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ENTREVISTA

Alma Guillermoprieto, escritora y periodista: "Latinoamérica tendrá siempre cargando en la espalda el peso del imperio"

En unos días llegará a las librerías españolas 'Esta improbable tierra prometida', el que será su último libro de reportajes y del que conversó con el suplemento 'abril' desde París

La escritora y periodista Alma Guillermoprieto.

La escritora y periodista Alma Guillermoprieto. / Samuel Sánchez

Inés Martín Rodrigo

Inés Martín Rodrigo

Madrid
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Alma Guillermoprieto (Ciudad de México, 1949) tuvo los mejores maestros, tanto en el baile, el oficio para el que estudió, su sueño frustrado, como en el periodismo, el oficio con el que abrazó, contándola, la realidad, al que ha entregado más de 40 años de su intensa vida. En esa lista de notables figuran Merce Cunningham, Twyla Tharp, Robert Gottlieb, John Bennett o Gabriel García Márquez. Pero también su madre, una mujer divertida, vital, gran lectora (gracias a una amiga de ella que las visitó cuando vivían en Nueva York en 1967 leyó, en una noche que no quería qu acabara, 'Cien años de soledad'), que respetó las decisiones de su hija, su libertad.

A través de sus crónicas, fruto de dos de sus cualidades más meritorias, el ser curiosa y terca, aunque siempre le hayan echado en cara la segunda, los lectores anglosajones descubrieron Latinoamérica, sus contrastes, sus conflictos, su dureza, la belleza de su geografía y de su gente, su vasta profundidad, la vieron, tal vez por primera vez, con los ojos del que observa con objetividad y rigor.

Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2018, sus textos, escritos en inglés, pues fue la lengua en la que se hizo escritora, iluminan las páginas de 'The New Yorker' y 'The New York Review of Books', entre otros medios. Algunas de esas historias las ha recopilado en 'Esta improbable tierra prometida. Historias de América Latina en este siglo' (Debate), el que dice será su último libro de reportajes y del que conversó con el suplemento literario 'abril' desde París unos días antes de que la obra llegue a las librerías españolas.

Yo siempre he defendido que cierto periodismo es un género literario. No sé si está de acuerdo.

No es literario en la medida en que se tiene que ajustar rigurosamente a los hechos comprobables, pero sí usa los recursos de la literatura, y no necesariamente se comparten con la reportería del diario. Yo diría que estamos, no a medio camino, sino en un lugar diferente, privilegiado, con la posibilidad de ejercer la imaginación literaria.

La última vez que hablamos, hace casi 8 años, me dijo que el momento era peligrosísimo. ¿En qué momento estamos ahora?

Trump fue reelegido y se sintió con autoridad para hacer todas las barbaridades que ha hecho en el mundo, poniendo en peligro el mundo entero, haciendo daños que ya se resienten. En 2018 no nos imaginábamos la destrucción de Gaza, la voluntad asesina de este señor, y tampoco el advenimiento de la inteligencia artificial a esta velocidad. Estamos entrando en un mundo que pertenecía a la ciencia ficción en el cual es sumamente difícil distinguir entre la realidad y la invención de lo que nos presentan en las noticias. El mundo está absolutamente dividido en cualquier país, hay una división tan fuerte y tan rabiosa de las opiniones que no es que estemos en un momento de peligro, estamos ya en un momento de destrucción.

Y de una incertidumbre que depende de las decisiones de personajes como Trump o Netanyahu.

Sí, que toman decisiones que no corresponden ni al sentimiento democrático ni al sentimiento del bien mayor. Yo pienso mucho en los jóvenes ahora, qué se sentirá ser joven y no tener claro que hay un futuro, eso es muy duro.

El mundo está absolutamente dividido en cualquier país, hay una división tan fuerte y tan rabiosa de las opiniones que estamos ya en un momento de destrucción

En una de las crónicas del libro dice que "Trump tiene la profunda convicción de que todo lo que desea –Groenlandia, el premio Nobel, una mujer– le pertenece". Me pregunto si entre esos deseos también está EEUU, y lo hago pensando en las futuras elecciones presidenciales, que se celebrarán en tres años.

