CRÍTICA
'La invención del agravio: nacionalismo y crisis de la democracia española', de Félix Ovejero: filósofo social y ciudadano
En este ensayo, el autor analiza el falso relato sobre la existencia de un conflicto territorial que ha impuesto el nacionalismo

Félix Ovejero, autor del libro 'La invención del agravio'. / Carlos Pardellas
Félix Ovejero Lucas (Barcelona, 1957) -doctor en Economía y profesor titular de Filosofía Política y de Metodología de las Ciencias Sociales en la UB- es un fecundo publicista, autor de 18 libros y de múltiples colaboraciones en revistas científicas y culturales, así como de esclarecedores artículos en diarios de gran difusión. En sus escritos, analiza diversos problemas teóricos de las Ciencias Sociales y cuestiones más directamente sociopolíticas: racionalidad, ética del mercado, distintas ideas de libertad, nacionalismo, identitarismo, socialismo, crisis de la izquierda... Para ampliar, pueden acudir a 'La razón en marcha. Conversaciones con Félix Ovejero', de Julio Valdeón (Alianza, 2023).
Muchas de las reflexiones teóricas de Ovejero se refieren al nacionalismo, concretamente al nacionalismo secesionista de ciertos territorios ricos de ámbito subestatal que suelen apoyar sus reivindicaciones en argumentos de base etnolingüística, como ocurre en España con los nacionalismos catalán y vasco. Al respecto, el grueso de su pensamiento se concentraba hasta ahora en la trilogía 'Contra Cromagnon', que comprende los libros 'Nacionalismo, ciudadanía y democracia' (2007), 'La trama estéril. Izquierda y nacionalismo' (2011) y 'La seducción de la frontera. Nacionalismo e izquierda reaccionaria' (2016). Esa rúbrica se la inspiró una irónica viñeta del genial dibujante El Roto, en la que un personaje de aire rústico y tocado con una boina lee un cartel que reza: "Defiéndete de los intrusos. Vota Cromagnon". A esta trilogía se suma ahora 'La invención del agravio'.
Tesis central
La implicación del autor no termina en sus aportaciones teóricas, pues tuvo un activo papel en la manifestación constitucionalista de octubre de 2017 en Barcelona, organizada por Sociedad Civil Catalana como reacción a la chapucera declaración de independencia de Carles Puigdemont. Fue uno de los oradores junto al exministro socialista Josep Borrell, el ex secretario general del PSUC Francisco Frutos, el exministro del PP Josep Piqué, el exfiscal Anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo y la catedrática de Derecho Constitucional Teresa Freixes.
En 'La invención del agravio', Ovejero refina y amplía lo ya tratado en dicha trilogía. Su tesis central es que "en España no hay un problema territorial, sino un problema nacionalista que ha impuesto un falso relato sobre la existencia de un conflicto territorial", el cual, en el caso de Catalunya en el que se centra, presenta a este territorio como una nación que se remonta a muchos siglos atrás y que ha sido oprimida por España, en especial a partir del siglo XVIII, tras la guerra de Sucesión (1700-1714) y los Decretos de Nueva Planta de Felipe V. Para ello, los nacionalistas recurren a una narrativa basada en una historiografía que se vale de anacronismos y métodos contrafácticos, al tiempo que margina voces de historiadores críticos con tal idea ('Cataluña en España. Historia y mito' -Gadir, 2016-, del historiador económico barcelonés Gabriel Tortella et al., es un pormenorizado contrapunto).
Los "agravios" nacionalistas se concentran en dos ámbitos específicos: la explotación económica de Catalunya por parte de España y el desprecio a su identidad cultural y lingüística, agravios que -aunque vendrían de lejos- se habrían intensificado tras la Guerra Civil, durante la dictadura de Franco y el periodo subsiguiente; Ovejero impugna ambos con rotundidad.
