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Opinión | OPINIÓN

Álex Sàlmon

Álex Sàlmon

Periodista. Director del suplemento 'Abril' de Prensa Ibérica. Miembro del Comité Editorial de EL PERIÓDICO

Barcelona

¿Qué hacemos con el 'dark romance' para jóvenes?

La duda es: ¿dejamos leer a los adolescentes historias para las que no están preparados, pero que los acercan a la literatura, o les ponemos veto?

Fotograma de la película 'Rebelión en las aulas'.

Fotograma de la película 'Rebelión en las aulas'. / EP

Inspirándome en Mark Thackeray, el ingeniero negro sin trabajo interpretado por Sidney Poitier en la película 'To Sir, with love', traducida en España como 'Rebelión en las aulas' (1967), recomendaba a mis hijos, poco lectores con 10 años, 'devoralibros' con 20, las novelas que se iban publicando en la colección 'La sonrisa vertical', ya desaparecida. El erotismo siempre fue una forma de seducir a los lectores jóvenes, y lo dice alguien que absorbió las 650 páginas de 'Sexus' de Henry Miller de la biblioteca de mi tía, gran lectora.

Hace pocos días, en una conversación profunda con una profesora de ESO sobre las costumbres lectoras de sus alumnos, acabó concluyendo que estaba muy preocupada sobre una tipología de libros que muchas de sus alumnas leían dentro del género 'dark romance', que no tiene nada que ver con el reconocido 'adult romance'. Mientras que este persigue el crecimiento personal del adolescente, el primero profundiza en las relaciones tóxicas, de sometimiento y violencia.

Como profesora de literatura estaba preocupada y comenzaba un trabajo de campo. Le expliqué el ejemplo de 'La sonrisa vertical' y su respuesta fue: "Ya me gustaría que leyeran eso". Y tenía razón. El listado de títulos de 'La sonrisa' desborda la calidad literaria. Georges Bataille, Marguerite Duras, Camilo José Cela, Almudena Grandes, Mercedes Abad, Mario Vargas Llosa, Eduardo Mendicutti o el Marqués de Sade, son algunos de los que formaron parte de esta colección que desapareció en 2014.

El erotismo dejó de interesar, o de ser leído. Ahora la duda de la maestra, y en general, es: ¿dejamos leer a los adolescentes historias para las que no están preparados, pero que los acercan a la literatura, o les ponemos veto? Las rutinas en las escuelas han cambiado, pero también en las familias. ¡Menudo debate!