Opinión | ES DECIR

Escritor
Recuperar a los clásicos o morir de abulia
Digna de elogio es la labor de esos editores pequeños que salvan del abandono obras literarias troncales

Prudenci Bertrana, autor del clásico ‘Josafat’ (1906). / EP
Si no fuera por el esfuerzo de editoriales pequeñas e independientes como Ela Geminada, Comanegra, Cap de Brot y Clandestina, buena parte de la obra de Rafael Tasis, Jaume Fuster, Maria Aurelia Capmany, Maurici Serrahima, Prudenci Bertrana, Manuel de Pedrolo, Julià de Jòdar y Maria Antònia Oliver, entre otros, desaparecería de la circulación para siempre. El abandono que de estos autores han hecho algunos editores que los habían publicado en su momento (cuando vendían), la desaparición de sellos o la absorción por parte de otros mayores a los que no les interesa su catálogo están mandando a la papelera de la historia (en este caso la metáfora es exacta) a clásicos de la modernidad literaria catalana del siglo XX, todos nombres fundamentales en el agobiante proceso de consolidación de una literatura homologable a la de cualquier otra cultura occidental.
En una época en que las grandes corporaciones se llenan los pulmones de responsabilidad social corporativa, parte del mundo editorial olvida a clásicos que, en su momento, le permitieron afianzarse como marcas de prestigio cultural e industrial. Si la cultura presume de ser sinónimo de comunidad, conocimiento, libertad, etcétera, en la edición en catalán hay quien ha borrado este paradigma de su algoritmo.
Es evidente que hoy en día 'Josafat' (1906), de Prudenci Bertrana, cuyo protagonista es el Quasimodo de la novela catalana, no es un best seller, pero no hay razón literaria para hacerlo desaparecer de la circulación. Por suerte la pequeña editorial Ela Geminada ha acudido al rescate reeditando la obra con todos los honores que merece.
Otro tanto sucede con las obras de uno de los padres del género negro y primer autor con mentalidad de profesional de la literatura en catalán, Jaume Fuster, que serán reeditadas por Crims.cat (Clandestina), y sus obras de género fantástico, puestas en circulación de nuevo por Rosa dels Vents (Penguin).
Caso aparte y digno de estudio es el de Manuel de Pedrolo. La obra de uno de los autores catalanes más vendidos de todos los tiempos, maestro de dos generaciones de escritores y creador de unas cuantas más de lectores, languidece esparcida en no sé cuántos sellos. Unos se han quedado con sus títulos más vendedores, otros recuperan obras troncales que han quedado descatalogadas y unos terceros publican obras menores del autor de 'Mecanoscrit del segon origen'. Pedrolo no está fuera de circulación, pero el caos editorial que envuelve su magmática producción lo está apartando del imaginario del lector actual.
Hay pequeños editores que, conscientes del papel histórico y fundamental de autores y obras en vías de extinción (el caso de la poesía es mucho más grave y generalizado), buscan la manera de devolverlos a la vida con líneas de ayuda institucionales y buscando la complicidad y el compromiso del joven lector. Es un trabajo digno de elogio. Solo falta que los autores jóvenes, que ahora tienen el favor del público y del mercado, reconozcan el magisterio de los que les precedieron, gracias a cuyo trabajo ímprobo ellos ahora se benefician de lectores, editores y ventas; porque con ensalzar a Mercè Rodoreda, que puede que sea la única clásica que algunos han leído, no basta.
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