HE VENIDO A HABLAR DE MI LIBRO
Anna R. Alós, periodista y escritora: "Siempre hay algo de venganza en la literatura"
La periodista escribe en el suplemento 'ABRIL' sobre su libro 'Lo que nunca conté'

La periodista Anna R. Alós, autora del libro 'Lo que nunca conté'. / EP
¡Es la hora de la venganza!
En esta profesión de periodista, quien manda es un número que se pasea sin piedad por la pantalla del ordenador.
Es impertinente, inquietante, insolente a veces, un dictador eterno. Me ha perturbado siempre. Es el número de palabras que he de escribir. O el de caracteres, que viene a ser lo mismo, pero en su versión más cruel.
Me enfrento a la orden que indica la maqueta y es innegociable: xxx palabras, las que he de escribir para esta misma pieza que ahora mismo escribo.
Ya voy camino de la ansiedad.
¿Podré contar todo lo que quiero? ¿Qué tendré que dejar en el teclado? ¿Cómo cuento lo ocurrido en tres líneas y que no parezca la lista de la compra? Quito un adjetivo, un punto y aparte, una frase que me encantaba… Ha de cuadrar sí o sí, no hay otra. Lo logro, sí, pero a base de renunciar, no me queda otra.
Pues eso que cuento sucede cada vez que escribo y durante cuatro décadas.
¡Ah! Esta vez no, ha llegado la hora de la insurrección.
Es lo que es el libro 'Lo que nunca conté', escribir sin órdenes, sin ese corsé invisible que a menudo castra las ideas. Es una sucesión de párrafos sin domar, sin necesidad de hacer equilibrios, sin mendigar una sola palabra de más o de menos.
Siempre hay algo de venganza en la literatura. Hasta en la de ficción. ¿Cuántos personajes con feo destino no son sino la réplica de aquel que pisó al autor el juanete?
Lo mío ha sido trabajo de campo. A Voltaire lo invitaban a salones y le pagaban por su ingenio; a mí, por narrar el ingenio de otros. Esa es la paradoja del cronista: contar lo que ve, lo que oye… y fingir que no siente nada.
Aunque nunca supe fingir del todo. Siempre se me coló algo propio entre líneas. Por eso no escribía solo crónicas. Eran 'articrónicas': crónicas con opinión infiltrada, con pulso, con mi rebeldía genética.
En 'Lo que nunca conté', los párrafos respiran. Se alargan si quieren. Se desbordan si les da la gana. No aparece el número invasor en la página. He escrito con rebeldía, sin permiso, hurgando en la memoria, buscando apuntes, recopilando datos… Es una crónica de crónicas, ni más ni menos que eso.
¿Me imaginan entrevistando dentro de un cuarto de baño? ¿Corriendo con el hígado en la boca con Naomi Campbell? ¿Me ven sacudiéndole polvo blanco del vestido a Paulina Rubio haciendo ver que era azúcar de ensaimada? ¿Agarrada a la cintura de Flavio Briatore? ¿Saben que Niki Lauda me salvó la vida?
Sin pretenderlo, envié a Marisa Berenson a comprarse unos zapatos para ocultar los juanetes, desayuné con Tina Turner charlé con Goldie Hawn, le recogí las gafas a Mariano Rajoy, le arreglé la corbata al alcalde Jordi Hereu…
Mi memoria sonríe y, si no fue bonito lo que pasó, le di la vuelta. Porque hay dos cuestiones a las que no renuncio: al queso y al sentido del humor. El queso, por su efecto opiáceo. El humor, porque no puedo vivir sin ese sentido. Si no lo tuviera, moriría de inanición intelectual.
He de acabar ya. No me queda espacio para una palabra más. ¡Innegociable! Como siempre.

Lo que nunca conté
Anna R. Alós
Palabras en Fila
339 páginas
21,85 euros
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