Opinión | BREVES INFINITOS

Escritora
A la sombra de la Torre Eiffel
En 'Así viví 1900', Pauline de Pange logra un equilibrio natural y muy ágil al dejar que su vida sea el hilo conductor a través del retrato de la sociedad en sus años de infancia

Pauline de Pange, autora de 'Así viví 1900'. / EP
"Nací en febrero de 1888, mientras se excavaban en el Champ-de-Mars los cimientos de un edificio que, aun siendo poco estético, era el símbolo de los nuevos tiempos. Tengo la misma edad de la Torre Eiffel", comienza su relato Pauline de Pange (París, 1888-1972), en 'Así viví 1900', publicado por Errata Naturae. Nacida en el seno de una de las familias más aristocráticas de Francia, tras obtener su doctorado en Letras, siguió la línea de historiadora, traductora y escritora, áreas en las que habían destacado algunos de sus antepasados, como su abuela –historiadora relevante de la época– y su tatarabuela Madame de Staël, filósofa, escritora, reconocida agitadora cultural.
En 'Así viví 1900', la autora logra un equilibrio natural y muy ágil al dejar que su vida sea el hilo conductor a través del retrato de la sociedad (mayormente aristocrática) en sus años de infancia. Lejos de resultar aburrido por lo descriptivo o vaporosamente personal, con una prosa muy amena, nos conduce por las calles, las mansiones, los jardines y los salones del periodo en que los caballos empiezan a ser reemplazados por motores y nacen, casi a la vez, la 'belle époque', el diseño del 'art nouveau', el cine, el teléfono, los aviones y el escándalo por el juicio de Dreyfus.
"No hay ni coches ni tranvías, y mucho menos autobuses (palabra que aún no existe); por la mañana ni siquiera se ven carruajes elegantes, solo algunos simones cuyas ruedas todavía no son de goma", comenta. En 1894 aparece uno de los primeros ciclomotores haciendo pruebas en el Bois de Boulogne, comienzan a verse los triciclos de formas híbridas, a veces montan un "velocípedo", antepasado de la bicicleta, y en un viaje en tren de cuatro horas es preciso contar con un espantoso orinal. "La ausencia de caballos delante del conductor me parecía inconcebible", confiesa. Poco a poco, la ciudad empieza a salpicarse de algunos cupés eléctricos o 'breaks' con capotas, así como unos años después el hermano de la autora se vuelca a experimentar con los primeros rayos X en su laboratorio doméstico.
Los ojos de una niña
Como no estaba bien visto que las damas de alcurnia ingresaran en las tiendas, los proveedores de telas y vajilla llevaban sus colecciones a las casas, y dos o tres veces al año los visitaba un zapatero que llegaba de Londres. Mientras recoge estos datos, los ojos de la niña no pasan por alto cuánto se aburre su madre y cómo trata con indiferencia a la abuela que vive en la misma residencia palaciega.
Lo habitual para las familias de abolengo en París era tener una villa en Dieppe, Normandía, mientras que los otros viajes por placer se consideraban pecaminosos, por tanto: "La menor escapada se preparaba como si fuera una expedición polar […]. Parte del equipaje se enviaba con ocho días de antelación […]. Un furgón no siempre era suficiente si tenemos en cuenta que cada sirviente (al menos quince) partía con su baúl y que solo mi madre llevaba trece", cuenta de sus vacaciones anuales De Pange. En simultáneo, la casa de París se desmontaba por completo: una tropa de tapiceros quitaba cortinas, levantaba alfombras, cubría los muebles.
En la costa, los niños no podían descalzarse ni correr o sentarse sobre los guijarros; los únicos trajes de baño que existían, para hombres y mujeres, cubrían el cuerpo entero. Tenían tal convicción de que el aire de mar era perjudicial que se alquilaba un jardín donde los niños pudieran pasar las tardes.
La moral de época contemplaba que se prohibiera hablar temas banales en la mesa y que los críos atravesaran la casa acompañados por un adulto. Una moral según la cual: "Podremos estar seguros de no equivocarnos si, al vacilar entre dos alternativas, elegimos la que más nos desagrada". Ante semejante instrucción de vida, de por sí maravilla que la autora, formada entre esos mandatos, hubiera tenido la libertad de seguir una carrera propia.
'Así viví 1900' resulta, en conjunto, un retrato de época sumamente pintoresco, sin caer en lo monótono del relato historicista ni en la crónica irrelevante de la vida personal, sino una justa conjugación de ambos aspectos.
- La cantante Bonnie Tyler, en coma inducido tras someterse a una operación de urgencia en Portugal
- Eric Clapton, un arte de la guitarra sereno, magnético y sin efectismos en el Palau Sant Jordi, 22 años después
- Emma Vilarasau, actriz: 'Barcelona está consiguiendo el sueño de cualquier ciudad: tener público de los 18 a los 80 años
- Carles Porta busca a los padres de tres niños abandonados en Barcelona en 1984: 'Fue una montaña rusa
- El Último de la Fila y la enigmática guitarrista Sara García
- La People in Red Barcelona convierte el MNAC en una gran alfombra roja solidaria con Maribel Verdú, Serrat y Carla Simón
- El Último de la Fila desvela a quién iba dirigida la frase '¿Dónde estabas entonces cuando tanto te necesité?': 'No es una chica ni un amigo
- Olivia Rodrigo, un talento despampanante para anotar el primer gol del Clásico en el Grec, 'el escenario más bonito del mundo