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Opinión | OPINIÓN

Álex Sàlmon

Álex Sàlmon

Periodista. Director del suplemento 'Abril' de Prensa Ibérica. Miembro del Comité Editorial de EL PERIÓDICO

Barcelona

Las lecturas de la escuela son la clave

El camino para los 'profes' siempre fue de ida y ahora también es de vuelta, deben interesarse por las lecturas de sus alumnos

Biblioteca de un centro escolar.

Biblioteca de un centro escolar. / Noe Parga

Agradezco mucho los comentarios de un largo listado de maestros que me enviaron reflexiones a raíz de mi artículo de la semana pasada sobre la literatura 'dark romance' y sus alumnos. En él incidía en la preocupación de los equipos docentes por las temáticas violentas de este tipo de narrativas y el mal que podían provocar en sus estudiantes. El debate existe, es profundo y va a más.

El camino para los 'profes' siempre fue de ida y ahora también es de vuelta. Me refiero a que siempre fueron ellos los que ofrecían las lecturas obligatorias en clase y los alumnos los que aceptaban sin más. En este caso, el camino es inverso. Son los maestros los que deben interesarse por las lecturas de sus chicos. Este también es un ejercicio interesante para que en el temario aparezcan títulos que, de entrada, sean apetecibles.

O no. Intentar convencer a un chaval de 15 años de que el 'Quijote' es una lectura entretenida, y más si es en un castellano del XVII, es una tarea ardua, por no decir imposible. Pero lo cierto es que existen infinidad de tramas que deberían interesar a los jóvenes estudiantes de Secundaria, con la intención de captarlos para la imaginativa causa literaria.

Cuando llegan a la universidad, las carencias son notables. Es deprimente observar que desconocen a autores fundamentales como Mercè Rodoreda, Eduardo Mendoza o Manuel Vázquez Montalbán y, como mucho, aciertan en mencionar a Manuel de Pedrolo con 'Mecanoscrito del segundo origen' o a Miquel Llor.

Es cierto que las lecturas de los niños de los años 70 y 80 eran algo sesudas. Pero Miguel Delibes, Camilo José Cela, Ignasi Agustí o clásicos como Quevedo o José Cadalso abrían las ventanas a la imaginación y de eso se trata siempre. Y del profesor, por supuesto. El maestro que te lleve a vivir intensamente la literatura.