CRÍTICA
'Els erms', de Carlota Gurt: sequía existencial
La autora entrelaza las historias de dos personajes que intentan hallar sentido a una vida marcada por el desencanto en este libro, merecido Premi Anagrama

La escritora Carlota Gurt, autora de 'Els erms'. / Manu Mitru / MANU MITRU

"Es una parábola de relaciones humanas, vínculos, el pasado, dolores, coincidencias", reza Wikipedia sobre la película 'Magnolia' de Paul Thomas Anderson (1999). Pues bien, esta misma descripción se podría atribuir a 'Els erms', la segunda novela de Carlota Gurt (Barcelona, 1976), ganadora del Premi Anagrama de Novel·la. Y no es casualidad, puesto que en el libro mismo se menciona este excelente filme que muestra una serie de personajes a la deriva, supervivientes de un presente absurdo y atrapados en una red de relaciones insatisfactorias.
Como metáfora de esta presión existencial, Gurt toma un embalse, el de Sau, que soporta el peso de toneladas de agua. En el parador cercano se encuentran de casualidad Ramona, una cuarentona barcelonesa, ensayista y tertuliana, que busca refugio tras sentirse abandonada por Greta, su pareja inglesa, y Faust, un hombre obeso, pero especialmente seductor, al estilo de Philip Seymour Hoffman, que está cenando en el restaurante.
Si una es arácnida y seca, el otro es oblongo y afable; dos seres, en todo caso, arrastrados por el torrente de una vida que no les satisface lo más mínimo y que, a distancia, sienten curiosidad el uno por el otro. A partir de aquí, ambas historias discurren en paralelo y en tiempos diferentes, pero de alguna manera están imantadas por esa necesidad de romper con las cadenas sociales y mentales que les impiden ser quienes realmente quieren ser.
Trama bien construida
Novela con una trama bien construida, lo mejor es la narración misma, el flujo de las descripciones inspiradas, como las de la niebla que cubre imperturbable el pantano que Ramona no puede ver, metáfora de la espesura que enmaraña su cerebro. Faust, por su lado, arrastra sus kilos sudorosos por los estrechos pasillos de un AVE volviendo de Madrid, atormentado por la imagen de los miles de peces que murieron en el pantano cuando era niño, una escena que se repite de manera recurrente por culpa de la sequía. Su responsabilidad, como jefe de esta infraestructura de corte franquista, es tan pesada como las toneladas de agua que deben soportar sus paredes.
Gurt consigue dibujar con colores vivos todo un mundo realista poblado también por personajes secundarios muy verosímiles
A medida que el relato avanza en tercera persona, la personalidad de ambos personajes se va perfilando: vamos conociendo sus miedos y sus debilidades, pero también sus sueños y sus esperanzas. Como en una 'bildungsroman' clásica, asistimos a su evolución, que pasa por la liberación personal y el empoderamiento. Además, ambos relatos paralelos están polarizados por dos fechas clave: Navidad y la verbena de san Juan, momentos en los que la imposibilidad de encaje social de estos personajes 'anormales' se hace todavía más evidente.
Riqueza lingüística
Gurt borda una serie de metáforas encadenadas, despliega todo tipo de recursos retóricos, juega con el lenguaje. Onomatopeyas, transcripciones fonológicas del inglés, neologismos de todo tipo como 'menjucar', 'empantallar', 'christmasroastejar' y 'gingerbreaditzar', la introducción de conversaciones telegráficas por WhatsApp, todo ello con una gran riqueza, sin caer en el esteticismo de lentejuela léxica. En definitiva, consigue dibujar con colores vivos todo un mundo realista poblado también por personajes secundarios muy verosímiles, como el camarero Beto, que siempre se ríe de todo.
El humor de mala leche recorre las páginas del libro, que no ahorra críticas a la desaparición del catalán, a la "invasión" de los extranjeros en Catalunya, tanto residentes como turistas, a la imposibilidad de acceder a una vivienda, al desastre de Renfe, al cambio climático y la sequía. Cierto que ahora, con los pantanos casi al cien por cien, la descripción de la tierra resquebrajada del embalse de Sau parece un anacronismo, pero sabemos que la escena lunar se puede repetir perfectamente mañana, y peor. En 'Els erms' encontramos asimismo reflexiones, pero contenidas y bien trabadas, como por ejemplo sobre los no lugares como los trenes y la evasión buscada a través de la ficción literaria.
Gurt, conocida por su lengua viperina y que dio el salto de la traducción literaria del alemán a la literatura con los cuentos 'Cavalcarem tota la nit' (Premi Rodoreda 2019), no deja aquí títere con cabeza en lo que es, al fin y al cabo, un retrato lúcido y completo de la actualidad. Un galardón, el Premi Anagrama de Novel·la, realmente merecido.

Els erms
Carlota Gurt
Premi Anagrama de Novel·la
Anagrama
248 páginas
18.90 euros
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