Opinión | LAS PEQUEÑAS VIRTUDES

Escritora
Habitar los datos
En ‘Un metro cuadrado’, Llucia Ramis advierte de que la crisis de la vivienda es también una crisis semántica
Llucia Ramis: “Me flipa que la solución a la vivienda tenga que ser hipotecarte, heredar o irte a casa de tus padres”

La escritora Llucia Ramis, autora de 'Un metro cuadrado'. / Joan Puig
Entre 2015 y 2023, la compra de vivienda en España se encareció el 47% y el alquiler el 58%. Vivimos en uno de los países de Europa con menos alquiler social: apenas el 2,5%. Casi cuatro millones de casas en España están vacías. Dos de cada tres jóvenes de entre 18 y 34 años viven con sus padres. Entre 2008 y 2025, los grandes tenedores multiplicaron su patrimonio inmobiliario por más de cuatro, pasando de 138.000 a 626.000 inmuebles. El precio medio del alquiler en Barcelona ha subido cuatro veces más que los salarios en una década. En 2024, se produjeron 2,3 millones de mudanzas, 47.000 más que el año anterior, y el 5,6% más que en 2021. El artículo 47 del capítulo tercero de la Constitución Española reconoce el derecho de "todos los españoles a disfrutar de una vivienda digna y adecuada".
Leyes, datos, porcentajes. Así es como se define hoy el problema de la vivienda en nuestro país. Como ocurre en tantos ámbitos de nuestra vida contemporánea, nos aferramos a los números y las evidencias empíricas buscando orden en el caos general. Vomitar frases como estas ayuda, contextualiza, es útil; tanto como lo es para los inversores, los fondos buitre, los bancos: maestros todos de esotéricas sumas, restas y multiplicaciones, sacerdotes de un negocio cuya única verdad son esas mismas cifras y datos.
Lo advierte Llucia Ramis en su último libro, 'Un metro cuadrado' (Libros del Asteroide): la crisis de la vivienda es también una crisis semántica, que nos viene definida por un lenguaje secuestrado, asimilado pero no creado por quienes sufren las consecuencias. "El milagro español"; "la sociedad de propietarios"; "el 'boom' turístico"; "la cultura del pelotazo"; "la crisis del ladrillo". La autora nos descubre entonces otro recorrido, que no pasa por arras, fianzas, ofertas y cálculos del IBI, sino por preguntas, ideas y sensaciones que rompan con el hechizo de la deshumanización inmobiliaria, exponiendo cómo ha afectado a su vida, a nuestras vidas, que la vivienda haya pasado de ser un espacio donde guarecerse a un producto financiero.
Identidad
"¿Qué queda de nosotros en las ciudades, en los lugares, en las casas donde vivimos? Nos marcan, determinan nuestra vida, son más que paisaje. Lo son todo", afirma Ramis, que regresa a cada una de las casas que ha habitado, cuenta sus características, ubicación, el precio que pagaba entonces por el alquiler y el que cuesta ahora, también qué ocurrió allí, qué historias y relaciones se forjaron o se rompieron. En definitiva, intentará averiguar cómo estos espacios conforman quién es hoy.
Entre tanto, sin hacerlo explícitamente, el libro propone una reducción al absurdo de las generalidades habitacionales, donde incluso los desahucios se cuentan en la lengua de la estadística. Que una persona de 30 años pueda contar entre cinco y diez mudanzas a sus espaldas, que no pueda contestar dónde vivirá el año que viene, desestabiliza su perspectiva de futuro de manera rotunda, obliga a dejar atrás, en muchas ocasiones de manera forzada, lo que las estancias contienen de una misma.
Los datos son ilustrativos, pero lo que nos pertenece, por derecho y obligación, por suerte y desgracia, es la desposesión agónica de mirar Idealista y ver que la mayoría de pisos son para estancias temporales, volver al pueblo tras un despido o vivir con tu pareja después de dejarlo durante meses, incluso años, porque ninguno de los dos puede pagarse otro piso. Es el duelo de habitar los datos, un duelo sin fases terapéuticamente pautadas, pero duelo al fin y al cabo, porque como cantaban irónicamente Hazte Lapón, parodiando la matemática del dolor: "Cuatro mudanzas equivalen a la muerte de un familiar".
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