Mucho depende de lo que pase ahora en noviembre. Él tiene muy claro que si en noviembre pierde el Senado y el Congreso lo van a enjuiciar, y ahí se acaba su poder infinito. Si conserva el Senado, que es mucho más difícil que lo pierda, y si conserva por alguna razón el Congreso, lo que viene sí va a ser muy duro. Ahí la megalomanía de Trump, que ya está desatada, no va a tener límites.

Díaz Canel ha dicho que si EEUU no acepta negociar en los términos cubanos no hay negociación. Usted, que tiene una especial relación con Cuba, escribió un libro precioso sobre el país, ¿qué piensa del momento que están viviendo los cubanos?, ¿hay futuro para ellos?

Bueno, futuro siempre hay, qué clase de futuro les espera es la gran incógnita. Yo pienso: un huracán más y de La Habana no queda nada. Por otro lado, los cubanos ya no tienen nada que perder. Me causa un dolor espantoso pensar en esa gente tan bonita, con esa voluntad de vivir alegremente tan fuerte, y qué pensarán ellos sobre todo. Yo creo que Canel no tiene con qué apostar.

¿Y Delcy Rodríguez sí tenía con qué apostar en Venezuela?

Fue todo tan obsceno… No sé si Delcy Rodríguez tenga cartas tampoco. Yo creo que esta nueva modalidad, que se hizo realidad gracias a la megalomanía de Trump, de que EEUU puede entrar y quitar a Pedro Sánchez si le da la gana en un operativo relámpago es alucinante. Obviamente no va a suceder en España, porque España tiene Europa y tiene ejército y tiene la OTAN, pero en Venezuela Delcy Rodríguez sirve y está en donde está por voluntad de Trump. ¿Qué va a pasar después de noviembre? Ella también ha de estar haciendo ese cálculo muy cuidadosamente.

En ese sentido, ¿qué supuso el pasado 3 de enero para Latinoamérica?, ¿qué cambió ese día?

Cambiaron los límites de la autonomía de la manera más drástica e imprevisible. De un segundo para otro fue claro que los países de este hemisferio tendrán siempre cargando en la espalda el peso del imperio, que ha querido volver a ser imperio.

Alma Guillermoprieto, al recibir en 2018 el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades.

Alma Guillermoprieto, al recibir en 2018 el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. / José Luis Cereijido

El periodismo es, según sus palabras, "un oficio al que solo se entra con grandes sueños e ilusiones: ver el mundo, cambiar la historia, ser heroicos". En más de cuatro décadas de oficio, ¿pudo cumplir todos sus sueños, sus ilusiones?

En el sentido de si se cumplió el sueño de la democracia y la igualdad que yo tenía para América Latina, pues evidentemente que no. Como periodista, ¿si se han cumplido mis sueños? Yo nunca tuve muchos sueños, yo tuve ganas de ejercer mi oficio y, en ese sentido, pues he sido una absoluta privilegiada, porque he escrito donde yo quería escribir, he sido evitada como yo sí soñaba ser evitada y he podido trabajar todos los días de mi vida en algo que me apasiona, sí.

Siempre dice que los periodistas hacemos falta. Pero cada vez se nos considera más prescindibles.

Hacemos falta para para escribir el diario del mundo. En estos momentos en que la fantasía de la realidad que nos presenta la inteligencia artificial empieza a campear, van a ser muchos más los que nos quieran y nos necesiten, porque finalmente se necesita tomar decisiones basadas en la realidad. Trump es la viva demostración del peligro de no tomar las decisiones basadas en la realidad. Posiblemente sea una ilusión voluntariosa mía, pero creo que conforme avanza la inteligencia artificial, nosotros hacemos más falta que nunca. Que eso se reconozca o no, no sé.

Si en noviembre conserva el Senado y el Congreso, la megalomanía de Trump, que ya está desatada, no va a tener límites

Antes ha hablado de los jóvenes. Hace unos años intentaba disuadirlos cuando le decían que querían ser periodistas, luego cambió de opinión y los animaba. ¿Y ahora?

