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CRÍTICA

‘Una habitación llena de gente’, de Daniel Keyes: veinticuatro vidas en un solo cuerpo

En este libro, el autor reconstruye el fascinante y complejo caso de Billy Milligan, el primero en el que un diagnóstico de personalidad múltiple se utilizó como defensa en un juicio por violación

Daniel Keyes, autor de 'Una habitación llena de gente'.

Daniel Keyes, autor de 'Una habitación llena de gente'. / EP

Marta Marne

Marta Marne

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Arthur es inglés: autodidacta en física y química, apasionado por la medicina y capaz de leer y escribir en árabe con fluidez. Ragen es yugoslavo: lee y escribe en serbocroata, es experto en armamento y en karate, y tiene una fuerza extraordinaria. Christene tiene 3 años: es inteligente, sensible y sabe leer a pesar de su dislexia. Tommy, de 16 años, es un artista del escapismo: suele ser agresivo y antisocial, toca el saxofón y es experto en electrónica. Y todos ellos, junto a otros 19 nombres, viven dentro de Billy. William (Billy) Milligan fue el primer caso en el que un diagnóstico de personalidad múltiple se utilizó como defensa en un juicio por violación, lo que llevó a su absolución.

A lo largo de las más de 500 páginas de 'Una habitación llena de gente', Daniel Keyes (Nueva York, 1927-Boca Ratón, 2014) reconstruye un caso que resulta difícil de asimilar en toda su dimensión. El libro se abre con el arresto de Milligan, inculpado por varias violaciones y robos, y avanza a partir del desconcierto de los especialistas que lo tratan. No tardan en darse cuenta de que no se trata de una actuación. Quienes trabajaron con él describen cambios no solo en la voz, sino también en la musculatura del rostro, la postura corporal y la expresión de la mirada según quién tomara el control.

A medida que la investigación clínica avanza, el relato se desplaza hacia la infancia de Billy, donde se muestran los episodios de disociación que acabaron dando lugar a identidades completas, diferenciadas y funcionales.

Un caso fascinante

El caso es fascinante en sí mismo, pero es la forma en que Keyes lo construye lo que permite comprenderlo en toda su complejidad. La vida de Billy está atravesada por interrupciones continuas de la conciencia: se duerme y despierta en distintos momentos de su vida sin recordar qué ha ocurrido entre medias, mientras otras identidades toman el control sin que él lo sepa. De niño, aparece en medio de un examen que ya ha resuelto sin saber cómo ha llegado hasta ahí o es castigado por actos que no reconoce como propios. La amnesia es justo el requisito legal que hace posible pensar en su inocencia.

Keyes escoge el camino del rigor y la empatía, dejando a un lado un sensacionalismo que habría sido fácil explotar en un material especialmente propicio para ello

La variación de las capacidades físicas según quién toma el control es uno de los aspectos más desconcertantes del caso. Cuando aparece David, de ocho años, es incapaz de cargar con un petate; cuando emerge Ragen, puede arrancar un retrete del suelo de una celda. No se trata tanto de fuerza como de hasta qué punto la sugestión puede redefinir los límites del cuerpo.

A partir de ahí, el caso plantea una pregunta incómoda: ¿quién responde cuando quien actúa y quien recuerda no coinciden? La sensación de ser castigado por algo que no ha hecho atraviesa toda la experiencia de Billy y pone en evidencia que ni la sociedad, ni el sistema judicial, ni la medicina estaban preparados para afrontarlo. Keyes escoge el camino del rigor y la empatía, dejando a un lado un sensacionalismo que habría sido fácil explotar en un material especialmente propicio para ello.

Una lectura fascinante gracias a la habilidad de Keyes para hacer comprensible un caso complejo sin simplificarlo, incluso cuando esa comprensión obliga a cuestionar nuestras ideas sobre responsabilidad, identidad y perdón.

Una habitación llena de gente

Daniel Keyes

Traducción de Begoña Prats

Duomo

544 páginas

19,90 euros