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CRÍTICA

'Vint anys de silenci', de Francesca Coll: justicia literaria

En lugar de transitar por el ensayo, la autoficción o la investigación periodística, la autora opta por la ficción como espejismo del caso Helena Jubany en esta acertada novela

Francesca Coll, autora de 'Vint anys de silenci'.

Francesca Coll, autora de 'Vint anys de silenci'. / EP

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Àlex Martín Escribà

Barcelona
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Conmocionada por el crimen de Helena Jubany, Francesca Coll (Sant Quirze del Vallès, 1971) se ha sumergido en la escritura de una novela sobre un homicidio plagado de incoherencias e interrogantes. Para quienes no recuerden el fatídico suceso, en diciembre de 2001, Jubany, bibliotecaria de 27 años, fue hallada muerta y desnuda en un patio interior de Sabadell tras haber sido drogada con benzodiacepinas y lanzada brutalmente desde la azotea. En la actualidad, el principal sospechoso se encuentra en libertad provisional a la espera del juicio, tras reabrirse la causa el año pasado.

Bajo este pretexto, la autora construye todo un artefacto literario digno de mención. En lugar de transitar por el camino del ensayo, la autoficción o la investigación periodística (terreno, cabe decir, ya explorado por la pluma de Yago García Zamora), opta por la ficción como espejismo del caso. Es en este punto donde Jubany se transmuta en el personaje de Junyent, y el relato se eleva dentro de los códigos de la novela policíaca clásica y canónica inspirada en hechos reales.

En este marco, no deben sorprendernos ciertas licencias intertextuales de carácter lúdico. La autora, por ejemplo, hace aparecer como motor de la acción a un célebre y crepuscular comisario belga llamado Pirot, afincado en Bruselas: un detective bajito, de bigote enroscado, metódico, intuitivo y gastrónomo que, a las puertas de la jubilación y acompañado de su colaborador Peter, es contratado para resolver el caso.

Nos encontramos ante todo un paradigma de intertextualidad; un homenaje voluntario al detective Hércules Poirot, creado por Agatha Christie, la gran dama del crimen. Esta elección es del todo intencionada, pues la escritora británica ha gozado históricamente de una excelente recepción entre los lectores de nuestro país: desde los inicios teatrales populares hasta los volúmenes de la mítica Biblioteca Oro, pasando por la breve colección 'L’Interrogant', hasta llegar a la reciente apuesta de la editorial Columna con traducciones actualizadas.

Mosaico referencial

Asimismo, el mosaico referencial no se detiene ahí, ya que otras figuras afloran a lo largo de la narración, como la encantadora señora Brown, que nos remite al ingenio de Gilbert Keith Chesterton, y la señora Fletcher, la célebre profesora e investigadora interpretada por Angela Lansbury. Estos iconos del misterio conviven con el realismo del inspector Rodrigues, un personaje cínico y desengañado que contrapone su escepticismo al método deductivo del detective belga.

La autora logra ensanchar los horizontes narrativos y emplear la literatura como una herramienta de justicia literaria ante las atrocidades del mundo que nos rodea

La trama, ambientada inicialmente en Bruselas, se desplaza pronto hacia una Barcelona que termina convirtiéndose en un personaje más de la novela. Esta mirada forastera permite ofrecer una visión detallada del paisaje urbano, lo cual nos remite a una serie de componentes culturales y espacios reales que existen más allá de la ficción. Así, la descripción de los barrios, las calles, los edificios modernistas y la presencia del mar -junto con los medios de transporte- evidencian la filiación social de sus ocupantes como una especie de "costumbrismo urbano".

El relato se convierte también en un viaje por la memoria: desde antiguos casos de Poirot en Cadaqués, hasta las sacudidas del presente y el pasado reciente, como el referéndum sobre la independencia de Catalunya y el trauma de la dictadura.

Más allá de construir una intriga con unos personajes y una geografía reconocibles, Coll esquiva con destreza el eterno debate sobre la identificación de los culpables, la documentación tediosa y la rigidez de los sumarios judiciales. La autora logra, así, ensanchar los horizontes narrativos y emplear la literatura como una herramienta de justicia literaria ante las atrocidades del mundo que nos rodea. Un acierto formal y ético que, sin duda, podría inspirar a futuras voces del género.

Vint anys de silenci

Francesca Coll

Alrevés Editorial

182 páginas

20 euros