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ENTREVISTA

Lucía Solla Sobral: "A mí lo que me gusta es escribir, no ser escritora"

La autora, convertida en el último gran fenómeno de la industria editorial española gracias a su primera novela, 'Comerás flores', que super los 100.000 ejemplares vendidos y las 20 ediciones, protagoniza la portada del número especial de Sant Jordi del suplemento 'ABRIL'

He venido a hablar de mi libro: Lucía Solla Sobral

Crítica de 'Comerás flores', de Lucía Solla Sobral: la violencia que no se ve

La escritora Lucía Solla Sobral, fotografiada en Madrid.

La escritora Lucía Solla Sobral, fotografiada en Madrid. / José Luis Roca

Inés Martín Rodrigo

Inés Martín Rodrigo

Madrid
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Lucía Solla Sobral (Marín, 1989) tenía dos sueños: publicar un libro y conocer Argentina. Y en muy pocos meses, los transcurridos entre septiembre del año pasado, cuando 'Comerás florés' (Libros del Asteroide), su primera novela, llegó a las librerías españolas, y el próximo 23 de abril, fecha de comienzo de la Feria del Libro de Buenos Aires, habrá cumplido ambos. Y todo gracias a la lectura.

La escritora que hoy es, el fenómeno en que se ha convertido, con más de 100.000 ejemplares vendidos de su debut en la ficción, se miró mucho antes en otros espejos, los de autoras como Gloria Fuertes, Cristina Peri Rossi, Idea Vilariño, Elena Garro o Alejandra Pizarnik, pero también en el teatro de Lorca o en las greguerías de Gómez de la Serna.

No es raro, entonces, que su escritura, con la que ha conquistado a tantos lectores, desprenda un lirismo evocador, esa poesía que surge de lo ordinario y es capaz de convertir en belleza episodios terribles, cotidianos, a veces invisibles, o invisibilizados, como el maltrato psicológico.

Es lo que hace en 'Comerás flores', donde cuenta la historia de Marina, una joven que, mediados los 20 y en mitad de la vulnerabilidad a la que te arroja el duelo por la muerte del padre, conoce a Jaime, un tipo con posibles, bien parecido y considerado socialmente, que le saca dos décadas y ejerce sobre ella la peor violencia de todas, esa que no se ve pero deja cicatrices internas tan difíciles de curar como las físicas.

Con ella acudirá por primera vez a Sant Jordi. En las calles de Barcelona, en cada firma, seguirá sintiéndose "una invitada muy bien recibida" en el mundo literario. Luego, acabada la temporada de ferias, Solla Sobral seguirá "acompañando al libro un tiempo, pero no mucho más". Quiere empezar a parar, está aprendiendo a decir que no, tal vez la lección más valiosa que ha sacado de todo lo vivido.

Si comenzáramos esta historia por el final, que fue como usted empezó a escribir 'Comerás flores', ¿el editor le diría que no es verosímil?

Sí, totalmente, yo misma me lo diría. Recuerdo la primera llamada con Luis Solano [editor de Libros del Asteroide], fue muy cariñoso y muy atento y me dijo: "Nunca vas a vivir de esto". Y yo le dije: "Lo sé".

Pues parece que los dos os equivocabais, ¿no?

Para un tiempo me da, sí [ríe]. Yo pienso: si disfruté tanto escribiendo durante dos años, casi tres, teniendo un trabajo a jornada completa, ¿cómo será escribir cuando le puedo dedicar todo mi día?

¿Ha dejado su trabajo?

He pedido una excedencia, y estoy deseando poder sentarme.

Porque durante todo este tiempo no ha podido escribir, claro.

No. Pero, vamos, verosímil para nada. De hecho, cuando firmé con Asteroide empecé a escribir un diario, porque no quería olvidar todas las emociones que estaba viviendo, y una de las entradas de uno de los días es: ojalá en 10 años, que es el contrato que tengo con Asteroide por 'Comerás flores', se agote la primera edición. Pero porque para mí era imposible. Y no lo hacía en plan víctima, sino muy consciente de que cada semana salen muchísimas novedades, las librerías están constantemente cambiando las portadas, y me parecía imposible que 4.000 personas, que era la primera tirada, se fijasen en el libro.

