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REPORTAJE

El Lorca más íntimo y cotidiano en las cartas a su familia

El epistolario que componen las 228 cartas de ‘No te olvides de escribir’ arranca, más o menos, en 1910, cuando un Federico niño escribe sus primeras líneas, hasta 1947, ya en plena posguerra y con el poeta asesinado

Vicenta Lorca Romero, madre y maestra de Federico.

Vicenta Lorca Romero, madre y maestra de Federico. / EP

Javier García Recio

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El periodista Víctor Fernández, uno de los mayores expertos estudiosos de Federico García Lorca, ha recopilado todas las cartas que el poeta se mandaba con su familia mientras estaba fuera y les ha dado orden en un nuevo ensayo titulado ‘No te olvides de escribir. La familia García Lorca en sus cartas’. Es el resultado de una incesante búsqueda que ha durado años y que le han permitido al periodista localizar misivas que hasta ahora permanecían en el olvido e inéditas.

Para poder reunir estas 228 cartas que aparecen en el libro, su autor ha trabajado varios años consultando diversos fondos documentales, comenzando por los de la propia familia del poeta, también la colección del hispanista irlandés Ian Gibson o el archivo del profesor Christopher Maurer, de la Universidad de Boston. Todo ello ha permitido reunir esta correspondencia que ofrece una visión muy amplia del mundo familiar de Federico .

Las cartas, fechadas entre 1910 y poco antes de su asesinato, reflejan la dimensión más humana y prosaica de Lorca; en ellas se recogen preocupaciones diarias, las dificultades económicas o inquietudes profesionales, su recuerdo y cariño permanente de todos sus familiares. A la vez suponen un testimonio escrito del nacimiento y creación de un poeta; de su determinación por ser un poeta por encima de otras querencias de su familia, "un poeta puro, un artista exquisito".

Su madre, su gran apoyo

Las cartas reflejan también que fue su madre, Vicenta Lorca, una mujer culta, el gran apoyo e impulso que tuvo Federico para forjar su condición de poeta. Gracias a estar cartas se comprueba que ella fue el apoyo que necesitaba el poeta para la construcción de su universo literario. "Me parece bien que solo hayas tomado dos asignaturas y así no descuides tu Literatura que para mí tiene más importancia que todas las carreras o, mejor dicho, esa es la carrera por excelencia para mí y para ti", le escribe en octubre de 1920.

Además de ese apoyo a sus afanes poéticos las cartas son también las propias de una madre preocupada por el bienestar cotidiano del hijo ausente

Las cartas de doña Vicenta a Federico se inician en 1920 cuando el poeta comienza su estancia madrileña en la Residencia de Estudiantes. Además de ese apoyo a sus afanes poéticos las cartas son también las propias de una madre preocupada por el bienestar cotidiano del hijo ausente. Le apremiaba a tener cuidado con el dinero, a no gastar sin control; la madre también se interesa, y mucho, por empujar a su hijo a dar visibilidad a sus trabajos poéticos.

Y el hijo, afirmándose en sus convicciones literarias, le contesta: "Yo me siento cada día que pasa con más condiciones y más facultades de poeta, pero de poeta puro, de artista exquisito que es lo que se debe ser. Pero tengo una lucha enorme pues tengo a la escuela vieja y a la nueva y ahora llego yo, que soy de la escuela novísima haciendo mangas de capirote con ritmos y cosas manidas".

Tira y afloja constante

Con su padre, don Federico, hombre de campo, siempre había un tira y afloja constante, con recriminaciones por ambas partes. El padre siempre quiso que el esfuerzo de su hijo fuese para estudiar la carrera de Derecho. En una carta de diciembre de 1920 le dice: "Me hiere un poquitín esa actitud suya que yo califico de árabe, en broma, de vente enseguida o yo iré a por ti. ¡No seas así! Porque yo me voy gustosísimo y contento. ¿Te has creído querido papá que yo soy un hijo rebelde o que os quiere abandonar? No, lo que pasa es que estoy en un momento crítico de mi arte".

