CRÍTICA
‘La Antártica empieza aquí’, de Benjamín Labatut: los delirios de la imaginación
Este libro reúne seis cuentos de un joven Labatut que reflejan sus futuras obsesiones

El escritor Benjamín Labatut, autor del libro 'La Antártica empieza aquí'. / Joan Cortadellas

La literatura de Benjamín Labatut (Róterdam, 1980) ha quedado marcada, de momento, por dos libros increíbles: 'Un verdor terrible' y 'MANIAC'. Pero antes de que esos dos textos incendiaran nuestras cabezas, hubo un Labatut que escribió, en 2010, estos cuentos que ahora Anagrama recupera con el título 'La Antártica empieza aquí'.
Pues entonces albricias para todos los que ya son legión: es como tocar de cerca las obsesiones primerizas de un escritor que ya atisbamos poseído, sí, poseído por la vida de unos personajes que no están, ni quieren estar, en sus cabales, que solo pretenden vivir en el puro delirio, sostener una vida al margen, querer estar y querer ejercitarse, a fuego, por la posesión que significa querer vivir en un punto de vista distinto buscando sin descanso las aristas y los cristales rotos de un caleidoscopio indestructible.
La forma del laberinto es la que mejor dibuja "aquel insensato juego de escribir" que tanto reclamaba Stéphane Mallarmé y que Labatut entiende así: solo importa lo que no comprendemos. Por eso, los seis cuentos del libro trazan el contorno de un límite que no facilita la entrada a un camino, sino que precisamente lo dificulta: de hecho, hace que el camino sea infranqueable.
Y es así porque, como indica el primer cuento que da título al libro, "el relato se vuelve vago, abunda en omisiones o es abiertamente contradictorio. La cronología avanza y retrocede de manera caprichosa, dos hechos ocurren al mismo tiempo, una persona aparece en dos lugares distintos de forma simultánea y se alteran el orden y la causalidad naturales".
Mutación de lo conocido
Esta es la primera historia, la que parece contar la vida del poeta Karol Vasek cuando en realidad cuenta la del coronel Pablo Riquelme y la de un narrador confuso entre ambos. 'La cura de Ana' es una muestra de aquel subgénero, si se quiere, de relatos de enfermos sitiados no por la tuberculosis (véase 'La montaña mágica'), sino por una dermatitis psicosomática: "El cuerpo reflejaba un estado mental. Las escamas vienen de mi cabeza, pensaba ella, de la piel de mi cerebro, de mi mente de reptil".
Este libro indica que la literatura de Labatut tuvo un pasado, que ser escritor implica ser resistente, violentar las normas, no pactar con nada ni nadie
Y entonces todo lo conocido muta, aparece el otro lado de las cosas: "Si la naturaleza había fijado la estructura de su organismo, encerrándola en aquella materia dolorosa y sangrante, Ana redefiniría su función de la forma más radical posible: usaría los labios como si fuesen las puntas de sus dedos, caminaría de cabeza, haría pensar a sus rodillas, miraría el mundo con los párpados cerrados y afilaría su mente hasta perforar las paredes de su piel".
Sea a través de la figura de Constantino Cooper, un jugador de fútbol golpeado por los aficionados, que decide cambiar de vida y dedicarse a la prostitución; o de las vidas cruzadas de Marcos, Paula y Julietta; o del relato que dos escritores noveles escriben sobre la misma historia (la del travesti Deseo Guadalupe Flores, nacido Juan Manuel Molina); o del soliloquio desquiciado de Alfredo, que como un nuevo Onetti suelta en la cama una perorata del tipo "los griegos no habían existido nunca: eran un delirio colectivo de los romanos", este libro indica que la literatura de Labatut tuvo un pasado, que ser escritor implica ser resistente, violentar las normas, no pactar con nada ni nadie, caminar por el abismo, narrar el silencio y "entregarse al delirio" de la imaginación.

La Antártica empieza aquí
Benjamín Labatut
Anagrama
168 páginas
18,90 euros
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