Entrevista al autor de 'La conjura de Lombres'
Edward Carey remata su trilogía 'Iremonger' en un Londres gótico, podrido y grotesco
Blackie Books publica 'La conjura de Lombres', el libro que cierra el ciclo iniciado por 'La maldición de Heap House' y 'La caída de Foulsham'

Edward Carey, en la librería Gigamesh de Barcelona / Pau Gracià

Hará poco más de dos años llegó a las librerías el primer volumen de la serie Iremonger, firmada e inquietantemente dibujada por Edward Carey, un británico que va por el mundo (con los ojos abiertos como platos y una sonrisa con sordina) dando saltos aquí y allá entre la docencia de la escritura creativa, el teatro, la ilustración, los museos de figuras de cera, los títeres y el coleccionismo de cachivaches. Y de la mansión Tudor donde nació a la Universidad de Austin donde ha enseñado y, de momento, a la ciudad balneario de Bath, en el Oeste de Inglaterra, donde se ha refugiado tras salir corriendo de la América de Trump. ‘La maldición de Heap House’ (traducida al castellano por Laura Barahona y al catalán por Elena Martí para Blackie Books) era el inicio de un intrigante recorrido, gótico, oscuro, siniestro, grotescamente fantástico y militantemente dickensiano, que partía de los vertederos de basura del Londres victoriano, pasaba por las factorías de aquella Inglaterra de la explotación infantil en ‘La caída de Foulsham’ y nos deja en una explosión de basura y detritus que sepulta a la mismísima reina Victoria, en plena sesión de apertura del Parlamento de Westminster, en el cierre de la trilogía, ‘La conjura de Lombres’.
Lombres es Londres para la endogámica dinastía de tratantes de basura, los Iremonger, que viven en una versión alternativa, podrida y contaminada hasta el tuétano de la capital de un Imperio que hundía sus pies en la explotación (y en la mugre). Cada uno de ellos (primero recluidos en la mansión desde donde regentan su pequeño imperio, luego vagando ominosamente por Lombres/Londres) tiene un objeto de nacimiento. Solo el protagonista del libro, el rebelde Clod Iremonger, es capaz de oír cómo susurran desesperadamente un nombre. Un nombre de persona. Todo el libro da vueltas a una de las obsesiones de Carey, los objetos aparentemente más banales.

Foulham, la ciudad de la basura, por Edward Carey / Edward Carey
Carey ha pasado por Barcelona para presentar el cierre de la trilogía Iremonger (y una de las primeras cosas por las que preguntó fue por el horario y localización de cualquier mercadillo, rastro o lugar similar; fue evidentemente dirigido a los Encants; el Museu Marès lo encontró él solo, y le fascinó). “Los objetos son residuos de nuestras vidas. Una vez morimos son lo único que dejamos para explicar nuestra historia. Quizá también nuestros escritos, pero los objetos la contienen. Puedes sentirlo”, explica Carey. “Cuando hago de ‘mudlarker’ en el Támesis, a cada marea baja del río salen a la superficie diferentes vidas humanas pasadas, que se han olvidado pero que estuvieron en esos objetos. Como cuando paseas por una ciudad como Barcelona y ves diferentes capas temporales: existimos todo el tiempo en todos los tiempos simultáneamente”.
Durante su visita, Carey se interesó por el ‘caganer’ (y se llevó alguno de recuerdo). Le explicamos que vendría a ser un contrapunto humorístico y terrenal a la escena del Nacimiento. Y que quizá en ‘La conjura de Lombres’, esa reina Victoria cubierta completamente de mierda es su ‘caganer’. “Esa fue la idea inicial del libro. ¿Podía? ¡Por qué no! Yo no podría escribir un libro sin humor. Es parte de la naturaleza humana. Y, por supuesto, de la tradición inglesa. En las obras de algunos de nuestros grandes artistas ingleses, Dickens, por supuesto, también Shakespeare, allí siempre está el humor. Pienso también en el gran dibujante William Hogarth; en él hay una línea muy fina entre el absoluto horror de la pobreza y la miseria y el humor, el ver a un ser humano desde la distancia y reírse de él o reírse con él para explicar que eso es lo que somos y así es nuestra vida.”.
¿Que en su trilogía las personas sean convertidas, literalmente, en objetos, es prácticamente casi una alegoría marxista? “A ver, no quiero adoctrinar. Ese no es el papel del novelista. Su papel es hacer preguntas, llevar a la gente a que reflexione. Pero yo realmente quería situar la novela en el auge del Imperio, cuando Londres era la mayor ciudad del mundo y el Imperio británico estaba haciendo tanto daño. Así que la planteé políticamente también. En particular, tenemos a políticos que son, literalmente, marionetas. Y pensé hasta dónde podía hacer llegar esto. Nuestros políticos están aterrorizados por gente que está por encima de ellos”.

