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Opinión | LiterNatura

Esperando al lobo

Mario Trigo recoge todo lo que ha aprendido sobre esta especie en un ensayo en formato cómic

Mario Trigo, autor de 'La espera'.

Mario Trigo, autor de 'La espera'. / EP

Hay figuras que nos resultan fascinantes porque no podemos encasillarlas: el lobo es una de ellas. Muchos lo idolatran mientras otros lo rechazan con furia: algunos, cada vez más, lo utilizan como arma arrojadiza en este mundo polarizado, sobre todo entre el medio rural y el urbano, donde ciertas estrategias políticas avivan las pasiones más bajas. Es común que quienes viven en la ciudad defiendan su protección mientras que quienes habitan las zonas rurales prefieran su exterminio, pero la cuestión no es así de fácil: como casi todo, en el equilibrio está la virtud, y sobre eso tenemos grandes carencias en nuestras democracias hoy.

Ni todos los ecologistas de postal viven en la ciudad ni todos los ganaderos de la España olvidada odian a esta especie: los matices nos salvan y aparecen, precisamente, cuando nos paramos a reflexionar y ponemos la lupa sobre el núcleo del disturbio. El lobo tiene una historia fascinante en el imaginario colectivo y aún hoy sirve como caballo de Troya en el tablero político donde la extrema derecha hace su juego: contra la frustración, la muerte, y qué mejor muerte que la de quien no se defenderá ante una pistola en medio de un monte que casi nadie observa.

En 'La espera', un ensayo en formato de cómic sobre la situación y la historia del lobo ibérico publicado este mismo año por Garbuix Books, descubrimos sus condiciones y su historia a fondo. Con aristas, causas y consecuencias. Su autor lo hace todo: ilustra y narra lo que ha aprendido a través de una amplia investigación sobre esta especie pero también a partir de lo que su propia experiencia vital le ha enseñado. Mario Trigo teje un ensayo hermoso sobre la espera, tal y como titula el libro, porque no solo sale al monte para ver si la suerte hace que un ejemplar se muestre, sino que, mientras lo hace, su pareja está en casa, en Barcelona, a casi mil kilómetros, aguardando el nacimiento de su primer hijo.

Igualdad de caza y crianza

Así, este traductor nacido en Torrelavega en 1980 que durante siete años fue redactor jefe de 'Altaïr Magazine' nos cuenta que el lobo concibe a la manada como una familia, que, a diferencia del oso, defiende y cuida a sus lobeznos en igualdad de caza y crianza con la madre loba y que, muchas veces, cuando uno de los progenitores muere, la manada se desestructura, generando desastres en la búsqueda de alimento.

El lobo ha sido temido y venerado al mismo tiempo por diferentes culturas, y es en aquellas tierras en las que el abandono ha sido casi una política de Estado, donde más posibilidades hay de observarlo y disfrutar de la epifanía que sucede cuando el milagro de su aparición ocurre. Yo lo vi hace apenas unas semanas muy cerca de mi casa, en el monte por el que paseo cada amanecer. Era un ejemplar joven y poseía una presencia brillante como de luna creciente sobre un cielo opaco. No tuve miedo. Sentí que el tiempo se paró. Algo así como cuando el enamoramiento te atenaza y te pierdes en los ojos del otro. El lobo me brindó ese regalo un miércoles cualquiera por la mañana porque aquí donde casi nadie mira somos también dueños de tesoros que carecen de precio. Hasta que alguien se lo pone.

El autor lo explica a través de un entorno específico: Riaño, León, que fue anegado para construir una presa y dejó tras de sí un cúmulo de protestas e incluso suicidios. Un pueblo entero desapareció mientras nacía el movimiento ecologista en la España democrática. Sobre ese fracaso hoy se erige uno de los paisajes más bellos del noroeste, aunque también la desidia de la despoblación y el desarraigo. Igual que la visión sobre el lobo, no hay una respuesta única ni una solución clara y, por eso, tal vez, es tan importante tomarlo como referencia en tiempos quebradizos para la paz y el consenso.