Opinión | MIRADAS

Editor y experto en temas editoriales
Sobre la edición física
Un libro es el resultado de una larga cadena de decisiones que acaban afectando a los lectores

Un lector leyendo un libro. / Germán Caballero
Sabemos que un libro físico consta de varias partes que, sumadas, conforman el volumen final que los lectores podrán o no comprar. Pero no está de más un somero repaso de esas partes: tapa (dura o rústica, cartoné o con sobrecubierta), guarda, solapa, corte de las páginas, lomo (redondo o cuadrado), página de respeto (en blanco), portadilla, portada, cosido o fresado, ¿faja?... Podríamos decir que con ellas podemos crear un libro.
Lo que me intriga cada vez que tengo un libro de novedad en las manos es la decisión (¿del editor?, ¿de márketing? ¿del autor?) de cómo será. He tenido en mis manos libros de la misma colección con pocas páginas cosidos en pliegos de 18 o 32, y con muchas páginas fresados y encolados. Y ese detalle que puede parecer menor no lo es. Un libro cosido dura prácticamente un siglo. Uno fresado –y esa técnica ha avanzado mucho– puede deshojarse en poco tiempo o en mucho tiempo, pero finalmente se deconstruye y las hojas vuelan a sus anchas.
Un libro en tapa dura, con sobrecubierta, cosido en pliegos de 18 y con un buen papel –no pasta mecánica– es conceptualmente el libro perfecto. Claro que también necesita las letras adecuadas, un buen interlineado para facilitar la lectura y una caja acorde al tamaño del objeto. Ya hay editoriales –pocas, me parece– que practican ese método de edición en todos sus libros, ya sean en rústica con solapas, ya sean en cartoné, ya sean en tapa dura con sobrecubierta. Pero la mayoría, sea cual sea su tamaño en términos de mercado, simultanean todos los tipos de libro. Sin –y no es un secreto– un criterio apreciable para los lectores, que –¡qué remedio!– compran el libro tal como lo hallan en las mesas de las librerías.
La lógica de las decisiones
Estamos en un mercado libre y cada editorial puede hacer los libros como le plazca. Obviamente, ese supuesto es irrebatible. Pero no estoy tratando de rebatir nada, estoy tratando de entender la lógica de esas decisiones. Y no la encuentro. Entendería que determinados autores siempre se editaran de una misma forma, pero no es el caso. Entendería que determinadas colecciones siempre se publicaran con las mismas características objetuales. Entendería que los libros que sobrepasan determinado número de páginas se publicaran siempre de una determinada forma.
Si hacemos los libros con lógica, los beneficiados serán los lectores, que son los únicos destinatarios de nuestras decisiones, las acertadas y las que acabaremos lamentando
Entiendo la lógica de las decisiones. Y la entiendo dentro de una sola editorial. Una editorial que compone su catálogo de colecciones es una estrella en el universo editorial, por minúscula que sea. Y es un ejemplo del cosmos que es el sector globalmente. Pero si ni en una sola editorial se mantiene –salvo raras excepciones–, ¿cómo podemos ordenar un poco el sector en ese sentido? Quizá no debemos hacerlo y estoy elucubrando sobre un tema sin interés. Creo que no.
La lógica me lleva a intentar abrir este ¿debate? porque todo lo que aporte valor y claridad a los lectores me parece determinante. Ellos pagan el objeto. Lo disfrutan o lo padecen mientras lo leen. Y ya tenemos suficientes barreras como para no dar importancia a los ¿pequeños? detalles. Como lector, me molesta no leer a gusto. No poder sustentar cómodamente, en cualquier lugar, el libro. Eso me resta placer, me resta interés, me fastidia la lectura. ¿Solo a mí? No lo creo.
Pienso que, entre quienes lean esta nota, encontraré a muchos lectores que se identifican con mis preguntas y preocupaciones. Quizá desde el mismo momento que yo; quizá no eran conscientes de ello. Pero no me cabe duda de que, si hacemos los libros con lógica, los beneficiados serán los lectores, que son los únicos destinatarios de nuestras decisiones, las acertadas y las que acabaremos lamentando. Porque el libro en toda su amplitud es lo que importa. No lo olviden, editores: el libro final que sale de nuestras decisiones es lo que importa. No me quiero extender con ejemplos que ya sabemos. No es de eso de lo que van mis comentarios en esta columna horizontal.
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