CRÍTICA
'Al encuentro del hombre', de James Baldwin: descenso a los infiernos
Este libro contiene ocho formidables cuentos del autor estadounidense publicados en los sesenta, en pleno auge de la lucha por los derechos civiles en EEUU

James Baldwin, visto por el ilustrador Pablo García. / Pablo García

'Al encuentro del hombre', de James Baldwin, incluye ocho relatos, que exploran las zonas más turbias del alma, allí donde el deseo, el miedo, la humillación y la violencia se entrelazan hasta volverse indistinguibles. No es casual que el autor afroamericano más influyente del pasado siglo eligiera el formato breve para este descenso a los infiernos. El cuento, por su propia naturaleza económica, rehuye digresiones y alivios; cada historia de esta colección publicada por primera vez en 1965, en pleno auge de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, avanza empujada por una urgencia moral que no admite pausa. Y en ese movimiento vertiginoso, los personajes –hombres y mujeres en su mayoría negros, aunque no exclusivamente– se revelan en toda su fragilidad, atrapados en estructuras sociales que los exceden y que, sin embargo, terminan interiorizando.
La historia que da título a la colección es el retrato más perturbador que he leído sobre la brutalidad racial y la psicología del racismo sureño, y no cuesta nada reconocer en 'El blues de Sonny' una obra maestra de la exploración del dolor, la música y la redención fraterna. Baldwin, que jamás escribió sobre la desesperación en términos abstractos, sino como fruto de experiencias concretas, sugiere que, en ciertos contextos, sobrevivir ya es una forma de victoria. En "Al encuentro del hombre" se adentra en la mente de un policía blanco sureño, enfrentando al lector con una perspectiva incómoda, casi insoportable, donde esa desesperación, en vez de personificarse en el oprimido, adopta la forma del opresor atrapado en su propia violencia, incapaz de reconocerse fuera de ella. Sin justificarla ni tampoco simplificarla. La mirada de Baldwin es implacable precisamente porque se niega a convertir a sus personajes en caricaturas morales. Aunque el eje central es el racismo, también aborda cuestiones de género, sexualidad y pertenencia con una complejidad poco habitual en los años en que fue escrito. Al igual que sucede en el resto de la obra del autor, los personajes de estos relatos son seres contradictorios, llenos de aristas. Aman y odian, desean y temen, buscan conexión y la rehúyen. En esa ambivalencia reside buena parte de su verdad.
La tensión se reproduce constantemente entre lo individual y lo colectivo. Cada historia es, en apariencia, el retrato de una vida particular, pero pronto se convierte en el síntoma de una enfermedad más amplia. Baldwin entiende que las biografías están atravesadas por la historia, y que las decisiones personales no pueden desligarse de las condiciones que las hacen posibles. De ahí que sus personajes, incluso en los momentos más íntimos, parezcan dialogar con una realidad que los desborda. El estilo contribuye decisivamente a esta sensación; la prosa es, al mismo tiempo, sobria y cargada de una intensidad emocional como pocas veces se ha visto en la literatura. En James Baldwin recuerda a la tradición oral y, en particular, al blues de los caminos polvorientos por debajo de la línea Mason-Dixon. Las frases fluyen con una musicalidad contenida, como si cada palabra se midiera no solo por su significado, sino por su resonancia. Esta cualidad rítmica refuerza el impacto de los relatos ya de por sí conmovedores.
Muchas de las tensiones que atraviesan estos ocho cuentos siguen vigentes, lo que convierte al libro en algo más que un testimonio de su tiempo. "Al encuentro del hombre", en su conjunto, además de reflejar una realidad, la interroga y descompone exponiéndola en toda su crudeza. Al hacerlo, obliga a preguntarse hasta qué punto ha avanzado la sociedad en la resolución de los conflictos que plantea. Obviamente no pretende ser un libro cómodo: la obra de Baldwin está concebida para inquietar, sacudir conciencias y forzar a los lectores a mirar allí donde preferirían no hacerlo, en las zonas más oscuras de la condición humana. Esa incomodidad latente supuso un gesto ético que siempre acompañó al gran escritor afroamericano que se describía a sí mismo como "negro, feo y pobre".

Al encuentro del hombre
James Baldwin
Traducción de Andrés Catalán
Sexto Piso, 240 páginas, 20,90 euros
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