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Opinión | LA COSA EDITORIAL

Enrique Murillo

Barcelona

¿Por qué es tan difícil encontrar editor?

Seudolibros y seudoautores llenan los catálogos de novedades y no queda hueco para escritores de verdad

El premio Cervantes Álvaro Pombo, quien en 1981, poco conocido aún, había terminado cuatro o cinco novelas que no encontraban editor.

El premio Cervantes Álvaro Pombo, quien en 1981, poco conocido aún, había terminado cuatro o cinco novelas que no encontraban editor. / José Luis Roca

Debido a la exposición pública que me he buscado con mis memorias editoriales, me está llegando un aluvión de mensajes de autores que no consiguen encontrar editor para su obra ni a la de tres. Algunos tienen algún libro publicado, otros son inéditos. Algunos pretenden escribir novelas más o menos comerciales; otros no se preocupan por las ventas, sino que quieren tener unos cuantos lectores de los que son un poco exigentes. O al menos uno solo: el editor, a quien se le supone la exigencia, a veces equivocadamente.

Lo que esos escritores me dicen siempre es que los editores no contestan casi nunca. Cosa que también hacen, eso de no responder siquiera, las agencias, cada vez más numerosas y por lo que veo menos profesionales. Y, sin embargo, nunca se habían superado las 85.000-90.000 novedades publicadas en un año, y ahora se alcanzan fácilmente las 100.000, si se incluyen las autoediciones, que en este caso hay que añadirlas. Y entonces, ¿cómo se entiende eso de que haya tantos libros que no encuentran editor y que simultáneamente se publiquen más libros que nunca?

Por la sencilla razón de que se publican masivamente hoy en día libros de encargo firmados por alguien que no los escribe (pero que tiene medio millón de seguidores en TikTok). Tanto los grandes grupos como los editores menores o chiquitos publican cientos de libros que no ha escrito el 'autor' que los firma. Enloquecido el sector por la necesidad de facturar, lanza actualmente cada vez más novedades al año, a ver si por azar uno de esos libros vende mucho.

El nuevo género de los seudolibros y seudoautores (muy seudo- y muy famosos o famosillos) es lo que llena los catálogos de novedades. Y por eso queda tan poco hueco en las programaciones para los libros que tienen un verdadero autor (que, por desgracia, no tiene fama alguna). En cuanto a los autores que aspiran a publicar en sellos 'literarios', viven en el peor periodo que me ha sido dado ver tras comenzar a trabajar para la industria en 1969.

En 1981, poco conocido aún, Álvaro Pombo había terminado cuatro o cinco novelas que no encontraban editor. Lumen las rechazó. Pombo las mandó todas, de una en una, al primer Premio Herralde. Una de ellas llevaba un tampón: "Obra presentada al Premio Planeta". Los autores españoles más serios ya padecen esa clase de desesperación.

Como el editor no mueve un dedo cuando no ve un claro potencial de gran venta, esa clase de escritores que hacen obras singulares, lejos del oportunismo, de los temas tópicos, se las ven y las desean para publicar, hasta extremos lacerantes. Y no parece que esto vaya a cambiar. Su única esperanza es hacer cola ante los escasos editores serios, cuya capacidad para comprender lo literario es tan grande como escasa su dotación presupuestaria, y que se conforman publicando media docena larga de títulos al año.