CRÍTICA
'En palabras sencillas', de Richard Ford: literatura y política
Feltrilleni inicia una serie que pretende reunir a algunos de los grandes autores de nuestro tiempo para reflexionar sobre temas centrales del presente, en este caso, un texto ágil y vivo del autor estadounidense acerca de la forma en que literatura y política se encuentran

El escritor estadounidense Richard Ford. / EFE/Quique García
En 'En palabras sencillas', Richard Ford reflexiona sobre el papel que la novela puede y debe desempeñar en la actualidad, en un mundo donde la política tiende a ser cada vez mas deshonesta, lo que obliga a la literatura a ser una forma de verdad y de compromiso permanente y reconociendo a su vez que lo político y lo privado, lo público y lo íntimo no son esferas separadas sino que se entrelazan en lo cotidiano.
Cuenta que cuando era un aspirante a escritor no creía interesante observar la vida política, tan pérfida y engañosa, ni que esta fuera una experiencia que pudiera utilizar en una novela. En un primer escenario de reflexión Ford apunta que una novela política debe mostrar cómo la historia afecta al destino de los individuos, y pone el ejemplo del relato de Frank O’Connor 'Huéspedes de la nación', donde dos milicianos irlandeses capturan a dos soldados británicos y el cautiverio les sirve para trabar amistad, pero finalmente los milicianos irlandeses reciben la orden de fusilar a los británico y, con gran tristeza, cumplen la orden y los fusilan. En el relato O’Connor conecta de forma desgarradora la historia con el destino de los individuos. Pero no lo entendía, tampoco cuando leía '¡Absalón, Absalón!' donde Faulkner captaba Misisipi de manera completa y exponía como el odio racial y la esclavitud corrompen al hombre. Ford, que conocía íntimamente todo eso porque vivía allí, no lo entendía, no entendía el significado político pues lo de Faulkner u O’Connor eran ficción, relatos, cosas inventadas.
Es así como Ford revela que le llevó años descubrir y reconocer que lo publico y lo privado no son facetas separadas sino partes de una misma experiencia vital, y que gracias a ello sus libros se volvieran más completos y ricos, más inteligentes.
Antes de llegar a este descubrimiento, Ford, debido a su aversión a la política, sostenía que los hombres tenemos distinto tipos de voces, para la vida cotidiana o para la escritura. Son voces que no son estáticas ni limitativas, al contrario. Para él la narrativa debía producir el mismo efecto que la vida y esta es impredecible, exigente, sorprendente y a menudo ensancha nuestra comprensión; y con la narrativa ocurre lo mismo, de ahí que deseara tantas voces a su discreción como fuesen posible para escribir de forma excelente y que se lea. Una idea opuesta a la de Cyril Connolly que afirmaba que es mejor escribir para un mismo y no tener lectores , que tener lectores y no tener identidad .
Tras publicar su primer gran éxito, 'El periodista deportivo', Ford se mantenía en su idea de que la vida pública no ejerce ninguna tiranía sobre la vida privada. El protagonista no se interesa por las acciones públicas, solo es defensor de su vida privada. Era una novela cómica, viva, sobre la vida privada de un personaje cuya dicha se acerca a la desdicha y sobre la perplejidad de la vida.
A partir de aquí llega su gran reflexión que le lleva a admitir que la vida privada comparte un carácter crucial y sustancial con la vida pública del Estado, como es la búsqueda del bien, por ejemplo. Ello supone que la vida privada adquiere una dimensión más amplia, mientras la vida pública se hace más íntima. La novela es política en cuanto se asume la máxima de Aristóteles de que el hombre es un animal político y que la vida pública es una extensión de la privada.
La idea de que la política se refleja en el funcionamiento de nuestra vida privada, y de que las obras de ficción pueden retratar maravillosamente esa dualidad, quizá siempre ha estado en la periferia de su pensamiento. Pero la política en la vida o en el arte no suele ser evidente. No es un disparo de pistola, como decía Flaubert, sino a menudo un rasgo sutil.
Antes de llegar a esta reflexión fundamental en su quehacer literario Ford nos relata todo el largo camino recorrido desde su Misisipi natal hasta lograr convertirse en uno de los grandes escritores estadounidenses.
Cuenta así lo poco prometedor que era decidirse a ser escritor en el Misisipi de los años sesenta dominada por políticos cerriles e intolerantes y donde la cuestión racial aún era cuestión de estado. En Misisipi, a pocas calles de la suya, vivía la magistral Eudora Welty, y un poco más arriba William Faulkner. Se podía pensar entonces en que a pesar del escenario corrupto y opresivo, aún existía un resquicio de atmósfera permisiva y estimulante en la que un joven narrador podía respirar. Podía escribir de lo que quisiera pues la narrativa no tenía ninguna consecuencia. Pero hubo otro obstáculo al que ni siquiera tuvo que enfrentarse. Descubrió que padecía dislexia lo que ralentizaba mucho sus lecturas, pero ello le permitió atender mejor a las palabras y sus significados y convirtió sus lecturas en más placenteras.
Con 32 años publicó su primera novela, Un trozo de mi corazón', ambientada en Misisipi, fue el libro que sintió que "había nacido para escribir". No era autobiográfica, pero se inspiraba en su vida. Estaba ambientada en una isla salvaje del río Misisipi. Quería que fuera una obra maestra. Resultaba rompedora; le gustó escribirla. Las críticas la calificaron de gótico sureño. Nadie dijo que fuera una obra maestra. Fue una valoración cruel y dura que le desanimó. Pero entendió que las influencias de esos otros grandes escritores sureños eran evidentes, que no estaba trabajando "con mi propio mazo de cartas", sino con el de otros escritores. Para tener éxito debía llegar a hacer algo diferente pues escribir de Misisipi le condenaría a la mediocridad, todo ello sin dejar de ser uno mismo ni perder el control.
Con los pocos ingresos del libro marchó a México donde encontraría la atmósfera para recuperarse, con un escenario para crear una conmoción. Su segundo libro 'La última oportunidad', fue algo mejor, pero apenas se leyó.
Después de dos novelas dando lo mejor de él, agotando sus capacidades y vaciándose, pero sin éxito, decidió dedicarse a una "ocupación" remunerada. Así es como se dedicó a trabajar de periodista para una revista deportiva. Durante dos años disfrutó escribiendo sobre boxeadores, jugadores de béisbol, conoció a los héroes deportivos, estaba bien pagado, viajó por todo EEUU, se alojó en hoteles de lujo y comió y bebió estupendamente haciendo algo más allá de lo literario. Seguía ejerciendo como escritor, pero no como novelista. Si la revista no hubiese quebrado hubiese seguido escribiendo reportajes deportivos el resto de sus días.
Decidió volver a la novela, tras una seria reestructuración de sus potencialidades dándole al sentido del humor preponderancia. Fue así que nació su personaje Frank Bascombe, a partir de todo lo que había ido guardando como material o durante sus años de reportero. Publicó 'El periodista deportivo', con Bascombe como protagonista en su papel de plumilla del deporte. Aquí nació el escritor que hoy conocemos.

'En palabras sencillas'
Autor: Richard Ford
Editorial: Feltrinelli
Traducción: Damiá Alou
Páginas: 128
Precio:18,90 €
Fuente: La Opinión de Málaga
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