Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

CRÍTICA

‘Maite’, de Fernando Aramburu: castillos en el aire

La nueva novela del autor de 'Patria' es un drama femenino enmarcado en unos días salvajes que solo se insinúan

Fernando Aramburu: "Los nacionalistas han entendido que el Estado nación ya no es posible en un mundo globalizado"

El escritor Fernando Aramburu.

El escritor Fernando Aramburu. / Alba Vigaray

Ricardo Baixeras

Ricardo Baixeras

Barcelona
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

La ficción teñida de historia y la historia novelada del País Vasco han convertido a Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) en un buque insignia de la literatura de nuestros días al conformar, con un tono barojiano y una voluntad un tanto galdosiana, un fresco narrativo ineludible. Tanto en 'Los peces de la amargura' (2006) como en 'Años lentos' (2012) e 'Hijos de la fábula' (2023), y, desde luego, en su inmensa 'Patria' (2016), se ha empeñado en convertir su narrativa en el vórtice de unas tragedias personales y comunitarias de unos años salvajes. Este ciclo literario de 'Gentes vascas' obtiene ahora una pieza más, 'Maite', que cartografía cuatro días igualmente salvajes: los del secuestro y asesinato del concejal de Ermua Miguel Ángel Blanco a manos de ETA en 1997.

Ese momento inolvidable de la historia reciente del País Vasco y de España es el marco colectivo y externo que proporciona a Aramburu la estructura de la novela. Hasta tal punto que las cuatro partes guardan una relación estrecha con aquellos días, los que van del jueves 10 de julio hasta el sábado 13 de julio. La estructura interna tiene que ver con la trama de tres mujeres que acaban por confluir en un drama con tintes de suspense y que el autor sabe dirigir con buena mano hasta la última línea, literalmente.

A San Sebastián regresa Elene, una de las hijas de Manoli, viuda altamente independiente y con un fuerte carácter. Hace 13 años, Elene se marchó a Providence, Rhode Island, y se casó con Johnny, con quien tiene dos hijos. El lector se va percatando poco a poco de que este regreso está cargado de medias verdades y que lo que ha estado viviendo con su intransigente familia norteamericana es un verdadero infierno. Solo su hermana Maite, centro neurálgico del libro, va levantado el velo de misterio que ese regreso está suponiendo para Elene.

Un marco cojo

A la par, vamos descubriendo que la vida conyugal de Maite y Andoni, oftalmólogo que durante esos cuatro días viaja a un congreso profesional, también se tambalea. Encerrada en un castillo mental desde el que habla consigo misma, Maite se convierte en un personaje que hilvana su propio hartazgo con las historias de su madre y su hermana, teniendo como telón de fondo esos días en torno al asesinato del concejal del PP.

Uno de los horizontes de expectativas, la tragedia de unos días históricos que Aramburu parece querer indicar que no pueden caer en el olvido, no se cumple

Queda algo cojo este marco que podría haber tenido un desarrollo más amplio y que Aramburu apenas hace emerger. En ese espacio narrativo se intuye un bloque de hielo que no se quiere desarrollar y que solo se apunta, pero entonces no se acaba de comprender demasiado bien por qué se ha querido enmarcar en ese punto álgido de la historia del País Vasco la confluencia del drama femenino.

Dicho de otro modo, uno de los horizontes de expectativas –a saber, la tragedia de unos días históricos que Aramburu parece querer indicar que no pueden caer en el olvido– no se cumple. Tal vez haya querido el novelista dejar solo insinuada la historia de Miguel Ángel Blanco para focalizar el relato en la de las tres mujeres, y ahí sí, con la misma destreza de siempre, imprimir en la piel de las protagonistas los sueños y las pesadillas de unas vidas fracturadas, mal resueltas y capaces de dar cuenta de la orografía invisible y la tectónica subterránea de un territorio que ya no puede narrarse a través de epifanías.

Maite

Fernando Aramburu

Tusquets Editores

344 páginas

22,90 euros