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CRÍTICA

'Amèlia de les Camèlies', de Etna Miró: Barcelona, un enjambre pegajoso

Esta ópera prima es una sátira sobre la vida intelectual de la capital catalana

La escritora Etna Miró, autora de la novela 'Amèlia de les Camèlies'.

La escritora Etna Miró, autora de la novela 'Amèlia de les Camèlies'. / EP

Valèria Gaillard

Valèria Gaillard

Barcelona
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Una ciudad –Barcelona– convertida en un enjambre de abejas, mujeres que saborean su juventud, que, más que melosa, resulta ser de hiel. La cita de Peire Rogier que encabeza la novela es iluminadora: "…de la juventud, que malgasto, solo obtengo tristeza y dolor". Hablamos de 'Amèlia de les Camèlies', el debut literario de Etna Miró (Barcelona, 2001), que prepara su tesis sobre Marcel Proust tras cursar un máster en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada.

Esta formación no es anecdótica, pues se plasma en una obra que, por un lado, retrata la universidad desde la experiencia del estudiante y, por otro, ofrece un modelo de catalán poco usual. En el primer aspecto, se podría decir que el libro hace eco a 'Angles morts', de Borja Bagunyà, exprofesor de estos estudios y que mostró los trapos sucios de los profesores en una visión crítica del sistema universitario en general. En el segundo, contrasta con el modelo lingüístico de la literatura joven actual, básicamente realista –con una atención especial a los dialectos– y marcada esencialmente por el estilo liberador y argótico de Quim Monzó.

La obra ofrece un panorama de un grupo de jóvenes que no tienen miedo de autodefinirse como intelectuales y que son fans de Mercè Rodoreda (de ahí el guiño a la calle de las Camèlies). Dan fiestas particulares, salen en la noche de los museos y se reúnen en el Liceu (¿Ateneu?) para debatir la obra de su ídolo literario. Amèlia se presenta como la chica ideal, estudiosa, ingeniosa, guapa y emparejada con Joel, primo de una de los tótems de la vida cultural de la ciudad. Está bien relacionada y se siente orgullosa. Pero siguiendo el esquema de una novela de aprendizaje, se da cuenta de que este mundo tan fascinante es puro teatro y que incluso su relación con Joel quizá no es tan sólida.

Un modelo de lengua sorprendente

Lo que más sorprende de esta ópera prima es el modelo de lengua, pues combina un catalán altamente literario –con marcadores como 'ans', 'car', 'adés' o 'hom', rechazados por la mayoría de editoriales catalanas por arcaicos, o con el pasado simple, que remite a la literatura modernista y más atrás, sin olvidar el uso de un léxico que requiere dar saltos al diccionario– con otro catalán más informal en los diálogos, con el uso de prefijos como 'super'.

Miró parece reivindicar la riqueza de una lengua que, entre el castellano y el inglés, se ve menguada en sus capacidades semánticas

Situándose así en clara contracorriente con los usos actuales, Miró parece reivindicar la riqueza de una lengua que, entre el castellano y el inglés, se ve menguada en sus capacidades semánticas. De hecho, en un momento, la protagonista se deja ir y lanza algunos barbarismos en un gesto que considera subversivo. Estamos aquí en las antípodas de un Guillem Sala o de una Andrea Genovart, portavoces del catalán mestizo. Por otro lado, esta opción tan barroca a nivel lingüístico impregna el relato, y sobre todo los diálogos, de una cierta artificiosidad.

Microcosmos con pinceladas de humor

Si la trama cae en la narración de un desengaño amoroso de desenlace previsible, destaca la capacidad de la autora de retratar un microcosmos con pinceladas de humor que dibujan el lado irrisorio de unos personajes, adolescentes tardíos y sobreprotegidos, que se toman su vida demasiado en serio. Amèlia parece una de las mujeres de Rodoreda, inocentes y puras, que no abren los ojos a la crueldad del mundo si no es a base de encontronazos con la realidad.

Ni el amor, ni la amistad, ni siquiera los estudios –con profesores demasiado condescendientes– es lo que parecía –o debería– ser en un mundo ideal. En este sentido, se siente la huella proustiana, así como también en las descripciones de las fiestas en pisos del Eixample que recuerdan las 'soirées' de los Guermantes de 'En busca del tiempo perdido': todas las estrategias sociales para brillar a ojos de los demás y la emergencia de una abeja reina que controla todo los que ocurre a su alrededor para mantener su imagen de ser elevado.

Ahora bien, si Proust muestra, Miró ha optado por la explicación en una narración cargada de análisis psicológico, que incluye símbolos como una cadena de oro que, de ser un gaje de amor, pasa a ser el objeto físico del dolor. En resumen, cabe destacar de 'Amèlia de les Camèlies' su aspecto novedoso, así como su capacidad descriptiva de la sociedad intelectualoide barcelonesa.

Amèlia de les Camèlies

Etna Miró

Cap de Brot Edicions

304 páginas

21 euros