Y han acabado fijándose en él más de 100.000. ¿Qué hubiera pensado de haberlo sabido cuando entregó el manuscrito?

Pues yo creo que me pararía mucho más, porque me daría más vértigo, me haría mucho más consciente del impacto que puede tener más allá de lo literario y me daría muchísimo miedo. Ahora es fácil decir que sí, pero si me lo dicen de primeras... uf, me costaría mucho. Ni siquiera me veía capaz de hacer una entrevista, veía constantemente entrevistas de otras escritoras en YouTube.

¿Para ver cómo defenderse?

Claro, por la noche, en la cama, me hacía preguntas a mí misma y las respondía, porque me sentía muy insegura.

¿Y cómo ha llevado esa extraña popularidad que acarrea convertirse en una autora superventas?, ¿la reconocen mucho por la calle?

No mucho, por suerte. Pero, claro, no es lo mismo ser top ventas en la música que en la literatura.

Me gusta estar llevándolo todo desde lo literario, no salirme de ahí. Puedo hablar más o menos en una entrevista y a través del tema que trato en el libro mi posición política, social, está más o menos clara, pero no me salgo de ahí

Bueno, pero hay casos y casos, tenemos autores que se han convertido en personajes.

Sí, es verdad. A mí me gusta estar llevándolo todo desde lo literario, no salirme de ahí. Puedo hablar más o menos en una entrevista y creo que a través del tema que trato en el libro mi posición política, social, está más o menos clara, pero no me salgo de ahí. Me gusta seguir con la misma gente con la que siempre estuve, llegar a Oviedo y seguir en mi casa, con mis perras, y ya está, mantener un perfil bajo, porque a mí lo que me gusta es escribir, no ser escritora. A mí lo que me gusta es sentarme y ponerme a escribir, pensar en palabras, que me salga de repente una frase increíble o que no me salga y darle vueltas hasta que me convenza. Es lo que llevo haciendo hasta que logré publicar, escribía para mí y era muy feliz así. Ahora lo soy mucho más, porque me siento más realizada, pero lo que me gusta es la soledad del proceso de escritura, ir pensando y leer mucho para lograr escribir mejor.

Las ventas de 'Comerás flores' se han correspondido con las buenas críticas y con el reconocimiento, con premios como el Cálamo o El Ojo Crítico. Pero eso no siempre pasa, la balanza suele estar mucho más desequilibrada.

Para mí es un alivio tremendo, me sujeto mucho a ese equilibrio porque sobre todo al principio no entendía muy bien lo que estaba pasando, de repente ese fenómeno 'boom' o como queramos llamarlo. En los momentos de bajón o de síndrome de la impostora o cuando me encargan un artículo y pienso que no estoy preparada, estos reconocimientos me vienen muy bien.

Lucía Solla Sobral, autora de 'Comerás flores'.

Lucía Solla Sobral, autora de 'Comerás flores'. / José Luis Roca

¿Alguna vez se ha preguntado por qué su novela ha llegado a tantos lectores y ha convencido tanto?

Creo que era un tema mucho más necesario de lo que creíamos, socialmente era necesario tocarlo y eso hace que haya un boca a boca que por internet además se hace viral. Y luego entiendo que la forma en la que está escrita le gustó a las lectoras, a los lectores, pero también a un perfil más profesional.

Antes ha dicho síndrome de la impostora. Fíjese que yo nunca he escuchado síndrome del impostor.

No, y debería haber más, nosotras deberíamos tener menos y algunos deberían tener un poquito más. De hecho, cuando se anunció que iba a salir mi libro los primeros mensajes que me llegaron eran hombres que me preguntaban cómo había conseguido publicar en una editorial porque ellos escribían y no lo habían logrado.

Vaya por Dios.

