ENTREVISTA
Juan Gómez Bárcena, escritor: "La escritura te da la posibilidad de llegar a la redención"
En unos días llegará a las librerías su nueva novela, 'Abril o nunca', una historia escrita en un momento personal difícil sobre las segundas oportunidades que nunca nos da el pasado

El escritor Juan Gómez Bárcena, fotografiado en Madrid. / José Luis Roca

Si Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984) pudiera volver atrás, regresar a lo ya vivido y cambiar algo, reescribirlo, no tiene claro qué haría. Sí reconoce que piensa mucho en ello, tanto que ha llegado a escribir una novela, 'Abril o nunca' (Seix Barral), cuya premisa es esa posibilidad.
Su protagonista, Daniel, padre de una niña de 13 años, divorciado, es un tipo que mientras atraviesa la crisis de los 40 debe enfrentarse a una pérdida que siempre es trauma pero en su caso más, pues sobre él pesa la culpa de la responsabilidad del fatal accidente que acabó en irreparable tragedia.
Una historia a la que Gómez Bárcena llegó en un momento difícil, según reconoce delante de un café americano en el madrileño barrio de La Latina, y con la que, pese a todo, disfrutó, pues en la escritura de esa ficción encontró el regocijo que entonces le faltaba en su realidad.
Más o menos conforme con el punto en el que ahora está, en lo literario, donde ocupa una posición privilegiada en la narrativa en español, y en lo personal, con sus errores y sus aciertos, el autor se muestra recio, por temor, a descolocar cualquier pieza de ese frágil puzle que es la identidad.
La paternidad es uno de los temas centrales de la novela, un asunto cada vez más explorado en la ficción, sobre todo por autores, como si fuera algo pendiente.
Antes los hombres no tendían a escribir de temas considerados familiares o domésticos, cuando paradójicamente, ya lo dice Woolf, son los temas universales. La verdad es que no he llegado tanto a la paternidad porque lo sienta un tema pendiente, no es un tema que me haya conflictuado mucho a nivel emocional ni sobre el que yo haya reflexionado tanto, es una exigencia simplemente del argumento.
Además de la paternidad, en el libro está el tiempo, un tema recurrente en su literatura, aunque en esta historia desde el punto de vista de cómo revivimos el pasado. ¿Todo hecho recordado es ficción?
Creo que sí. En el momento en el que narras algo, o te lo narras a ti mismo, y eso es la memoria, hay algo de invención. Somos seres narrativos, no podemos vivir sin una narrativa. Yo trato siempre el tiempo en mis libros, pero aquí me interesaba plantearme lo particular que es la experiencia del tiempo interno, cómo en ocasiones, sobre todo en circunstancias particulares como puede ser un duelo, el tiempo se vive de una manera muy extraña.
Se detiene, incluso.
Se detiene, exactamente. Freud dice que el duelo sería una enfermedad mental si no fuera porque está socialmente aceptada.
Antes los hombres no tendían a escribir de temas considerados familiares o domésticos, cuando paradójicamente, ya lo dice Woolf, son los temas universales
Lo parafrasea en la novela: "¿No es el duelo una demencia que toleramos socialmente?".
Efectivamente, eso viene de Freud. Me interesaba cómo a partir de esa experiencia podemos tener una percepción particular del tiempo y qué pasaría si nos la tomáramos en serio, si creyéramos que lo que está sucediendo en nuestra mente está alterando el tiempo.
Pese a que escribe la novela en un momento complicado de su vida y a que en ella aborda un tema tan terrible como la pérdida de un hijo, tengo la sensación de que ha disfrutado escribiéndola.
Sí, es totalmente cierto y me alegra que lo percibas. A veces uno escribe novelas sobre temas no especialmente tristes, pero se percibe un poso de tristeza, y a veces uno escribe una novela más oscura, como puede ser esta, y sin embargo se puede sentir un cierto espíritu de regocijo. Es difícil ligar el estado de ánimo con lo que uno escribe.
A mí me pasa al contrario.
Ah, ¿sí? Pues yo sí lo desligo porque, por lo menos en mi caso, escribes lo que querrías. Por ejemplo, si estoy en un momento más de frialdad emocional me desplazo a un lugar donde hay mucha emoción y esto me conecta con mis emociones. La escritura no es exactamente el lugar donde estoy, sino quizás el lugar a donde me gustaría estar, y por ende con la escritura como que allano el camino para que eso suceda.
En la novela, la culpa es muy importante. Me interesa el manejo de ese sentimiento como motor creativo. Es decir, ¿cómo opera la culpa en nuestro deseo de escribir?
Cuando escribes, reconstruyes la realidad, incluso aunque estés escribiendo ficción pura estás escribiendo un mundo tal y como querrías que fuera. En cierto modo, uno está resolviendo o puede resolver cuentas pendientes a través de la escritura. En mi caso sucede a partir de la noción del trauma, no el trauma incapacitante o patológico, pero sí pequeños conflictos que uno no resuelve y a través de ciertos patrones narrativos es como si estuviera reviviendo la situación traumática pero al mismo tiempo resolviéndola, que es una cosa que generalmente el traumado no puede hacer. En la escritura tienes esa capacidad creativa, puedes revivir algo, pero al mismo tiempo lo transformas y esa transformación puede ser muy productiva. Si tú tienes cierta noción de culpa hacia algo del pasado, hay algo de posibilidad de llegar al perdón a través de la escritura, a la redención, y creo que son todo motores que uno puede tener.
La escritura no es exactamente el lugar donde estoy, sino quizás el lugar a donde me gustaría estar, y por ende con la escritura allano el camino para que eso suceda
¿Y sobre sus libros? Es decir, esto podría haberlo hecho mejor...
Fíjate, ya no tengo esa noción. Lo tenía mucho al principio, me peleaba mucho con lo primero que escribí, me daba vergüenza que estuviera en redes o en una librería. Pero ha llegado un momento en el que estoy muy en paz, pienso, bueno, el Juan de 30 años, el de 35, era lo mejor que podía hacer y lo hizo y eso tiene un mérito y en atención a ese Juan que yo ya no soy pero que era me parece bien que ese libro exista.
"Las cosas solo pueden ser verdaderas una vez, el resto es repetición", dice en el libro. ¿También en la literatura?
Muy posiblemente, yo creo que hay cosas de los primeros libros que no vuelven a ser, pero también en el amor, incluso aunque vivas a determinada edad el mayor amor de tu vida vida, siempre hay ciertas cosas que no vivirás por primera vez. Esa primera semilla de lo que viviste ya no va a estar, pero no lo veo con nostalgia ni como un problema.

