CRÍTICA
'El regreso', de Stanisław Lem: en el corazón de las tinieblas
El autor culminó con esta obra la trilogía 'Tiempo no perdido', sobre la posguerra en Polonia, cuya publicación póstuma evidencia su conflictiva relación con este primer periodo de su escritura

Stanisław Lem, visto por el ilustrador Pablo García. / Pablo García
Bogusław Wieleniecki recorre una Varsovia devastada tras el final de la II Guerra Mundial: es un fantasma que atraviesa una ciudad fantasmal. Las primeras páginas de 'El regreso', novela del polaco Stanisław Lem (Leópolis, 1921-Cracovia, 2006) que cierra su trilogía 'Tiempo no perdido', son una cartografía tan minuciosa y expresiva de los efectos de la destrucción, que es inevitable trasladar la mente a escenarios actuales como Ucrania, Irán o la franja de Gaza.
Son tantos los lugares a lo largo de la historia, y la capacidad de lo que denominamos autores clásicos (Lem lo es, qué duda cabe) es tal que, como sucedió con Primo Levi o Imre Kertész, el relato narrado supone una interpelación al ánimo y a la conciencia del lector.
Lem quizás no pretenda otra cosa que sacar adelante una historia muy sentida por él, o deberíamos creer que el contraste de esta trilogía con el resto de su obra es de tal calibre que sólo el impulso de lo testimonial y lo personal avala un proyecto narrativo tan ambicioso. El caso es que, para el autor de 'Solaris', las tres novelas significaron un peso excesivo por su evidente carga autobiográfica. La publicación póstuma evidencia una relación conflictiva con ellas.
El horror y la desesperanza; la obligación de rehacer vidas melladas se manifiestan a través de una atmósfera narrativa brillantísima que empapa la lectura de las angustias y los penares de sus personajes. En cuanto a atmósferas, es como si Lem recogiera el testigo de un compatriota como Joseph Conrad. El estupor ante el dolor y la barbarie ajenas fraguaron una novela como 'El corazón de las tinieblas'. La incredulidad ante las propias experiencias vividas forja una historia como 'El regreso' y nos sitúa en un mundo que debe reconstruirse por completo.
El libro es también una novela de reiniciación: personajes que precisan reubicarse; verdades a medias; confidencias; apariencias; miedo a que el pasado traicione los nuevos comienzos; temor a que el orgullo por lo hecho se acabe volviendo en contra.
Wieleniecki continúa buscando mientras carga con una pesada maleta en la que lleva un voluminoso libro que nunca ha abierto pero del que no se desprende. En esta carga parece que inútil se puede adivinar tal vez una metáfora de lo que son las vidas que atraviesan la novela: no desprenderse de algo que no abres.
Mientras tanto, por fin sabemos del doctor Stefan Trzyniecki, protagonista de las dos anteriores novelas y al que habíamos dejado en 'Entre los muertos' sorteando la muerte en un campo de exterminio. Trabajando ahora en un clínica, trata de no plantearse más futuro que el del día siguiente, a la vez que trata de reajustar su pasado con su presente.
Vidas reinventadas; secretas; sin memoria, que Lem hila con una escritura muy precisa en la manera de adentrarse en la mentalidad de los personajes; precisa también en las descripciones (clave en la consecución de una atmósfera) y especialmente dotado para brindar al lector numerosas epifanías que ensanchan el relato y lo alumbran con una luz más limpia:
"Iba casi corriendo por las calles. La conciencia se le apagaba a ratos como una llama, sobre todo cuando la oscuridad se acentuaba en el espacio entre las farolas. Sabía que andaba buscando algo pero no recordaba qué. De repente se halló entre unos arbustos húmedos sobre los que brillaba el globo lechoso de una farola solitaria. Más que sentarse, se desplomó sobre un banco. Tomó con ansia una bocanada de aire fresco. Soplaba el viento, se oía el rumor de la tierra, los suspiros de los árboles; las hojas, húmedas de lluvia, desprovistas de un olor embriagador, caían sobre sus rodillas, sobre su pecho. Ya sabía qué estaba buscando y lo encontró en aquella oscuridad que lloviznaba, muda, gotas de lluvia y hojas negras. Buscaba una noche silenciosa que lo absorbiera todo, una noche inmensa".
Me parece oportuna la cita, a pesar de su extensión, porque, para el reseñista que les escribe, este fragmento que describe una situación puntual del médico Stefan tiene la dimensión de una poética que trasciende la propia novela en la que aparece y alcanza el conjunto completo de la obra de Lem. Buscar una noche inmensa, oír el rumor de la tierra… Que sea un referente ineludible de la ciencia ficción no debería reducirlo al ámbito de un género. Incluso en las historias más aparentemente lejanas de la realidad, Lem busca siempre ese rumor de la tierra.
Ni en una novela como 'El regreso' se difumina su capacidad prescriptora: "Una infalible máquina pensante, un sistema dinámico que determinará él solo el camino hacia el objetivo que le marquemos…", Recordar que la novela se escribe en 1950.
A la lucidez para imaginar el futuro se le suma la lucidez y el valor para enfrentarse a su pasado. El miedo lógico que le llevó en vida a disimular su origen judío se vuelve fuerza en el momento de tramar una ficción tan pegada a su propia biografía. Lem tuvo la audacia de preguntarse no sólo de dónde venimos, sino también a dónde vamos.
Dar las gracias a Impedimenta por editar un proyecto capital en la literatura del siglo XX y felicitar a los traductores por su trabajo.

El regreso | Tiempo no perdido, 3
Stanisław Lem
Traducción de Abel Murcia y Katarzyna Mołoniewicz
Impedimenta, 352 páginas 24,95 euros
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