Claro, y a mí me daba cosa decirles: pues envié un manuscrito y les gustó, tan fácil y tan complejo como eso. Por supuesto, no me volvieron a escribir luego para decirme: Oye, felicidades, ya lo leí, me encantó. No, desaparecieron. Pero sí, el síndrome de la impostora tiene género, por lo general.

El síndrome de la impostora tiene género, por lo general. Nosotras deberíamos tener menos y algunos deberían tener un poquito más

¿Batalla aún con ese síndrome?

Uf, sí, muchísimo. Yo quiero volver a hacer lo que hice, que es pasármelo bien escribiendo, elegir un tema que me obsesione, que me importe y me parezca mejor que el anterior. Pero, claro, yo no sé qué espera la gente de mí, cada persona va a esperar una cosa diferente, no puedo complacerlos. Me gustaría que se entienda que son expectativas ajenas, pero tengo que entenderlo yo también, que no es fácil, me sé la teoría, pero después voy a tener mucho trabajo con mi psicólogo.

Escribió 'Comerás flores' para intentar entenderse cuando estuvo en alguna relación desigual, según dijo en este mismo suplemento. Lo que me lleva a hacerle dos preguntas: ¿consiguió comprenderse? y ¿escribe para eso, para intentar entenderse?

Empezando por la segunda, no tanto para entenderme a mí, aunque al final pasa. Escribo, hasta ahora por lo menos, para traducir a la belleza temas cotidianos complejos, feos o difíciles, como el maltrato. Parte de lo que me gustaba de tratar el maltrato psicológico era que, por muy violentas que fueran las escenas dentro de lo psicológico, fueses capaz de leerlas porque están escritas con palabras bellas. En Marina no me dibujé a mí, pero sí había cosas mías que iban saliendo inevitablemente y llegué a un punto en el que no era capaz de escribir porque no me entendía, y ahí contraté a un psicólogo. Le hicimos terapia a Marina, pero al final me la estaba haciendo a mí de alguna manera también, y ahora es mi psicólogo.

¿Le hizo terapia al personaje?

Sí, y fue precioso, porque al final Marina fue el motivo, pero también una excusa, casi. Pude entender que el error estaba en pedirle las explicaciones a ella y a mí en lugar de pedírselas a él o a la sociedad. Me liberó muchísimo y me libera y me ayuda a la hora de entender las lecturas que hacen otras personas, porque evidentemente hay gente a la que no le gusta el libro o le gusta pero culpa a Marina. A la que no le gusta, el motivo principal es porque dicen que Marina es una niñata, es imbécil, y puede ser una niñata e imbécil, pero eso no justifica que un hombre le haga daño. Y entender eso a mí me liberó, me quité la culpa, que es lo que a Marina le pesa tanto y a muchísima gente que ahora me escribe diciéndome que a raíz del libro entienden un poquito más que no fue culpa de ellas, y lo entienden porque ven que le pasa a más gente. Como no lo hablamos, hablamos sólo de las palizas y del asesinato, parece que sólo te pasa a ti.

En los medios hay un contador de mujeres asesinadas y si no se suma una víctima no hay más, nunca te hablan de casos que no sea de directamente el asesinato

¿Y por qué no lo hablamos?

Entre nosotras no lo hablamos porque nos da vergüenza y socialmente no se habla porque no parece tan importante. En los medios hay un contador de mujeres asesinadas y si no se suma una víctima no hay más, nunca te hablan de casos que no sea de directamente el asesinato, o una violación, sobre todo si hay un famoso por el medio.

Jaime no agrede físicamente a Marina, la violencia que ejerce no es física, las cicatrices que la provoca no son visibles, pero sí internas: ella deja de salir, deja de decir por sí misma, incluso deja de comer. ¿Estamos ante un patrón de conducta contemporáneo?

