.
Hasta hace bien poco los traductores eran invisibles, meros técnicos que trasladaban las palabras de uno a otro idioma. Como mucho su nombre aparecía en la página de créditos en letra de cuerpo 4. Ahora son ya muchas las editoriales que incorporan su nombre en la portada e incluso una breve biografía junto a la del autor. Así el lector reconoce su tarea creativa. Algo se ha ganado.
Hace un par de semanas, en una clase en la Universidad de Salamanca (USAL), se me ocurrió decir: "El idioma de la literatura es la traducción". Los estudiantes (Filología y Traducción) asintieron con síes cargados de fogosidad juvenil como si de un concierto se tratara. Eran de Navarra, Cáceres, La Rioja o Huelva, y estudiaban hispánica y catalán en la ciudad castellana. Yo me expresaba en catalán e incluso entre ellos lo hablaban en clase y en la calle, tomando unas cañas. Fue una Babel perfecta del arte de la traducción, que ellos practicaban de manera normal en su mente gracias a sus estudios. Todos traducimos, todos nos enriquecimos y nos sentimos libres y un poco más cultos, y que nos perdone Fray Luis de León, quien pasó casi cinco años en la cárcel por traducir el 'Cantar de los Cantares' al castellano del siglo XVI.
Las lenguas minoritarias, por motivos políticos o demográficos, han de apostar por la traducción como elemento fundamental de su supervivencia cultural. El Institut Ramon Llull, ente de promoción exterior de la cultura catalana, lo hace con un esfuerzo ímprobo y éxito razonable. Pero aun así, la traducción de la literatura en catalán es más fácil al francés o al italiano que al castellano. ¿Por qué? Pongamos que por motivos comerciales, soy benévolo. Muchas editoriales, y no pocos lectores, no se han dado cuenta, o no quieren, de que la riqueza que encierra una cultura escrita en una lengua que no conocen es un valor común y enriquecedor. Y si es un idioma próximo y casi propio, más.
Los estudiantes de Salamanca lo saben, lo practican sin aspavientos y creen en ello con absoluto convencimiento. Algunas incluso hablaron de dedicarse profesionalmente a traducir del y al catalán, "porque las lenguas mayoritarias ya tienen de sobra quien les traduzca". Si a la literatura, y la cultura por ende, le queda algún protagonismo en un mundo más humano, la traducción es una parte troncal de ese futuro. Lo dijo ayer (en 1577, aunque se dice que fue una invención posterior) el profesor de la USAL Fray Luis de León y lo dicen los estudiantes, y quizás futuros profesores, de hoy.
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