HE VENIDO A HABLAR DE MI LIBRO
Antonio Maestre, periodista y escritor: "Las emociones engrasan el advenimiento del fascismo"
El autor escribe en el suplemento literario 'abril' sobre su libro 'Me crie como un fascista'

Antonio Maestre, autor del libro 'Me crie como un fascista'. / Esther Gigante
Es propio de este tiempo neoliberal romantizar todos los procesos laborales que provocan sufrimiento. No soy capaz de separar los procesos creativos de los laborales porque para mí son indivisibles, alejados del privilegio, sin poder prescindir de mi desarrollo laboral cotidiano y sin poder tomarme la escritura como algo más que un desempeño profesional accesorio.
En tiempos de premios millonarios para los creadores lo normal es picar letra quitando horas del ocio añadiendo sufrimiento a todo lo que implica rebuscar en tu propia vida para hurgar en las emociones y conseguir transmitir algo de verdad en un relato que tenga la precisión suficiente como para vincularte con las emociones de los lectores. No soy capaz de escribir sin la honestidad despojada de artificio, mostrando todo lo que habita dentro de mí y enseñar de manera transparente lo que me determina para que las tesis de mi trabajo sean contextualizadas por mi hábitus y así encontrar afinidades en quien lo lee.
En 'Me crie como un fascista' (Seix Barral, 2026) a ese posicionamiento de clase se une un proceso interno doloroso de depresión que fue provocado por la exposición pública asociada al objeto de estudio y otros derivados. Informar sobre la extrema derecha e intentar comprenderla generó una presión inasumible, pero a su vez propició que encontrara el camino de la escritura. Las emociones engrasan el advenimiento del fascismo. Ese era el planteamiento que tenía cuando proyectaba escribir este libro después de haber leído varios textos sobre cómo el odio, la incertidumbre y el resentimiento eran los motores de nuestro tiempo.
Derivada política
La pregunta que llegaba de manera irremisible tras plantear esa hipótesis era cómo escribir sobre las emociones que derivaban en la radicalización sin poder entrar dentro de ellas. No tenía acceso a un proceso ajeno tan íntimo, así que la única manera de ser mínimamente riguroso al propósito era escarbar en mi propia emoción para poder comprender la derivada política que se desprendía de esos sentimientos.
Comprender el desasosiego, la incertidumbre, la ira, el miedo y la violencia que abonan el aceleracionismo ultra solo me era posible hurgando en los momentos de mi vida en los que sentí esas emociones dándole un sentido político. El problema era encontrar en qué momento de mi vida podría escudriñar para encontrar paralelismos con el tiempo presente.
Lo hice en mi condición de hombre. En mi identidad adolescente, la de un chico de barrio de la periferia madrileña criado en los años 90 en los marcos de una educación patriarcal con unos mecanismo relacionales crueles y de escasa empatía. Todo el discurso fascista emocional está en la adolescencia de un chaval sin cultura política que se socializa entre amigos con violencia, humillación, burla o a través del abuso de poder con el que encuentra más vulnerable, que suele ser el amigo afeminado, débil o las chicas a las que molestar.
Maria Luisa Bemberg decía que un machista es un fascista y para encontrar la clave de nuestro tiempo no hay más que entender las dinámicas emocionales de socialización masculina que tienen todas las condiciones para que dándoles un sentido político a través de los discursos posfascistas adquieran la forma de la peste parda, porque como decía Theodor W. Adorno la propaganda fascista no tiene más que reproducir para sus propios propósitos la mentalidad existente.

Me crie como un fascista
Antonio Maestre
Seix Barral
240 páginas
19,90 euros
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