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Opinión | BREVES INFINITOS

Mariana Sández

Morriña, saudade, 'spleen'

El origen y los alcances del concepto de 'nostalgia'

La obra de Giorgio de Chirico 'El regreso de Ulises'.

La obra de Giorgio de Chirico 'El regreso de Ulises'. / EP

¿De qué es nostalgia la nostalgia?, se pregunta Barbara Cassin (1947), filósofa y filóloga francesa en 'La nostalgia. Ulises, Eneas, Arendt'. Brevísimo en su extensión pero muy denso en el análisis, el ensayo retoma las líneas esenciales de la 'Odisea' para rastrear tanto los sentidos como la historia del concepto de 'nostalgia'.

Tras la guerra de Troya, Eneas huye de la ciudad incendiada cargando a su padre y, figuradamente, a sus dioses. “La patria es algo que Eneas lleva a la espalda”, propone Cassin, dado que a partir de entonces comenzará a errar de un sitio a otro hasta que la diosa Juno le permita instalarse por fin en un sitio y fundar lo que será Roma. Pero con una condición: que olvide la lengua griega y, junto con una nueva nación, funde también una nueva lengua.

En paralelo, Ulises lleva veinte años fuera de su hogar: ha pasado diez luchando en Troya y otros diez volviendo, intentando volver, a su mujer Penélope y a su hijo Telémaco, a su casa. Sin embargo, al llegar solo permanece una noche y vuelve a partir porque aún le espera otra prueba. Ulises es, por eso, el que siempre está regresando pero sabe que nunca lo hace del todo.

Ulises también es el que, tras haberse detenido en muchas tierras, debe reconocer cuándo por fin ha encontrado la suya y debe, a su vez, ser reconocido por los suyos. El impacto al principio es el de encontrar todo bastante igual pero distinto y eso es lo que produce la extrañeza más fuerte que pueda experimentar una persona: sentir que lo más familiar de repente se siente extraño, lejano, ajeno. Es el sentimiento que Freud definió como lo ominoso y que precisamente se experimenta en cada regreso al hogar después de una larga ausencia. Todo es y no es igual.

Patria, exilio y lengua

“¿Qué es lo nuestro y qué es lo ajeno?”, se pregunta la filósofa francesa en 'La nostalgia'. Una pregunta muy oportuna para una época en la que el problema de la migración en el mundo —junto con la expulsión o el rechazo de los otros, de los distintos— es uno de los temas más urgentes de la actualidad.

Y también, del lado del que se va, ¿cómo se formula el concepto de la nostalgia? Aunque la palabra da idea de tener raíces griegas ('nostos': “el retorno” y 'algos': “el dolor”), el concepto en sí nació en 1678, en la Suiza alemana, vinculado al universo de los militares, definido como una enfermedad. Los militares alejados del hogar desertaban las tropas cuando escuchaban una melodía amada, que exacerbaba el deseo de volver a casa. Por tanto, la música fue prohibida en esos entornos y el impacto fue nombrado por un médico como quien diagnostica un caso de lumbalgia. Nostalgia surgió así como el deseo de recuperar lo propio.

Pero entonces volvemos a la pregunta: ¿qué es lo propio? ¿Podemos sentir anhelo, por ejemplo, de un lugar que no es a priori el nuestro en el sentido tradicional de haber nacido allí? Por supuesto, responde la autora y pasa a narrar cómo ella experimenta ese sentimiento por la isla de Córcega, donde tiene una casa de verano y donde está enterrado su marido, pese a que ella es de París.

Quizás la misma nostalgia —el hecho de que aparezca— es lo que determina cuándo algo es o no nuestro, ya que no suele sentirse anhelo de lo que no se ha incorporado a nuestro cosmos emocional. Por otra parte, dice, Kant señalaba que los nostálgicos solían sentirse defraudados, pues lo que se busca no es el lugar de la juventud sino la juventud en sí, o dicho de otra manera: aquello que ya nunca será igual.

Asentarse en un nuevo sitio es definido como “naturalizarse”, lo que principalmente significa adoptar la lengua local, sinónimo de enterrar o dejar en segundo lugar la lengua natal. Al huir de Alemania en 1933, la filósofa Hannah Arendt se afincó en Estados Unidos y obtuvo la nacionalidad. En las entrevistas dijo que jamás había sentido amor por una tierra o una idea de pueblo, sino solo por su gente. Y precisó que siempre se negó a perder lo insustituible: la lengua materna, la única en la que es posible inventar.