CRÍTICA
'Tareas. Unas memorias', de Geoff Dyer: la vida que se piensa a sí misma
El autor británico vuelve el foco a su infancia y juventud en la Inglaterra trabajadora de los años 60 y 70 del siglo XX

Geoff Dyer. / Pablo García

Si en su anterior libro, 'Los últimos días de Roger Federer', Geoff Dyer (Gloucestershire, 1958), reflexionaba sobre el final de la vida, en 'Tareas' lo hace sobre el comienzo. Su comienzo. No se trata de un volumen de memorias confesional al uso ni de un ajuste de cuentas generacional: Dyer narra su infancia y juventud en la Inglaterra de clase trabajadora de los años sesenta y setenta del siglo XX –padre obrero, madre empleada de comedor escolar–, pero evita cualquier tentación épica o sentimental. Su método es la observación microscópica de los detalles que configuran una vida antes de que esa vida se sepa literaria. Sobresale en las páginas la ética del recuerdo que se impone a la nostalgia. Y, sobre todo, una prosa que convierte lo aparentemente circunstancial o banal en materia reveladora.
Quienes hayan leído 'Yoga para los que pasan del yoga' o 'Pero hermoso', su hipnótico libro sobre el jazz, reconocerán aquí el mismo impulso digresivo, la misma ironía autoexaminada. Aunque en 'Tareas' la dispersión está contenida por un hilo más íntimo, que es el de la maduración de una conciencia lectora y social. No asistimos al nacimiento del escritor como mito, sino a la lenta sedimentación de una distinguida sensibilidad.
Dyer es un ensayista asombroso, capaz de escribir sobre fotografía, viajes, música o guerras con una mezcla de erudición y ligereza bien entendida que rara vez se ve. También es uno de los críticos culturales más deslumbrantes de las últimas décadas. Esa mirada analítica suya no desaparece en el momento en que el foco se vuelve autobiográfico. Ocurre precisamente lo contrario al examinar la memoria con la misma mezcla de escepticismo y asombro que en otras ocasiones ha aplicado a una película de Tarkovski o a una foto de Stieglitz, a una improvisación de Coltrane o una canción de Lucinda Williams.
Hay escritores que parecen haber nacido para habitar en los márgenes, aquellos que conciernen a los géneros, los de la memoria y los de la propia identidad literaria. Dyer es uno de ellos
En 'Tareas' hay páginas memorables sobre la educación pública británica –el brutalismo edificativo de la Grammar School de Cheltenham–, el peso invisible de la clase social y la conciencia temprana de la diferencia. Pero el humor –ese humor seco, apenas subrayado– impide que el relato derive hacia cualquier clase de resentimiento. Cuando la emoción asoma lo hace sin estridencias, como si al propio autor le incomodara cualquier asomo de patetismo.
Vida extraordinaria
Quizá lo más notable de 'Tareas' sea su negativa a convertirse en un relato ejemplar. No hay en él moraleja, tampoco una redención, ni un gesto que anuncie el brillante destino literario de su protagonista. En cambio sí se percibe la constatación de que una vida puede ser extraordinaria precisamente por la forma en que se piensa a sí misma.
En tiempos de ruido, el libro que nos ocupa es una lección de tono y de estilo. A esas virtudes se suma el buen ritmo narrativo del autor, que sabe administrar la información alternando escenas domésticas –el silencio tenso de la casa, el olor de la ropa de trabajo, la televisión como una ventana al mundo– con reflexiones apenas insinuadas sobre el ascenso social y el desarraigo. Acerca del espíritu del racionamiento o la edad que precede a la obsolescencia programada de los objetos que acaban siendo reparados.
El resultado es una música de bajo volumen pero persistente, cadencia que acompaña al lector a lo largo de todo el libro invitándolo a seguir. También hay en estas páginas una reivindicación implícita de la lectura como evasión; los libros son herramientas para ampliar el horizonte de lo posible. Nada solemne, Dyer muestra cómo la cultura puede ser una vía de fuga sin necesidad de romper del todo con el origen.
Hay escritores que parecen haber nacido para habitar en los márgenes, aquellos que conciernen a los géneros, los de la memoria y los de la propia identidad literaria. Dyer es uno de ellos; con una naturalidad que desarma y una inteligencia que ilumina, lleva décadas demostrando que esos márgenes son, en realidad, el centro mismo de la literatura contemporánea. Si no han leído nada de él, nunca es tarde para engancharse a una escritura, creo yo, irresistible.

Tareas. Unas memorias
Geoff Dyer
Traducción de Damià Alou
Random House, 344 páginas, 22,70 euros
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