CRÍTICA
'Tras mi rastro', de Gregor von Rezzori: pícaro y apátrida
Esta obra es un libro desordenado, que avanza a golpe de inspiración, centrado en el cogollo de Centroeuropa en la efervescencia prebélica, los horrores del nazismo y la posguerra

Gregor von Rezzori , autor de 'Tras mi rastro'. / EP

Sobrepasados los 80 años, Gregor von Rezzori (Chernivtsí, Ucrania, 1914-Donnini, Italia, 1998), autor de tantas falsas biografías (o de novelas de apariencia autobiográfica, publicadas sin temor a confundir a los lectores distraídos y a los críticos incautos), se lanzó a escribir la auténtica: 400 páginas centradas en el cogollo de Centroeuropa (Viena, Bucarest, Berlín) en la efervescencia prebélica, los horrores del nazismo y la posguerra. Apátrida, de clase alta sin sangre azul, distraído y resuelto, hedonista incansable, Rezzori escribió un libro desordenado, que avanza a golpe de inspiración, irresistible.
Por la coincidencia del periodo se podría caer en la tentación de comparar 'Tras mi rastro' con 'El mundo de ayer' de Stefan Zweig, gran error. Donde Zweig es solemne, Rezzori es ligero; donde Zweig se muestra ciego al dolor de los judíos desfavorecidos, Rezzori muestra compasión; cuando Zweig coquetea con el arte nazi, Rezzori se muere de asco. Todo lo pusilánime de la escritura de Zweig se vuelve arrojo en Rezzori. Donde Zweig escribe, por citar a Hermann Broch, para lectores que "buscan el brillo de la cultura sin el esfuerzo del pensamiento", Rezzori desplaza los brillos y la cultura para ofrecer ese esfuerzo, que es también, en su caso, una fiesta, un banquete sabrosísimo de inteligencia. ¡Que nadie se confunda!
Dos ideas articulan 'Tras mi rastro'. La primera es una de esas palabras alemanas largas como trenes de mercancías –trato de copiarla sin asegurar que no me deje alguna letra–: 'epochenverschleppung', nada menos. Se trata de la pervivencia en toda época, en todo presente, de vestigios de tiempos pasados, organizaciones sociales, disposiciones anímicas, vetas del gusto y tonos del humor, cuyas claves se han perdido para la mayoría… y que sobreviven en forma de fetiche o de ruina. La memoria, sobre todo la de los ancianos, contiene estas cápsulas de tiempo, tan oportunas para quien pretenda escribir su autobiografía.
Adaptarse y sobrevivir
La segunda idea pasa por la convicción de que "el acontecer acontece por encima de nosotros", que la historia nos arrastra sin que el individuo pueda hacer gran cosa más que adaptarse y sobrevivir. Esta idea suena poco revolucionaria en un contexto cultural, el español, dominado por la picaresca y cuyo héroe nacional es un hidalgo medio enloquecido por la nobleza de la caballería, que se pasa el día recibiendo palos por los retorcidos caminos de la realidad.
El contraste entre la deprimente atmósfera histórica y infatigable arrojo vital de Rezzori quizá sea el principal desafío para el lector
Pero suena realmente revolucionaria en un contexto, el alemán, donde su gran padrecito, Johann Wolfgang von Goethe, aseguraba sin despeinarse que el sentido de la vida de todo hombre pasa por grabar su destino con el escalpelo del espíritu sobre el mármol del tiempo. De nuevo: nada menos. Rezzori plantea su libro como un examen al carácter alemán, a sus excesos e insuficiencias, que recorre al detalle durante la Segunda Guerra Mundial y después en un veloz 'travelling' hasta la caída del Muro. Pero lo más interesante para el lector español es el ángulo de abordaje.
Durante páginas y páginas escritas acumulando frases breves y nerviosas (que reproducen el baile frenético de una época incapaz de detenerse), el narrador trata de ofrecer un retrato irónico de su propia vida, buscando desesperadamente un centro moral con el que equilibrar y distinguir las propias faltas de los crímenes más aborrecibles. El contraste entre la deprimente atmósfera histórica y infatigable arrojo vital de Rezzori quizá sea el principal desafío para el lector que se lance a seguirle los pasos.

Tras mi rastro
Gregor von Rezzori
Traducción de José Aníbal Campos
De Conatus
408 páginas. 23,90 euros
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