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CRÍTICA

'Las horas secretas', de Mick Herron: todos los espías tienen un pasado

El autor firma quizá su mejor obra en esta historia independiente pero complementaria de su serie sobre Jackson Lamb

El escritor Mick Herron, autor de 'Las horas secretas'.

El escritor Mick Herron, autor de 'Las horas secretas'. / Toni Albir

José Luis G. Gómez

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Que el pasado es un cadáver que suele reaparecer sin que nadie se moleste en coger una pala forma parte de las ideas asociadas a la novela negra y al género del espionaje. En las obras de Mick Herron (Newcastle upon Tyne, 1963), debemos sumarle que ese pasado suele oler muy mal y que termina por enterrar en oprobio y ridículo a quienes se acercan a esas historias resucitadas. Y así sucede en 'Las horas secretas', lo último del magistral titiritero británico de los espías.

La novela nos introduce en una estancada investigación gubernamental, Monocromo, que lleva dos años intentando destapar irregularidades en el MI5 sin resultado. Griselda Fleet y Malcolm Kyle, los dos funcionarios asignados al proyecto, tienen acceso ilimitado a los archivos confidenciales del servicio secreto, pero su trabajo parece condenado al fracaso. Durante décadas, el MI5 ha ocultado lo sucedido en la recién reunificada Berlín, y pretende que siga siendo así.

La investigación se hunde, y Griselda y Malcolm ven cómo sus carreras naufragan bajo la lluvia de Londres. Hasta que de forma sospechosa aparece el expediente OTIS: la historia enterrada de una operación en el Berlín de 1994 que acabó en tragedia y escándalo, y cuyo encubrimiento ha reescrito 30 años de la historia del servicio. El desastre se desencadena.

Con ese punto de partida, Herron desarrolla una compleja trama que transcurre durante apenas unos días en el presente y unas pocas semanas en el Berlín de los primeros años tras la caída del Muro, cuando la renacida capital alemana era el verdadero zoo de los espías. Y, por supuesto, en las casi 500 páginas de la novela, volvemos a encontrar un sentido del humor despiadado, cruel, ácido, mordaz y certero, dirigido contra las vergonzosas clases dirigentes del Reino Unido.

Quizá esta sea la primera obra de Mick Herron que de verdad rivaliza con las creadas por John le Carré

El novelista británico, Premio Pepe Carvalho 2026, reconocimiento que se le entregó en el reciente festival BCNegra, entrega con 'Las horas secretas' la que quizá sea su mejor novela. Se presenta como una obra independiente de la serie de los 'Caballos lentos'; aquí, Jackson Lamb y su 'troupe' no son protagonistas, pero el grasiento, perspicaz e icónico Lamb sí tiene un protagonismo especial, al igual que la calculadora Primera Mesa. Porque, sin ser una entrega más de su popular saga, esta historia funciona como extraordinario acompañamiento, y aún más, como regalo a los lectores más fieles y quizá la mejor puerta de entrada para quienes lleguen nuevos a la fiesta.

Luz en la oscuridad

En la trama del presente, de intrigas en los entresijos del poder, con maniobras tediosas, oscuras y rastreras, domina el baile una brillante Diana Taverner, aunque otro personaje habitual en las novelas de los 'Caballos lentos' también disfruta de un bien ganado protagonismo –revelarlo sería destruir parte de las sorpresas–. En los años de Berlín, hallamos a un Lamb desencadenado, aún joven e igual de indescifrable. Aquí se regalan claves y algo de luz sobre algunos aspectos de la creación de Herron. Ambas historias están cosidas por los temores que asaltan a los espías en sus horas secretas, y la narración salta con soltura de un lado a otro.

No llegas a Regent’s Park, sede del otrora orgulloso servicio de inteligencia británico, y allí te transformas. No, llegas a Regent’s Park porque algo en ti te dirige a esa puerta que te abre a tu interior más oscuro. Así, ninguno de sus habitantes, pasados o presentes, puede presumir de inocencia. Pero en el deprimido Reino Unido de las novelas de Herron, justo reflejo del presente, con su capital tomada por depredadores y ambiciosos, manchada por el dinero sucio y arrastrada al fango de la política de miras bajas, tampoco es fácil encontrar inocencia en otros estratos cercanos a la política o el servicio público. Así, lo que Herron propone es buscar algo de luz en la oscuridad inherente a todos ellos. Y la encuentra.

Quizá sea esa búsqueda lo que convierta a 'Las horas secretas', cuya lectura es un deleite, en la mejor novela de Herron. Y quizá, por fin, esta sea la primera obra del nuevo maestro del género del espionaje que de verdad rivaliza, jugando con sus propias reglas y cartas marcadas, con las creadas por John le Carré. Esa afirmación se sostiene gracias a una escritura que humaniza lo que toca, que puede presumir de un carácter propio, socarrón e irónico, y que sabe cómo denunciar las inquietudes y compartir los temores e ilusiones de su propio tiempo.

Las horas secretas

Mick Herron

Traducción de Antonio Padilla Esteban

Salamandra

480 páginas. 23 euros