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Opinión | MIRADAS

Pere Sureda

Portadas engañosas

Hay que encontrar la mejor cara para cada libro: no solo debe llamar la atención, también ser coherente con la obra

Tres libros diferentes con la misma imagen en la portada.

Tres libros diferentes con la misma imagen en la portada. / EP

Hay algunas cosas que vienen sucediendo en nuestro sector que no solo no me gustan, sino que, en bastantes casos, me indignan. Seré más explícito. Si los encargados de escoger el DNI del libro, es decir, su cubierta –ya sean ilustradores, el departamento de márketing o el propio editor o editora– no tienen una información creada para esa finalidad y para nada más, el resultado será una carambola.

Para lograr que una portada sea atractiva, quien la realiza debe tener esa información y además debe conocer el mercado donde el libro va a competir; sí, a competir. Y además necesita un espíritu creativo y la flexibilidad necesaria para hacer que esa imagen, sea la que sea, al menos no desmienta el contenido.

Pero necesita más. Necesita ser coherente con la colección en la que ese libro está situado y con los libros de la editorial para la que trabajará. Es decir, encajar una serie de elementos conceptuales que harán que su trabajo esté bien hecho. Esa es la primera premisa. Si lo hace bien, se le podrá discutir desde la subjetividad lo que se quiera. Pero esa subjetividad –legítima si se quiere– nunca podrá demostrar que no hizo bien su trabajo.

Obviamente, al ser la cubierta la primera y a veces única imagen que los libreros y lectores ven de un libro, si además es adecuada gustará. Y eso solo puede beneficiar la marcha del libro. Y, además, mejorar la relación entre escritor y lector. Acercar un libro a un lector, que lo tome de la mesa de la librería y que lo abra, ya lo podemos considerar un éxito. Si además se adentra en él y finalmente lo compra, la labor global del editor será un éxito. Porque el editor no puede llegar más lejos. Su tarea es poner en manos del lector ese y no otro libro. Después, la responsabilidad recae en el escritor o escritora.

No es un proceso sencillo

Aunque parece un proceso sencillo, no lo es. Lo que no es soportable es tomar la primera imagen de un banco de imágenes –Getty, Corbis, Alamy...– y pegarla en la portada, "porque es lo más rápido" y, "como no está mal", "ya servirá". Que no contradiga el libro no quiere decir que seduzca al lector en la dirección correcta. Pondré varios ejemplos sin citar nombres. Cada editorial sabe perfectamente lo que hace. En el terreno de los libros libres de derechos de autor –es decir, de libre publicación–, puedo señalar múltiples casos y uno de ellos es 'El gran Gatsby', de Francis Scott Fitzgerald.

Este libro tiene al menos siete ediciones en curso, todas con portada diferente, lo cual otorga diferenciación; bien, pero no me pongan a una señora en la portada, eso engaña y es negligente. En las novelas clásicas calificadas como románticas, es lamentable el uso y abuso de lienzos clásicos, da igual que sea el jardín de una señorita que lo que "tenemos a mano"; patético. Todo esto sucede más con novelas traducidas y con escritores fallecidos, ya que es más difícil que lo adviertan y se 'quejen'. Con nuestros autores sucede menos. Están más cerca y son más 'pesados', por lo que se cometen menos estupideces.

Creo que se puede publicar y reeditar de todo. Pero honremos el trabajo de editor, perdamos el tiempo que sea en encontrar una cara nueva a cada libro que no solo llame la atención de los lectores, sino que también sea coherente con el texto. Solo con que reflexionáramos seriamente, ya sería un éxito. Y recordemos: las únicas portadas no engañosas son las tipográficas.