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Opinión | MANO DE PÁGINA

Antonio Puente

Antonio Puente

Escritor y crítico literario

De Gaudí y la Capadocia

Las Tres Bellezas, icónicas chimeneas de hadas, semejan ser la representación petrificada de la sagrada familia

Las Tres Bellezas, en Turquía.

Las Tres Bellezas, en Turquía. / EP

No exageraba ni una 'mica' Juan Goytisolo al fabular que el casi orgánico paisaje de la Capadocia (que significa "tierra de hermosos caballos"), en el corazón de Turquía, era obra del arquitecto modernista. En 'Aproximaciones a Gaudí en Capadocia', se lo imagina eremita y centenario, justamente (su edad de ahora), vivaqueando por su paisaje lunar, como el espejo encarnado, mágico y atemporal, en que proyectara sus propias creaciones.

Es curioso que solo unos meses después de que, en 1984, el parque Güell se erigiese en la primera de sus siete obras declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, ocurriera lo propio con la Capadocia, que merecería ser una de las nuevas maravillas del mundo, junto al Machu Picchu y el Taj Mahal. Antoni Gaudí –que no visitó Turquía– forjó un vínculo indisociable entre arquitectura, naturaleza y religión, y eso es justo lo que transpira el paisaje colorado de Göreme, en la neurálgica provincia de Nevşehir, a la vez movido y detenido, en una suerte de desierto animado.

En una misma jornada, uno puede elevarse a unos 850 metros de altitud, y, muy pocas horas después, descender 85 metros del subsuelo. El profesor Uğur Musa Mermer nos guía en esa ruta, esta primavera, desde el paseo en globo aerostático, al amanecer, a los pasadizos subterráneos de Kaymakli, como una moviola sobre un inquietante paisaje bíblico, del que no se supiera muy bien si se acaba de despoblar o está a punto de poblarse.

Es una de las ciudades secretas que, al tiempo de funcionar como refugio frente a las riadas y catástrofes, sirvieron, inicialmente, a los primeros cristianos en su huida de los romanos, construidas en las propias cuevas, con solo rodar sus rocosos muebles naturales, forjados de una peculiar toba, a la vez resistente y blanda, entre charcas kársticas y "chimeneas de hadas". Cuenta con ocho niveles, que, con solo mudar de sitio los ocres y rosados bloques de piedra, se distribuyen en almacenes de comida y vino, depósitos de agua, habitaciones y hasta una iglesia, oculta por estrechos accesos, como una secreta trastienda.

Luego, en algunos tramos exteriores de Göreme, hay cuevas que componen dúplex naturales, con pasadizos angostos, y que, aún hoy, permanecen habitadas; y los abundantes palomares del entorno, que producen el guano para fertilizar las plantas, potencian el embrujo de un paraje extrañamente detenido y vivo.

Dada la pluralidad de culturas (y civilizaciones, entre ellas hititas, frigios, asirios, persas, romanos, seleúcidas, romanos de Oriente y otomanos) que la han poblado, es lógico que la historia de la Capadocia esté cuajada de mil y una leyendas, explica Musa, a la vera de un rico café turco, sentados ahora en uno de los tumbados monolitos que hacen de banco en el desbordante Museo al Aire Libre. Está repleto de monasterios en el chasis, de ceniza petrificada, y frescos rupestres.

Muchas de esas leyendas son sobre mártires cristianos, que pagaron con su vida la resistencia a la persecución romana, como san Teodoro, que fue quemado vivo; el médico san Orestes, y el propio san Jorge, oriundo de esta región, representado allí con el dragón en una de las iglesias más concurridas. Pero también destaca la dedicada a santa Bárbara, la mártir egipcia que fue torturada y asesinada por su padre, al descubrir su fe cristiana. No obstante, la leyenda más famosa es la de Las Tres Bellezas, referida a las tres icónicas chimeneas de hadas que semejan ser la representación en piedra de los tres miembros de la sagrada familia…