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CRÍTICA DE POESÍA

‘Arqueología del Fuego Nuevo’, de Mario Bojórquez: un poemario imprescindible

Esta obra supone la renovación de su autor, una reinvención desde su propia intrahistoria

El poeta Mario Bojórquez.

El poeta Mario Bojórquez. / EP

Juan Carlos Abril

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El Fuego Nuevo era un ritual crucial cada 52 años para los mexicas, marcando el fin de un ciclo cósmico y el comienzo de otro, renovando la vida material y espiritual. Bajo este paradigma, Mario Bojórquez (Los Mochis, Sinaloa, México, 1968) nos presenta su propia experiencia de regeneración, retomando los hilos ancestrales y aplicándolos a su propia obra, engastándola en una lectura fértil que actualiza y refresca.

'Arqueología del Fuego Nuevo' despliega una recuperación de estilos y modulaciones estilísticas, los cuales pertenecen a un repertorio íntimo, con sus predilecciones, sus aprendizajes y su historia sentimental. Las siete secciones nos muestran a un Bojórquez distinto, que es a la vez el mismo, cargado de erudición y cultivando diferentes estrofas, acrisolando cada una de ellas.

Abre el poemario una ofrenda votiva, 'Retrato de Glafira', musa de la que se irán desgajando las sucesivas partes, con distintas advocaciones: Consuelo en 'Idilios', Helena en los sonetos, o solo intuida: «Dejo señales. / Marco territorios. / Te acerco mi aliento / en todas direcciones. / El animal en brama. / La pasión primitiva» (34).

El referente se oculta tras la forma, que al fin y al cabo es el fondo. «Ese que soy yo me mira / como si no creyera lo que ve, / me ve y no se mira en mí» (71). Pero detrás del fondo, ¿qué hay? Debemos recurrir a las palabras del propio Bojórquez, quien posee a Miyamoto Musashi como interlocutor: «Me convertí en la brisa del río que envolvía el rostro de mi adversario / Había alcanzado el momento en que ya no hay visión ni sueño / La gran imagen del mundo vacío» (91).

Virtuosismo

Los versos rompedores de 'Prosas de mi Transiberiano, en homenaje a Blaise Cendrars; recordemos que, en la liturgia medieval, las prosas eran cantos que se regían por paralelismos, frente al rigor métrico de otras partes de la misa. Los fragmentos simbolistas de amor pleno de 'Prosas de la miel amarga'; los epigramas de 'Idilios', que relatan una relación amorosa feliz, bucólica o que describe una vida rústica, como este: «De la vida oprobiosa nada nos toca / en su amargo destino, / pena tras pena, / asoma un rayo de alegría a los ojos, / somos acaso y contingencia; / si quedamos en algunas cosas del mundo, / nada importa / pues habremos de desaparecer» (47).

Mario Bojórquez combina tradición y vanguardia con sabiduría, temple y oficio. La suya es una voz ineludible en las letras mexicanas y, en general, en lengua española

Los 'Sonetos para Helena', donde nuestro autor se recrea en el tratamiento de los temas clásicos con virtuosismo: «me has dejado y me dejo, Helena, un poco / atrás, a un lado, allá, lejos, por fuera» (63). Las 'Prosas del fin del mundo', en las que el sujeto borgiano se objetiva, pierde fuerza el yo para dar paso al texto, que será lo único que nos sobrevivirá: «Cada vez menos yo será esta escritura, / cada vez más pluma sin mí» (73). Con este proceso o notas descriptivas líricas, el poeta se remoza a sí mismo, con un giro o cambio de tono desde el que adquiere distancia.

Una distancia que responde a un extrañamiento, pero que también se asume como identificación, envuelta en una dialéctica contradictoria. Esta vez sí desde lo que la modernidad entiende como prosa, y heredera del poema en prosa baudelaireano, en 'Leprosario (Imágenes de la Ciudad de México)' se rinde tributo a la capital azteca con algunos lugares emblemáticos y nombres decisivos en su historia, atreviéndose incluso con algún palíndromo; y finalmente la 'Arqueología del Fuego Nuevo (Palimpsesto)', donde retoma una idea lúdica del poema y del caligrama, enlazando con la primera sección, más bien de corte experimental: «El rayo en la madera / hace un hueco / y se enciende / arrasando el tejido / vegetal que lo aviva / el rayo ahora es el fuego / el fuego ahora es la llama / carbón tizón hoguera / ceniza calcinada» (115).

Todo este catálogo de subgéneros nos habla de la propia renovación del poeta, que al modo foucaultiano establece una arqueología de su propia intrahistoria para rehacerse o reinventarse. Para seguir viéndose a sí mismo como poeta. Mario Bojórquez combina tradición y vanguardia con sabiduría, temple y oficio. Una voz ineludible en las letras mexicanas y, en general, en lengua española. Un poemario imprescindible.

Arqueología del Fuego Nuevo

Mario Bojórquez

Visor

128 páginas

12 euros