Opinión | BOTÓN DE NACAR
Aloma Rodríguez
Erik Satie dando saltos
'Las mil caras de Erik Satie', de Pablo Gallo, es una biografía, además de fragmentaria y sincopada, que tiene algo de 'collage'

Retrato de Erik Satie pintado por Ignacio Zuloaga. / EP
El pintor Pablo Gallo (A Coruña, 1975) es también escritor: el año pasado apareció 'Ojos llenos de árboles', un libro particularísimo que es a la vez crónica arbórea, investigación, paseo por los bosques y picoteo en diarios de artistas como Gauguin. A finales de 2025, año en que se cumplían cien años de la muerte de Erik Satie, publicó en San Soleil ediciones 'Las mil caras de Erik Satie', libro de retratos de Satie y de los amigos de Satie, donde recupera algunas escenas de la vida del músico como si se las contara al propio Satie.
En el prólogo, 'Retrato del músico más raro', Gallo cuenta que fue a ver el retrato que el pintor Ignacio Zuloaga le había hecho a Satie y que el Museo de Bellas Artes de Bilbao acababa de comprar. Vio el retrato y vio una peliculilla, 'Entr’acte', de René Clair, 1924, que se proyectaba en el descanso de 'Reláche', ballet de Francis Picabia con música de Erik Satie.
Aparecían además de ellos dos, Man Ray y Marcel Duchamp, que dijo que la película era “muy dadá”. Escribe Gallo: “Fue entonces, viéndole saltar, cuando pensé que, al escribir esta especie de biografía fragmentaria y sincopada, la mejor manera de acercarme a su figura sería hablándole directamente. Dirigirme a Satie como si lo tuviera delante y, de esa manera, recordarle sus aventuras y desventuras. Como todo el mundo sabe, los fantasmas tienen muy mala memoria. Desean que les recuerden lo que hicieron en vida. Ponerle cara al olvido”.
'Las mil caras de Erik Satie' es una biografía, además de fragmentaria y sincopada, que tiene algo de 'collage': aparecen impresiones de los amigos de Satie sobre el músico y aparecen también textos de Satie. Es un libro invocativo, diría que es el género favorito de Gallo, un género que si no ha inventado él, poco le falta. Gallo retrata a los amigos más cercanos del compositor, muchos de ellos le retrataron, pues eran pintores o fotógrafos, y se produce algo muy curioso: al mirar los ojos de quienes miraron de cerca a Satie logramos verlo mejor a él.
Ese es el reto del libro, que tiene algo muy goloso y seductor en el propio personaje –Satie, músico eternamente pobre, caminante por huir de la bohemia parisina y sus tentaciones, precursor de la música ambient, coleccionista de paraguas y que se resistía a abrir las cartas que le enviaban sus amigos– y en la época: el París de principios de siglo XX, el arte en ebullición, las vanguardias, las peleas entre surrealistas y dadaístas, el desarrollo del cine, la publicación del 'Ulises' de James Joyce, ¡el verdadero 'big bang' cultural!
Satie vivía desde 1898 en Arcueil, “en la periferia del sur de París”: allí “alquilas una diminuta habitación en la que no dajarás entrar a nadie hasta tu muerte”, recuerda Gallo. Tras la biografía sincopada, hay un regalo inesperado: el epílogo, 'Una fotonovela del mundo Satie', que contiene las fotos que hizo Brancusi del edificio donde estaba la minúscula habitación, la escalera y algunas de las cosa que había allí y retratos de Satie, siempre sonriente, siempre con la barba.
Ahora pienso en Satie como en un amigo –esa es la magia que ha operado Pablo Gallo– y tengo unas ganas terribles de lanzarme a buscar esa película de René Clair en la que aparece Satie saltando con sombrero y paraguas.
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