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HE VENIDO A HABLAR DE MI SANT JORDI

Daniel Fernández, presidente del Gremi d'Editors: "Sant Jordi es un fenómeno de alcance planetario"

Es la fiesta que nos hace soñar a los catalanes con cómo deberíamos ser: paseantes sonrientes que compran libros y rosas en un ambiente de sana convivencia ciudadana y que regalan esas rosas y libros a sus seres queridos

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Daniel Fernández, presidente del Gremi d’Editors.

Daniel Fernández, presidente del Gremi d’Editors. / Ferran Nadeu

Daniel Fernández

Barcelona
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Como todas las fiestas que se rigen por un ciclo anual, desde la Navidad hasta las fallas o la tomatina, también la diada de Sant Jordi empieza mucho antes del 23 de abril, cuando en la editorial se programan los títulos que se pondrán a la venta como novedad para esas fechas. En el caso de Edhasa, además, nuestro premio de narrativas históricas se suele hacer público a principios de abril, con lo que la celebración empieza antes y se mezcla con esa fecha que en Catalunya unió la muy antigua tradición de festejar el santo patrón regalando rosas con la mucho más reciente –más de lo que la mayoría supone– de conmemorar el Día del Libro.

La fiesta –pues eso es en esencia– de Sant Jordi ha ido creciendo y consolidándose como un fenómeno que ya es, y no es exageración, de alcance prácticamente planetario. Y desde luego es la fiesta que nos hace soñar a los catalanes con cómo deberíamos ser: paseantes sonrientes que compran libros y rosas en un ambiente de sana convivencia ciudadana y que regalan esas rosas y libros a sus seres queridos. Como fiesta cívica, Sant Jordi es imbatible.

Les contaba que la jornada comienza mucho antes de abril, con la programación de la editorial, pero lo que es el día de días también exige planificación: qué autores de la editorial van a venir y dónde van a firmar.

La tradición nos exige tener una parada propia y salir a la calle en este día, con nuestras banderas cuatribarradas para decorar y nuestro logotipo. Solemos estar en el Passeig de Gràcia, entre Consell de cent i Diputació, muy cerca de la sede de la editorial, en esa misma calle Diputació y a tocar del Passeig de Gràcia, así que esa ubicación nos facilita reposiciones y visitas al baño.

Planificación

Además de programación y planificación, nuestro Sant Jordi propiamente dicho empieza el día de la víspera, cuando llegan ya algunos autores y desde luego el autor o autora premiado ese año, con quienes toca almorzar y acudir a la ya tradicional fiesta de 'La Vanguardia' en el hotel Alma, que ve su bar y su jardín atestado de escritores, agentes literarios, editores, periodistas y hasta políticos.

La mañana del día de Sant Jordi toca madrugar y repartirse la escolta y atención a los autores de la casa. Hay que estar muy atento al autor que nunca ha firmado en Sant Jordi. Tendrá que entender y aceptar que unos autores firman mucho, muchísimo, y otros casi nada, pero lo importante es que disfrute de la experiencia y de la, no me cansaré de repetirlo, fiesta.

El desayuno institucional y el chocolate en la Casa Gran de la ciudad, ofrecido por el alcalde, ha venido a reemplazar aquél que, iniciado en tiempos de Jordi Pujol, abarrotaba el Pati dels Tarongers. Multitudes, colas y dificultades para caminar y desplazarse son la marca ineludible del día.

Multitudes, colas y dificultades para caminar y desplazarse son la marca ineludible del día

Hay que montar la parada, a primera hora, y coordinar que el distribuidor haya conseguido hacer llegar los títulos y ejemplares solicitados. Y se lleva la caja pequeña, con sus monedas y cambio para las compras en metálico, más el par de datáfonos (porque siempre acaba fallando uno) que cada vez más son la forma de pago usual y dominante.

La mañana se va en llevar autores a sus firmas y atender la parada propia más las posibles entrevistas de radio y hasta televisión (esto me toca por lo de la representación gremial, y a todo hay que estar).

Agasajar a los autores

Para almorzar ahora tenemos que hacer turnos, pero durante muchos años nos reuníamos todos los empleados de la editorial y los autores que hubieran venido en un almuerzo colectivo que solíamos hacer en Casa Leopoldo. Ahora, por no dejar la parada desatendida ni en manos de gente que no conozca a fondo el catálogo de Edhasa y Castalia, pues se almuerza como se puede, aunque siempre toca agasajar a los autores, que son la fuente de la que mana el agua que bebe y reparte cualquier editorial.

La tarde son más firmas y más ventas y el cansancio y la excitación que van de la mano. Ahora es muy complicado repetirlo, pero como tenemos mucho autor clásico en el catálogo y mucha novela histórica, hemos llegado a tener figurantes contratados vestidos de filósofos griegos o de legionarios romanos (hace muchos años, en un Sant Jordi, un grupo de legionarios escoltó a Simon Scarrow a través de Barcelona y salió en todos los periódicos y por televisión; nota erudita al margen: una patrulla de ocho legionarios romanos es un contubernio, nombre oficial), también vikingos, guerreros medievales y doncellas y hasta princesas…

A la noche hay que desmontar la parada y preparar las cajas, pero siempre hay el momento para, de nuevo con los autores que no estén exhaustos, pasar por la fiesta de 'ABRIL', que cierra la jornada en el Dry Martini. Eso, si un temporal de lluvia, viento y granizo como el del 2022 no se nos ha llevado la parada. Se nos mojaron decenas y decenas de libros y optamos por regalarlos todos a los que pasaban por delante. ¡Eso también es Sant Jordi! ¡Disfrútenlo!