Ovejero sostiene que los argumentos de estos nacionalistas son incompatibles con los valores consustanciales a la izquierda política desde la Revolución francesa
En el ámbito económico, dice, "sucedió exactamente lo contrario: el desarrollo económico español iniciado a raíz del Plan de Estabilización (1959) antepuso los intereses de los supuestamente oprimidos" [las provincias catalanas y vascas] porque "la prioridad del crecimiento hizo que se olvidara la redistribución territorial de los beneficios económicos"; es decir, en comparación con estas regiones ricas, las más pobres, como Andalucía y Extremadura, recibieron mucha menos inversión y hubieron de convertirse en "proveedoras de mano de obra" para Catalunya y el País Vasco.
En el terreno cultural, este desplazamiento de mano de obra por circunstancias socioeconómicas han querido interpretarlo muchos como una operación para borrar la identidad catalana y hacer desaparecer el catalán. Siendo innegable que tras la guerra el castellano fue impuesto con violencia como única lengua oficial y exclusiva en la educación, la administración y los medios, la situación legal -matiza- empezó a cambiar en 1959 (en plena dictadura, aunque en su etapa desarrollista), con la autorización y reanudación paulatinas de las actividades de asociaciones de defensa de la lengua y cultura regionales (Òmnium Cultural, Institut d’Estudis Catalans...) e incluso antes, con la proliferación de premios literarios y libros en catalán (entre 1940 y 1965, unos 3.000).
Durante un largo periodo desde la Constitución de 1978, el modelo territorial que esta inició -el Estado Autonómico- fue considerado un éxito: el debate sobre la integración nacional española parecía apaciguado y los nacionalistas del País Vasco y Catalunya asumían, si bien con reservas, el nuevo esquema. Pero desde principios del siglo XXI, con el Plan Ibarretxe en Euskadi y el proyecto de un nuevo Estatuto en Catalunya, los nacionalistas de ambos territorios cuestionaron ese esquema -que a su juicio les otorga un insuficiente autogobierno- e intensificaron sus demandas competenciales, que con frecuencia desbordaban el marco constitucional.
Temerarias concesiones
La situación se ha agudizado en estos años. Para ser investido en 2023, Pedro Sánchez suscribió acuerdos con partidos secesionistas como Junts y ERC, traducidos en el traspaso a Catalunya de significativas competencias estatales, y algo similar puede decirse de las contrapartidas a ERC en la investidura del socialista Salvador Illa para presidir la Generalitat. Esa continua "necesidad de acuerdos para mantenerse en el poder", dice Ovejero, ha llevado a sucesivas y temerarias concesiones a los nacionalistas [traspasos de difícil encaje constitucional como las competencias en inmigración y la privilegiada y ventajista financiación singular]. Habiendo fracasado en 2017 en su intento rupturista, los secesionistas van logrando "a plazos" el vaciamiento de las funciones del Gobierno central en Catalunya, lo que lleva a una "lenta erosión del Estado... con vistas al desguace de la nación política común".
Una reiterada preocupación de Ovejero es que parte de los tópicos nacionalistas en materia económica, cultural o de la configuración del actual Estado constitucional han calado -pese al escaso fundamento- en el debate político español, al aceptarlos algunos sectores de la izquierda. Situado él en una izquierda ilustrada tradicional, sostiene que los argumentos de estos nacionalistas (de ideología mayormente conservadora o incluso reaccionaria) son incompatibles con los valores de igualdad y emancipación consustanciales a la izquierda política desde la Revolución francesa.
Lejos, pues, de aceptarlos, propone presentarles batalla: "La batalla de las ideas que consiste en discutir los fundamentos ideológicos y las falsedades empíricas y normativas" del nacionalismo victimista. Es lo que él hace eficazmente a lo largo de este oportuno y sugerente libro.

La invención del agravio: nacionalismo y crisis de la democracia española
Félix Ovejero
Alianza Editorial
272 páginas
18, 95 euros
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