El padre siempre quiso que el esfuerzo de su hijo fuese para estudiar la carrera de Derecho

Es más determinante en otra carta, ya en 1921, en la que se pone serio para demostrarle al padre que su vocación poética es seria y determinante: "Yo sé perfectamente lo que tú piensas (¡desgraciadamente!) Pero yo te digo y te prometo solemnemente, por lo muchísimo que te quiero, que cuando un hombre se coloca en su camino ni lobos ni perros deben hacer que vuelva atrás y yo, afortunadamente para mí, tengo una lanza como la de Don Quijote. En mi camino estoy, papá. ¡No me hagas volver la vista atrás!".

Con ocasión de su primer libro ('Libro de poemas') expresa a sus padres la cantidad de "sufrimientos artísticos que se pasa, pues se enfrenta uno con su propia obra y cada verso se torna ola inmensa que le envuelve a uno". Cuando a mediados de julio de 1928 publica su 'Romancero gitano', el éxito casi le nubla. Escribe a sus padres: "el éxito del libro está siendo una cosa bárbara. Los ejemplares puestos a la venta se agotan y se puede decir que hacía muchísimos años que un libro no levantaba este gran entusiasmo. Aunque este libro no de millones, es un libro que cimienta mi prestigio de poeta y yo no soy más que eso".

El Lorca de Nueva York

Donde mejor se percibe la diferencia entre el Lorca familiar y el Lorca poeta es en las cartas enviadas desde Nueva York, donde el dramaturgo granadino vivió entre junio de 1929 y marzo de 1930 y escribió ‘Poeta en Nueva York’, obra cumbre de su trabajo literario. "New York me ha dado como un mazazo en la cabeza. El puerto y los rascacielos iluminados confundiéndose con las estrellas, las miles de luces y los ríos de autos te ofrecen un espectáculo único en la tierra. París Londres son dos pueblecitos si se comparan con esta Babilonia trepidante y enloquecedora".

Donde mejor se percibe la diferencia entre el Lorca familiar y el Lorca poeta es en las cartas enviadas desde Nueva York

Allí tuvo ocasión de presenciar la catástrofe de la bolsa y el crack económico consiguiente: "Este espectáculo me dio una visión nueva de esta civilización y lo encontré muy natural. Desde luego era una cosa tan emocionante como puede ser un naufragio, y con una ausencia total de cristianismo. Yo pensaba en toda esa gente expuestos a las terribles presiones y al refinamiento frío de los cálculos de dos o tres banqueros dueños del mundo".

Con la República, con la libertad literaria que permite, Federico va convirtiéndose en alguien realmente famoso, una auténtica estrella, el entusiasmo se desborda allá donde va. Lo comprueba al llegar a Buenos Aires. Le escribe a sus padres: "Yo estoy abrumado por la cantidad de agasajos atenciones que estoy recibiendo. Estoy un poco abrumado de tanto jaleo y tanta popularidad. Aquí, en esta enorme ciudad, tengo la fama de un torero".

Los éxitos se suceden. En octubre de 1935 cuenta a sus padres el éxito de Yerma en Barcelona de la mano de Margarita Xirgu. "No recuerdo entusiasmo igual ni en Buenos Aires". Dio una lectura de versos para todos los Ateneos Obreros de Cataluña, en el teatro, pero con toda la Rambla llena también de gente que oía por los altavoces dispuestos. "Fue una cosa emocionante, el recogimiento de los obreros, el entusiasmo, la buena fe y el cariño enorme que me demostraron, pero cuando leí el Romance de la Guardia Civil se puso en pie todo el teatro gritando ¡Viva el poeta del pueblo! Es el acto más hermoso que he tenido en mi vida".

El 14 de julio de 1936 Federico había llegado a Granada para celebrar con la familia su santo y el de su padre, el 18 de julio. Era también un acto de despedida pues poco después debía emprender viaje a México, donde la esperaba Margarita Xirgu con su compañía. Pero el golpe militar del 18 de julio lo cambió todo. El poeta fue detenido el 16 de agosto en casa de su amigo falangista Luis Rosales, donde se había refugiado. Fue trasladado al Gobierno Civil, y luego al pueblo de Víznar donde pasó su última noche en una cárcel improvisada, junto a otros detenidos. Federico García Lorca sería fusilado entre las 4.40 y las 5.00 horas de la madrugada del 18 de agosto, en el camino que va de Víznar Alfacar. Sus restos jamás se han recuperado.