Lo que sucede les sucede a las mujeres de todas las edades y desde hace muchísimos años. La forma en la que sucede supongo que sí va cambiando, porque ya no funcionan las mismas técnicas para manipularnos o maltratarnos. El problema es que nosotras durante todos estos años nos hemos ido formando, educando, pero ellos no hicieron ese mismo trabajo para no ser agresores, no ser maltratadores y para poder identificar cuándo sus comportamientos son tóxicos. Estamos cojas de ahí. Nos encontramos a hombres aparentemente aliados que saben cómo entrar, ya no es la estrategia de antes de un hombre rudo, bruto, ahora puede ser en la facultad, en el museo, en el partido político que estás o, en el caso de Jaime, un hombre con muchísimo capital social, hay mil maneras nuevas por las que entrar. Igual que nosotras hicimos ese trabajo, ellos también tienen que empezar a hacerlo. Y los hombres que sí se dan cuenta de que hay comportamientos que no pueden ser válidos tienen que señalarlos. Hay mucha complicidad todavía entre ellos, que entiendo que no es fácil, pero a lo mejor hay que perder amigos por el camino. No vale con callar, hay que decirlo. Ahora parece que lo máximo a lo que puedes aspirar es a que se calle, pero hay que empezar a señalar.

Los hombres que sí se dan cuenta de que hay comportamientos que no pueden ser válidos tienen que señalarlos. Hay mucha complicidad todavía entre ellos

¿Qué respuestas ha recibido de hombres que han leído la novela?

Yo creo que los hombres que eligen este libro ya tienen un camino hecho. Pero recibo cada vez más mensajes de hombres que se sintieron identificados en ciertos comportamientos y les sirvió para darse cuenta del daño que pueden hacer. Necesitamos referentes en entretenimiento que nos muestren esto, no sólo a través de ensayos, porque no todos llegamos a los ensayos ni nos apetece a veces leer un ensayo, pero una peli, una serie o una novela sí, es mucho más digerible.

Juventud, ingenuidad, precariedad, el mito del amor romántico... Son factores que están presentes en el día a día de muchas Marinas. ¿Cómo desterrarlos de la ecuación?

Para mí, la base es cómo entendemos el amor. Si lo seguimos entendiendo como una meta, va a arrasar siempre con todo porque vamos a tomar las decisiones mucho peor porque no vamos a marcar los mismos límites, vamos a perder el objetivo. La base es eso, no romper el amor romántico, sino cómo lo construimos y desde dónde. Parece que si no es con la estructura clásica, no funciona y no es amor y es otra cosa y se va a acabar. Tenemos que empezar a abrirlo un poco más. El amor romántico no tiene una definición, tiene tantas como personas haya y vincularlo a la estructura clásica es la raíz podrida que acaba contaminando todo.

En el mundo literario, igual que en las relaciones de pareja, en el amor, hay mucho prejuicio y cantidad de supuestos halagos que en realidad son críticas. ¿Se siente parte del sector ya, ha sido bien recibida?

Aún no soy capaz de verme dentro, sé que estoy formando parte, pero todavía me veo desde fuera, me siento un poco como una invitada.

Invitada, que no intrusa.

No, intrusa creo que no. No me siento insegura con el libro que escribí, pero sí como que todavía tengo que demostrar que no es sólo algo de un libro. De hecho, el otro día en una presentación me dijeron: "¿No tienes miedo a morir de éxito?". Eso no sé si es una pregunta o una amenaza... Pero no tengo miedo a morirme de éxito porque para mí el éxito no es estas cifras de ventas, para mí el éxito es dedicarme a lo que me gusta y disfrutar de ello y escribir cada vez mejor. Pero sí, me siento todavía una invitada muy bien recibida. Sí noto la diferencia cuando soy bien recibida, bien tratada, porque gusta mi trabajo y cuando soy bien recibida porque vendo mucho, eso lo estoy diferenciando bastante bien. Cuando pasa lo segundo, pues soy una buena profesional y ya está, y cuando pasa lo primero, pues muy agradecida.

Comerás flores

Lucía Solla Sobral

Libros del Asteroide

248 páginas

19,95 euros