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OPINIÓN

Las medallas de oro en las ventas de Sant Jordi

No va con la sociedad catalana quemar o destruir libros. Alguien se equivocó de estrategia

Eduardo Mendoza conversa con un lector durante sus firmas en Sant Jordi.

Eduardo Mendoza conversa con un lector durante sus firmas en Sant Jordi. / Marta Pérez

Álex Sàlmon

Álex Sàlmon

Barcelona
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Lo de los libros más vendidos en Sant Jordi es una falacia a la que los periodistas nos apuntamos. Que el periodismo cultural acepte y juegue en esta clase de inventos tampoco es tan malo. La literatura ya es eso y, tal y como está el mundo de distópico, no es una locura pensarlo. Lo que es evidente es que los libros que se anuncian como los más vendidos han sido adquiridos por mucha, mucha gente. En el caso del último Sant Jordi, los números uno son dos autores que caen bien, tanto el más vendido en catalán como en castellano.

El caso de Regina Rodríguez Sirvent con su 'Crispetes de matinada' (La Campana), aunque haya pasado por momentos duros en su vida, emana una felicidad contagiosa, puede que recogida de nacer entre la Serra del Cadí y el Pirineu, y que traslada a su novela experiencias cercanas y divertidas. Llama la atención que los dos libros tengan el humor como característica genuina.

Tal vez ocurra que el humor haya llegado a la literatura mediterránea, no con cuentagotas, sino a borbotones. Así, 'La intriga del funeral inconveniente' (Seix Barral), de Eduardo Mendoza, es jocosa y delirante, como muchas de las novelas del barcelonés. Este autor cae bien de entrada. Lo demuestra el hecho de que, a pesar de que algunos indocumentados propusieron quemar sus libros por sus comentarios sobre las malas artes de Sant Jordi ante los dragones, los lectores han optado por comprar su novela en masa y convertirla en la más vendida en el Día del Libro. No va con la sociedad catalana quemar o destruir libros. Alguien se equivocó de estrategia.

A Rodríguez Sirvent y a Mendoza les colgamos de sus cuellos las medallas de oro de los más vendidos, y es para felicitarse reconocer que sus historias extraigan de nuestros rostros sobre todo sonrisas.