Juan Gómez Bárcena, fotografiado en Madrid. / José Luis Roca
La crisis de los 40, en la que usted y yo estamos inmersos ahora mismo y también Daniel, su protagonista. ¿Se combate escribiendo?
Yo creo que sí. Se combate renarrándose. Jung dice que en todas las culturas hay momentos que uno siente que ha llegado al ecuador de su vida y que lo que viene por delante ha de ser distinto, que de algún modo uno ha habitado unas experiencias que le han constituido un aprendizaje y uno se pregunta el aprendizaje para qué. Entonces, la renarración me parece importante. Uno se cuenta todo el tiempo y el problema es que a veces se cuenta con atraso, aprendes a verbalizar lo que eres, pero a veces ocurre que el discurso que tú tienes de ti se ha fosilizado y ya no se corresponde con quien eres, pero te sigues contando de determinada manera. A veces hay algo como de muda de piel, de la necesidad de romper ciertos corsés que se le quedan a uno estrechos. Por lo tanto, la escritura, sí, claro, incluso aunque hables de un viaje a Marte, estás hablando de ti.
¿Y cómo se refleja el paso del tiempo en su escritura?
Yo no concibo tanto mi carrera como un camino hacia algún lugar, sino como múltiples caminos que dentro de una senda principal se desvían para ver determinados parajes y a veces hay caminos que convergen y caminos que se alejan. Me gusta que mis libros sean distintos, que tengan desafíos distintos. Para mí un libro es una experiencia de descubrimiento como escritor. No escribo para contar algo, escribo para descubrir algo yo. Ese camino para el lector está también, es un placer cuando te pueden acompañar en ese camino, pero lo importante es mi propia experiencia.
¿Y qué le ha aportado la experiencia de escribir esta novela?
Por ejemplo, que puedo narrar el presente con cierta soltura. Daniel es un hombre que tiene muchas dificultades para habitar el mundo en el que está, que es algo que muchos podemos sentir en algún momento, la de habitar en el aquí y ahora, estar conectados con lo que sucede.
¿Usted cómo consigue habitar en el aquí y ahora?
No lo consigo. A muchos nos pasa que vivimos con una desconexión de la mente y el cuerpo. Con el tiempo me doy más cuenta de que no soy tanto una persona muy mental como una persona muy emocional que ha encontrado en lo mental un buen refugio.
Hay veces que eliminamos responsabilidades en la calidad de nuestros vínculos y cuando un vínculo no nos da exactamente lo que queremos lo llamamos tóxico y lo alejamos
¿Y se ha olvidado de su cuerpo?
Sí, creo que uno se olvida, o que puede ocurrir. Puedes olvidarte de los placeres inmediatos por aquello de que parecieran superficiales, pero qué no hay superficial en la vida humana y hasta qué punto lo superficial no es una forma de profundidad, cómo vivir siempre hipotecado a un futuro o a unas exigencias o unas responsabilidades o a una supuesta moral es no llevar una vida auténtica, por otro lado. A veces tenemos que conectar más con el gasto y menos con el ahorro, tanto a nivel económico como energético.
La amistad en la madurez y entre hombres está, igualmente, muy presente en la novela. Me pregunto si asistimos a una reformulación de la masculinidad desde la ficción.
Yo no confío en las reformulaciones estructurales, en creer que de repente los hombres van a ser de un modo distinto a lo que son. En cierto modo nuestro tiempo es muy idealista, en el sentido de creer que diagnosticando problemas pueden resolverse por cierta fuerza de voluntad o por cierta reformulación. Yo no creo en eso. Lo que sí que creo es que podemos poner el acento en lugares distintos. Que haya cosas que no se puedan modificar por completo no quiere decir que no debamos prestarles atención.
¿Y podremos eliminar el adjetivo tóxico asociado a masculinidad?
Va llegando hora de que eliminemos en general el adjetivo tóxico, porque claro que hay cosas tóxicas, hay cosas que producen malestar o daño. Vivimos en un tiempo de irresponsabilidad, en el sentido de que es más cómodo decir que la persona que está a mi lado es tóxica y menos cómodo decir estoy en una dinámica tóxica. Hay veces que eliminamos responsabilidades en la calidad de nuestros vínculos y cuando un vínculo no nos da exactamente lo que queremos lo llamamos tóxico y lo alejamos. Lo tóxico es nuestra obsesión por encontrar siempre confort en el contacto con los demás. No siempre vamos a encontrar confort en el contacto con los demás, como no siempre encontramos placer en el trabajo. A mí me encanta escribir, no siempre es placentero escribir. Me encanta mi familia y no siempre es placentero formar parte de mi familia. Hay que asumir determinada cantidad de tolerancia a lo que no es confortable.

Abril o nunca
Juan Gómez Bárcena
Seix Barral
368 páginas / 21,90 euros
A la venta el 4 de marzo
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