La mansión de los Iremonger, dibujada por Edward Carey. / Edward Carey
Pero Carey no solo pensaba en el Reino Unido. “Lo escribí en Texas, por lo tanto en un estado de terror. Con los estudiantes autorizados a llevar armas escondidas. Y ahora [escribió la trilogía hace ya 10 años] es cada vez más peligroso, especialmente para los jóvenes. También en la universidad hay un ataque generalizado a las humanidades, y han acabado con los estudios de género e igualdad, atacan los estudios afroamericanos… La moral en la universidad está por los suelos, se está hundiendo. Es peligroso ir por la calle, hay agentes del ICE por todas partes, disparan a la gente… no es la América en la que empecé a vivir hace 20 años. Bajo Trump todos los valores de lo que yo pensaba que formaban parte de América han sido destruidos a una velocidad alarmante. Hay un sentimiento de terror generalizado. ¿Ahora resulta que Europa es el enemigo? Nada tiene sentido. Mi mujer es americana, pero ella también quería irse de allí”.
Ese terror se infiltra en su trilogía. “En las novelas hay niños que son eliminados, y tenía en mi mente cómo de crueles pueden ser las generaciones más ancianas con las jóvenes. Tenía en mente EEUU, pero también todas las historias de abusos infantiles en hospicios en Europa”. ¿Dickensiano? “Sí, pero la crueldad con los niños no acabó con la era victoriana. Todo esto es contemporáneo. Y más que en Dickens, aunque lo amo, pensaba en un contemporáneo de él, Henry Mayhew, un periodista que entrevistó a gente de todo Londres para escribir ‘London Labour and the London Poor’. Recogió en esas extraordinarias entrevistas la voz de la gente que trabajaba en las alcantarillas y dormía en las calles. Dickens no exageraba nada, esas vidas reales eran tan extrañas como interesantes. Y en mi trilogía también he tratado de que suenen estas voces, muchas y muchas de ellas”.
En su libro no solo hay miseria. Hay un ‘arriba y abajo’. “Exactamente. Pero quise hacer una nueva versión de ‘Upstairs Downstair’ en la que el piso de arriba esté también lleno de ratas, gaviotas y objetos robados. Que sea una mansión de grandes ladrones. En el tercer libro finalmente llegamos a Londres. Y le quería dar una vuelta, intentar que se sintiera cómo era realmente en los tiempos victorianos, no una gran maravilla del mundo sino una ciudad de contaminación. Y una casa victoriana… no hay luz en ella, está llena de objetos que te hablan y te asfixian…”
Podríamos decir que el mundo de Carey podría ser recreado visualmente solo por alguien como Tim Burton. Si no fuese porque el propio autor ya lo ha hecho. Las novelas de Carey son al mismo tiempo libros ilustrados, con sus dibujos de personajes macroencefálicos, de ojos atónitos, y de seres grotescos. “Sí, para mí es algo absolutamente integral. Tengo que hacer las dos cosas. No puedo entender del todo un personaje hasta que lo puedo ver físicamente, y por eso los dibujo nada más empezar”. De hecho, uno de sus libros aún pendientes de publicar en España nació de una exposición encargada por el parque dedicado a Pinocho en la ciudad italiana de donde su creador, Carlo Collodi, tomó su nombre. “Amo los objetos, siempre escribo sobre objetos, y Pinocho es como el santo patrón de los objetos. Un objeto que quiere ser persona. Leyendo ‘Pinocho’ una y otra vez, me dí cuenta de que Gepetto se pasa dos años dentro de la barriga de una enorme ballena y no sabemos nada de esa experiencia. Él es un artista, así que imaginé qué arte produciría mientras estaba dentro del vientre de la ballena. Y eso se convirtió en un diario, que acabó siendo una novela”.
Pinoccho no nos lleva solo al poder de los objetos. También a las marionetas, y por lo tanto, el teatro, su otro gran interés. Y esa es su siguiente novela. ‘Edith Holler’ se desarrolla en un teatro de la ciudad donde se crió, Norwich. “Está ilustrado con una de mis pasiones, un teatro de juguete victoriano, de manera que puedas recortar la novela y convertirla en un teatrillo. Porque de hecho, al principio yo solo quería ser autor teatral. Trabajé en teatros en Londres, en Rumanía (allí viví seis meses dentro del teatro), en Lituania… Después de la universidad tuve muchos trabajos precarios. En Madame Tussauds y de bedel en un teatro del West End. A mí me tocaba abrir las puertas por la mañana, y todo ese maravilloso teatro victoriano era para mí”.
Se trataba nada más y nada menos que el Comedy Theatre, rebautizado hoy como el Harold Pinter Theatre. “Pinter estaba siempre allí. Lo conocí, leyó lo que yo escribía y fue extremadamente generoso. Además de terrorífico como persona. A mí me tocaba también cerrar el teatro, que está justo al lado de Leicester Square. Así que de noche el ruido de las multitudes de la calle llena el teatro, aunque este vacío. Así que parece que esté vivo. Me encantaba pasear entonces por el escenario, entrar en los camerinos, las tramoyas… fueron las últimas manuales de todo el West End”.
Suscríbete para seguir leyendo
- Modi anuncia el encendido del reactor nuclear más avanzado de la India tras años de fallos
- Arabia Saudí y otras petrodictaduras del Golfo ayudarán a Paramount a hacerse con el control de Warner Bros.
- Los endocrinólogos alertan de hasta tres años de retraso en el diagnóstico de la 'enfermedad del cortisol
- Una testigo alertó en el CAP de que el padre del bebé maltratado fue agresivo con él
- El Supremo confirma que un extrabajador del metro de Barcelona sufre una incapacidad total por el amianto
- Sant Pau, primer hospital de Catalunya en recambiar la válvula mitral del corazón con una cirugía mínimamente invasiva
- Trump anuncia una prórroga de dos semanas en su ultimátum a Irán
- Crioablación, así es la técnica mínimamente invasiva con resultados similares a la cirugía en pequeños tumores de riñón