Opinión | LAS PEQUEÑAS VIRTUDES
Berta Gómez Santo Tomás
¿Es que no nos veis?
En su novela ‘La boca llena de trigo’, Mayte Gómez Molina exige credibilidad para su protagonista cuando se duda de todo

Mayte Gómez Molina, autora de la novela 'La boca llena de trigo'. / Vincenzo Rigogliuso
Los padres de Anna tienen colgado en la nevera el dibujo con el que ganó un concurso en segundo de primaria. Esta precoz obra de arte, que durante años miró a Anna desayunar, la forzaba a superarse, la guiaba hacia su futuro, le entregaba en bandeja un sueño que alcanzar: hacer más dibujos para ganar más premios. Esta es la primera escena de 'La boca llena de trigo' (Anagrama), novela debut de Mayte Gómez Molina. En la segunda, Anna ya es una adulta, coge el teléfono y una voz le anuncia un encargo de 15 cuadros para la galería más importante del país. Ella dice que sí, que claro, porque no sabe qué otra cosa se puede contestar a una petición de ese calibre, especialmente cuando de pequeña ganaste un concurso y el camino parece estar trazado de antemano: tienes talento, has trabajado duro, he aquí tu recompensa. Pero Anna hace tiempo que dejó de creer en la meritocracia. En ese momento, lo que siente es una angustia total y paralizante. La historia empieza aquí.
Admiramos, normalmente, novelas que bordean los temas que quieren tratar sin llegar a enunciarlos nunca de forma directa. Novelas difíciles de resumir, que complican la respuesta a la siempre insidiosa pregunta: de qué va esto. Yo misma combrego con esa admiración, que clama en contra de la literalidad, a favor de la duda, de aplicar nuestra brújula moral para entender y nuestro bagaje para interpretar. En este libro, sin embargo, hay evidencias claras, respuestas orientadas, un mira aquí y después allí. Piensa sobre esto, rasca un poco más. Busca y encuentra. Una novela que exige credibilidad para su protagonista, en un mundo donde todo se pone en duda.
Gómez Molina nos apremia, con prosa limpia y claridad intelectual, a que aceptemos la disonancia: una muchacha de 30 años puede alcanzar su sueño y desmoronarse, estar triste, cansada, asfixiada. Estamos obligados a entender, nos dice la autora, por qué las lógicas de mercado –inclúyase aquí también la necesidad de pagar un alquiler– pueden ahogar la creatividad, la pasión, el querer hacer eso más que ninguna otra cosa en el mundo. Anna, en contra de las acusaciones típicas contra los miléniales, no quiere ganar más dinero para poder ver Netflix, viajar a Bali, beber té matcha cada mañana o pagar un abono del Primavera Sound. Ella solo quiere ser vista, no quiere ganar ni ser derrotada. Podríamos desdeñar a Anna como una mimada, quejica y consentida –y quizá sea todo eso, incluso una egoísta– pero no cometamos su mismo error: pensar que es la única que sufre, que se resquebraja entre culpas y exigencias.
La autora nos abre, entonces, una mirada a un mundo más amplio. El de las mujeres, todas, que en los días más cruciales de su vida piensan cuánto pesan y cuánto deberían pesar. Un mundo donde las demás, al parecer, son siempre capaces de cumplir con lo que se espera de ellas, pero una misma nunca llega a las expectativas. El pensamiento: "Hacer como que sí, aunque sea que no, para no herir a los demás". ¿Es que acaso no nos veis?
Este estreno en la narrativa de la autora se complementa a la perfección con su poemario 'Circuito cerrado de videovigilancia' (Cielo Santo), una suerte de preludio a las ideas que 'La boca llena de trigo' pone en acción. «Ojalá alzar la cabeza del agua / Y recordar que, contra la posibilidad de ahogarse / está la de flotar o cruzar a nado / a la otra orilla / donde mis amigas / me llaman a voces: están celebrando una fiesta».
Habla la voz poética de Mayte Gómez Molina –y digo habla, porque una vez se ha tenido la suerte de escucharla, al leerla siempre suena su voz– como un eco que nos recuerda que es posible que las mismas palabras que durante años han tenido un significado, ahora adquieran otros: sueños, talento, trabajo, amistad, arte. Las miramos ahora por primera vez, con recelo, angustiadas por cómo se entrometen en nuestra propia experiencia; pero también con estremecimiento, con la luminosidad suficiente para ser consuelo: "A veces el truco no está en mirar a lo lejos y hacia fuera / sino en buscar cerca y hacia dentro [...] porque no tienes que ser / nada más que lo que eres / alguien que ha nacido / suficiente gloria es esa".
- El juez ordena a la Guardia Civil que localice al cantante Francisco por un pleito por impago de la pensión a su hija
- La Organización Marítima Internacional avisa a EEUU que un bloqueo del estrecho de Ormuz va contra la ley internacional
- Una mujer de 80 años con escoliosis severa se recupera tras una intervención pionera en Barcelona: 'A los pocos días ya andaba
- Avance quirúrgico: el Hospital de Bellvitge realiza dos doble 'by-pass' para extirpar dos cánceres de páncreas inoperables
- Tania García, educadora, sobre las consecuencias de dormir con tus hijos: 'El cerebro infantil obtiene todo lo que necesita”
- Directo | El Gobierno corrige el decreto de regularización de migrantes para aprobarlo en el Consejo de Ministros
- Cuerpo se aleja de las listas electorales del PSOE para las generales y seguirá sin carné
- Barcelona lleva a votación el traslado del parque de bomberos a la avenida de Sarrià con 860 metros cuadrados más de verde en el entorno