CRÍTICA
'Objetos perdidos', de Carlos Zanón: lo cotidiano como milagro
El comisario de BCNegra regresa a la ficción con una novela sobre el proceso de duelo y la reconstrucción

El escritor Carlos Zanón, autor de la novela 'Objetos perdidos'. / Manu Mitru

Existen dos tipos de escritores de género negro: quienes construyen una historia policial con su investigación, su procedimiento y su lógica interna, y quienes, sea cual sea la historia que cuenten, la tiñen de negritud, desolación y desesperanza. Carlos Zanón (Barcelona, 1966) pertenece a los segundos. 'Objetos perdidos' ni siquiera se publica en la colección Black de Salamandra, sino en narrativa. Y, en cierto modo, no es una novela negra.
Tenemos a un protagonista, Álex Gual, abogado, que vive en el hotel Excalibur. Pese a la cercanía de Álex al crimen por su oficio, Zanón elige narrar otra cosa: un proceso de duelo y de reconstrucción, los restos de su relación con Lola K. y el esfuerzo por salir adelante tras el maltrato psicológico.
Las heridas de esa relación, la búsqueda de uno mismo cuando te han pisoteado, la reparación tras la rotura, son el corazón de la novela. Álex es uno de esos hombres criados en una sociedad pensada para ellos, pero incapaz de encontrar su lugar.
¿Cómo vuelves a sostenerte cuando aquello que te dijeron que debías ser se desmorona dentro y fuera de ti? ¿Cómo te defines si los rasgos que marcaban tu hombría ya no sirven? El apego, el cariño y la ternura deberían formar parte de la identidad de cualquiera. Sin embargo, a los hombres se les ha enseñado a desconfiar de todo eso, como si fuese debilidad, falta de carácter –cuando quizá lo más difícil, y lo más valiente, sea abrirse al otro–.
La identidad, mercancía
Mientras intenta recomponerse y recoger sus pedazos, Álex se ve arrastrado a una intriga más propia del 'noir': la muerte de un jugador de rugbi australiano y la desaparición de otro británico, Andy Cox. Señor Paco lo utiliza en una subtrama donde la identidad se convierte en mercancía. Y, en medio de ese engranaje, empieza a abrirse paso una relación que poco a poco se forja con Inés, trabajadora del Donna Summer, uno de los negocios del Señor Paco.
Hemos esperado cuatro años por el nuevo libro de uno de los mejores novelistas de nuestro país. Y la espera ha merecido la pena
Se reconocen los rasgos del autor barcelonés: los barrios como telón de fondo –con fantasmas de los que nunca terminamos de desprendernos–, los perdedores como protagonistas, la derrota, la necesidad de encajar. Pero sube un peldaño más, también en lo formal.
La obra puede parecer desordenada, con subtramas que avanzan a ritmos distintos, pero ese aparente desequilibrio no es un fallo: es una decisión estética. Así se vive cuando todo está hecho pedazos: cuando las noches son eternas y el tiempo se ralentiza o se precipita según el estado de ánimo. Y esa experiencia se sostiene, además, en una prosa de contención, en la búsqueda de la palabra exacta y la frase concisa. Zanón tiene una capacidad poco común para condensar una emoción en apenas unas líneas.
'Objetos perdidos' aborda una parte del maltrato poco narrada: el miedo y el vacío que quedan después. Porque la rotura dura mucho más de lo que imaginan quienes no la han vivido. Porque las cicatrices no se borran. Porque lo cotidiano y la normalidad se convierten en un milagro difícil de alcanzar. Hemos esperado cuatro años por el nuevo libro de uno de los mejores novelistas de nuestro país. Y la espera ha merecido la pena.

Objetos perdidos
Carlos Zanón
Salamandra
272 páginas
22 euros
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