Me da pesar ver que los jóvenes entran tan apasionadamente al periodismo y, en cuanto quieren tener familia e hijos, pues realmente es muy difícil hacer eso con lo que se gana en el periodismo. Y por otro lado en mi región del mundo, por ejemplo, y en Medio Oriente, por ejemplo, nos matan. Y es muy difícil decirle a alguien: ve a las trincheras.

Esta misma mañana han asesinado en Líbano a otra periodista.

Ah, no me digas.

Y todo resulta impune.

Claro, eso es lo más grave de todo, porque todavía en una situación de guerra uno dice, bueno, ahí todo el mundo está arriesgando. Pero esta especie de cacería que se hacen de nuestros colegas realmente es… ¿Cómo recomendarle a un joven que se exponga a eso si realmente hace su oficio con rectitud y honestidad? No sé… Yo lo único que puedo decir es que el periodismo sigue siendo el oficio más apasionante del mundo.

Ese periodismo, el que defiende, no es un periodismo de denuncia, sino un periodismo que levanta la voz contra las injusticias. ¿Cuáles son las injusticias más dolorosas contra las que ahora ha de levantar la voz el periodismo?

Contra el genocidio, contra la violencia impune, contra las discriminaciones raciales que llegan a ser prácticamente de apartheid y contra el colapso del sistema educativo que está creando generaciones de cuasi analfabetos en un momento en que se necesita más lucidez que nunca.

En el libro intenta responder a la gran pregunta: ¿cómo cambiamos nuestro futuro para que no se parezca tanto a nuestro pasado?

Imagino que aún no tiene la respuesta.

Y aunque la tuviera serviría de muy poco, porque quienes tienen el poder en la vida se han enterado de quién soy yo o quiénes son mis colegas. Yo sé que el camino está por la vía de la educación, lo que pasa es que para cambiar la educación hay que cambiar todo un sistema político, que los estados realmente piensen que su prioridad número uno es la educación. Eso yo lo veo quizás imposible y me preocupa. Pero no veo otra manera de que dejemos de seguir rodando siempre sobre la misma rueda cansada y eterna de la violencia, la suspicacia y la división.

La causa de la violencia hoy día [en Latinoamérica] es una sola, y es culpa de EEUU, y es el narcotráfico y la famosa guerra contra el narcotráfico

Ahora que menciona la violencia, ¿por qué parece que Latinoamérica está condenada al conflicto, a la violencia?

Yo no creo que esté condenada a la violencia. Yo creo que las guerras que siguieron a la independencia no lograron crear instituciones firmes, más bien devastaron las economías y la juventud de todos nuestros países. La causa de la violencia hoy día es una sola, y es culpa de EEUU, y es el narcotráfico y la famosa guerra contra el narcotráfico. Llevamos un millón y medio de muertos o más en esta lucha absurda, sin fin, inútil que no tiene para cuándo acabar. No estamos condenados a la violencia. Tenemos una condición causante de una violencia infinita, y esa es la guerra contra las drogas.

A usted le tocó vivir y contar momentos muy duros, de pérdidas de colegas, de amigos. ¿El duelo compartido une más?

El duelo compartido hace posible que las heridas cicatricen, pero cierren, por lo menos. Lo que pasa es que cada uno de esos asesinatos y esas pérdidas genera más rencor, más división y potencial para mayor violencia. Hay estudios muy interesantes de jóvenes pandilleros que muestran que todos esos jóvenes pandilleros a su vez son víctimas de estrés postraumático porque han perdido a sus hermanos o a sus papás, o viven ellos con el terror de un futuro asesinato casi inevitable. No sé, de pronto estamos viviendo todos en un estado de estrés postraumático.

Echando la vista atrás, ¿qué herencia quedó del espíritu revolucionario del que usted participó?

Creo que muy poco. Habría que preguntarles a los colegas salvadoreños, nicaragüenses, cubanos. cuál es la herencia que quedó de todo aquello. Pero, desde mi perspectiva un poco más alejada, yo creo que no ha quedado nada. Siempre me pregunto por qué en Latinoamérica nos dio tanto por el amor a la violencia y no a la no violencia, por qué la no violencia nos resultó indiferente, qué se necesita para que adoptemos eso como una opción posible… No sé, pero la opción de la violencia no llegó a una buena conclusión.

