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CRÍTICA

'Carta oberta a Salvador Dalí', de Salvador Dalí: correspondencia con uno mismo

Esta obra, escrita por el propio artista, debe ser leída como retrato y a la vez como herramienta de construcción de una personalidad, no como la reconstrucción fidedigna de una vida

Retrato de Salvador Dalí.

Retrato de Salvador Dalí. / EFE

Anna Maria Iglesia

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Barcelona
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"Creo que soy mejor escritor que pintor. Y en esto coincidía con mi padre. Lo importante de mi escritura no es el estilo, ni la sintaxis, ni los recursos discursivos; lo importante de mi escritura es sencillamente lo que digo, y esto llegará el día en que será aceptado", afirmó Salvador Dalí (Figueres, 1904-1989). No hay un exceso de vanidad en esas palabras, ni siquiera deben leerse como una provocación, si bien la provocación era inherente al genio: "Mis excentricidades son actos concentrados, deliberados. No son ninguna broma, sino lo que más cuenta en mi vida", llegó a afirmar.

No se trata de establecer jerarquías entre talentos, pero de lo que no hay duda es de que Dalí fue un escritor excepcional en catalán, castellano y francés, lengua con la que firmó la que probablemente es su obra maestra: 'Vida secreta de Salvador Dalí'. En francés escribió también 'Carta oberta a Salvador Dalí', que Edicions del Cràter publica ahora en catalán con traducción de Valèria Gaillard y que no se incluyó en las obras completas publicadas en 2004, en el centenario del nacimiento del artista.

Como 'Vida secreta' y 'Diario de un genio', 'Carta oberta a Salvador Dalí' es también un texto que podríamos definir como autobiográfico. Los tres, a los que habría que añadir los diarios de juventud, conforman el corpus biográfico de una obra literaria extensa, donde la ficción fue testimonial -Dalí solo escribió una novela, 'Rostros ocultos'- y donde lo ensayístico, a través de libros y artículos, ocupa un espacio más que destacable. Sin embargo, de la misma manera que cabe señalar que lo biográfico impregna gran parte de toda su obra, tanto la literaria (incluida la parte ensayística) como la pictórica, hay que advertir del carácter imaginativo de los textos biográficos: no se busca la fidelidad de los hechos, sino la construcción de una identidad, el afianzamiento de un personaje.

No hay un orden cronológico que organice el relato y la lógica interna no es más que la ilógica y, solo aparente, aleatoria asociación de ideas

'Carta oberta', como los otros dos libros, debe ser leído como el retrato y a la vez como la herramienta de construcción de una personalidad, y no como la reconstrucción fidedigna de una vida. Es ejemplar al respecto, puesto que se construye a través de una serie de misivas que el propio Dalí se envía a sí mismo, cartas en las que encontramos las distintas personalidades del pintor: el "avidadollar" -tal y como lo definió André Breton por sus ansias de ganar dinero-, el "genio", el venerado o el Dalí sin más.

Distintas personalidades

El autor pone de esta manera en escena las distintas personalidades del artista que discuten y se confrontan entre sí. No hay un orden cronológico que organice el relato y la lógica interna no es más que la ilógica y, solo aparente, aleatoria asociación de ideas. De ahí una prosa en la que la puntuación no sigue las reglas normativas y una voz narrativa no homogénea: nos encontramos cartas en las que claramente el emisor apela al receptor, cartas en las que la figura del receptor se desdibuja y que remiten más a la escritura diarística, y cartas con una fuerte connotación ensayística.

En efecto, la pintura es objeto central de las disquisiciones entre las distintas personalidades de Dalí, disquisiciones todas ellas en las que el objeto es la pintura y la filosofía, en sentido amplio -del psicoanálisis a la filosofía moral-, la clave de lectura, el lugar desde donde pensar estética y formalmente la pintura y desde donde pensarse como sujeto múltiple y contradictorio. En literatura, como en cualquier arte, el cómo es el qué, y Dalí era plenamente consciente de ello. Si bien afirmaba que lo importante de su literatura era lo que decía y no el estilo, sabía bien que aquello que decía era inseparable de la manera -la puntuación, la prosa, los términos empleados, la (des)estructura, la asociación de ideas…- en la que lo decía.

Dalí fue un maestro de la forma y del trazo, tanto en pintura como en literatura, de ahí la dificultad a la hora de traducir un texto que crea sus propias normas, un texto a través del cual el autor -lo mismo podría decirse de James Joyce- crea una voz distinta, compleja y hecha de tonos contrapuestos. Una voz que crea su propia (des)armonía.

Carta oberta a Salvador Dalí

Salvador Dalí

Traducción al catalán de Valèria Gaillard

Edicions del Cràter

152 páginas. 27,90 euros