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CRÍTICA DE POESÍA

‘La llama ebria’: empuje y prestigio

Esta antología poética, coordinada y prologada por Lurdes Martínez, es un tributo atractivo, completo y necesario a las mujeres en el surrealismo

Lurdes Martínez, coordinadora de la antología de poetas surrealistas 'La llama ebria'.

Lurdes Martínez, coordinadora de la antología de poetas surrealistas 'La llama ebria'. / EP

Juan Carlos Abril

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El descubrimiento del inconsciente por parte de Sigmund Freud supuso un giro copernicano que abrió campos de conocimiento apenas explorados hasta entonces. Fruto de estas investigaciones, en octubre de 1924 apareció el 'Manifiesto surrealista', después conocido como 'Primer manifiesto surrealista', y en diciembre de 1929, el 'Segundo manifiesto surrealista', apadrinados y firmados por André Breton.

Este movimiento se concebía a sí mismo como "un medio de liberación total […] un grito del espíritu que se vuelve hacia sí mismo decidido a pulverizar desesperadamente sus trabas […] dispuestos a emplear, en caso necesario, cualquier medio de acción […] pues la Revuelta es nuestra especialidad" (21). Por tanto, el surrealismo fue mucho más que una manera de hacer poesía y abarcó todas las artes, una filosofía, una moral y una manera de mirar el mundo.

También por ascendencia directa de los estudios freudianos, más tarde jungianos y por supuesto lacanianos, se ha mantenido como la vanguardia más duradera y con más vigencia. Su influencia se sigue percibiendo en diferentes artes. Desde su "automatismo psíquico puro", habría que contextualizar su viraje político, identificado con un comunismo redentor y liberador del ser humano en su alienación y opresión, tanto en lo individual como en lo colectivo. Así, la primera revista que sirvió de órgano al grupo se llamó 'La revolución surrealista' (1924-1929) y luego 'El surrealismo al servicio de la Revolución' (1930-1933).

Autoras desconocidas

'La llama ebria (Antología de mujeres poetas del surrealismo)', coordinado y prologado por Lurdes Martínez y traducido por Eugenio Castro y Jesús García Rodríguez, muestra 19 poetas surrealistas de diversos idiomas –francés, inglés, alemán, checo, portugués, sueco y español– y nacionalidades, y que en lengua española apenas se conocían antes, a excepción de las autoras argentinas. A saber: Valentine Penrose, Gisèle Prassinos, Alice Rahon, Irène Hamoir, Ithell Colquhoun, Claude Cahun, Mary Low, Laurence Iché, Joyce Mansour, Unica Zürn, Isabel Meyrelles, Marianne van Hirtum, Annie Le Brun, Penelope Rosemont, Alena Nádvorníková, Carmen Bruna, Silvia Guiard, Aase Berg y Beatriz Hausner. De las antologadas, viven la portuguesa Meyrelles (1929), la estadounidense Rosemont (1942), la argentina Guiard (1957), la sueca Berg (1967) y la chilenocanadiense Hausner (1958), que escribe en inglés.

El libro toma su título de un fragmento de una célebre pieza del Nobel mexicano Octavio Paz, tan afín al surrealismo, de su poemario 'Árbol adentro', en un homenaje doble ya que, según apostilló Breton, México era el país surrealista por antonomasia: "El surrealismo ha sido la llama ebria que guía los pasos del sonámbulo que camina de puntillas sobre el filo de sombra que traza la hoja de la guillotina en el cuello de los ajusticiados" (del poema 'Esto y esto y esto', de Paz).

Este florilegio subraya la importancia de las mujeres en el surrealismo: "En contra de lo que comúnmente se acepta, el primer círculo de los surrealistas franceses no estaba formado únicamente por hombres. Unas 30 mujeres participaron en la vida colectiva del momento y un grupo reducido de ellas se identificó plenamente con el surrealismo" (23), afirma Martínez, que destaca a cada una de las seleccionadas, muy desconocidas incluso para los lectores de poesía, y despliega unas útiles fichas biobibliográficas, por lo que esta excerta no puede ser más seductora tanto para especialistas y estudiosos como para curiosos, que quieren acercarse a esas otras voces de mujeres, tan decisivas como las de los varones: "A la función subsidiaria de las mujeres en los primeros tiempos del movimiento surrealista le siguen, a partir de los años treinta hasta hoy, generaciones de mujeres que defienden sin miedos e inseguridades su valía como creadoras, y cuyo empuje y prestigio, dentro y fuera del surrealismo, es incontestable" (13). Volumen atractivo, completo y necesario.

La llama ebria (Antología de mujeres poetas del surrealismo)

Coordinación y prólogo de Lurdes Martínez

Traducción de Eugenio Castro y Jesús García Rodríguez

Bartleby Editores - La Torre Magnética

364 páginas

19 euros