Hay un libro suyo que me encanta, 'La Habana en un espejo', y es curioso, creo que es el único en el que habla de su vida personal. ¿Fue liberador escribirlo?

A la hora de escribirlo, aprendí a cuestionar muchas cosas que yo había dada por hecho y me vi a mí misma con otra luz. Uno se arma su propia novela y de repente escribes algo en primera persona y te das cuenta de que tal vez la novela es otra. Pero en todo caso somos novelas andantes, porque somos lo que nosotros nos imaginamos que somos y lo que en realidad podemos lograr y en ese contraste vivimos.

Alguna vez ha reconocido que la terquedad es uno de sus grandes méritos. ¿Qué ha conseguido, como escritora, gracias a ella?

Toda la vida me han echado en cara que soy terca [ríe]. Es cierto, es cierto, y eso hace que yo como persona sea una persona muy difícil. Pero, obviamente, para perseguir un oficio pues toca ser terco. No llegas a 40 años o más haciendo la misma cosa sin terquedad. Y yo siempre les digo a los jóvenes colegas que busquen y que cultiven y que no pierdan la curiosidad. Pero también, gracias por la pregunta, yo diría que hay que cultivar la terquedad.

Hay un pleito por los recursos a muerte en muchos lugares, y creo que no va a parar en el inmediato futuro, es realmente idiota pensar que se puede controlar con un muro o con documentos

Terquedad y curiosidad. Yo creo que es un buen combo.

Es una buena receta, ¿no? Para cualquier cosa.

Sí, para una relación amorosa, para escribir una novela.

Para ser mujer.

También, sobre todo para ser mujer [risas]. Dice que la crisis del medio ambiente es una crisis política. ¿También la migración?

La migración es una crisis del medio ambiente, en gran medida. Por lo menos, las olas de migración que se dieron desde el sur de México, el Perú, todo Centroamérica, las olas de migración iniciales, todas fueron de campesinos que ya no podían cultivar la tierra. Me parece que esa migración en África debe tener muchas de las mismas fuentes. Esa crisis del medioambiente también lleva violencia. Hay un pleito por los recursos a muerte en muchos lugares, y creo que no va a parar en el inmediato futuro, es realmente idiota pensar que se puede controlar con un muro o con documentos. Y me pregunto si los estados tendrán la flexibilidad y la inteligencia suficiente para entender las causas, para entender que es inevitable la migración y para pensar en maneras de hacer que esa migración se asimile de la manera más productiva posible y amable posible. Todo cambio conlleva estrés y fricción. Yo no pretendo que la migración sea una dulce aventura, es una fricción terrible y causa de estrés y estrés postraumático para los migrantes y para los que reciben. Se trata de reconocer esa fricción y encontrar soluciones creativas que no vayan en contra de la realidad y reconozcan que todos somos seres humanos.

Y que, por casualidad, unos nacimos en un lugar y otros en otro.

Sí, por pura casualidad, pero unos nacimos en lugares donde los otros se beneficiaron de explotarnos inmisericordemente también, y no es un discurso lópezobradorista, es simplemente decir que los migrantes que están llegando en parte llegan por una herencia de los sistemas coloniales del siglo antepasado.

Por cierto, ¿qué le parece Claudia Sheinbaum?

Yo le deseo de corazón toda la suerte del mundo porque le tocó la rifa del tigre. Y me parece que, sobre todo en estos momentos de política exterior, su presencia es digna.

Para acabar, en el libro explica que como reportera viaja siempre sola para mantenerse “tan expuesta como sea posible a la realidad circundante. Con más de cuatro décadas de oficio a sus espaldas y dispuesta a entregarle el testigo a reporteros más jóvenes, ¿considera que esa soledad le ha pesado en algún momento?

Siempre ha sido difícil, por supuesto, pero si no fuera difícil no tendría ningún mérito, si no fuera difícil no tendría yo por qué escoger, pero lo escojo porque es lo que me parece a mí lo más honesto y funcional para mí.

Esta improbable tierra prometida. Historias de América Latina en este siglo

Alma Guillermoprieto

Traducción de Laura Emilia Pachecho Romo

Debate

272 páginas. 21,90 euros

A la venta el 7 de mayo