Opinión | OPINIÓN

Periodista. Director del suplemento 'Abril' de Prensa Ibérica. Miembro del Comité Editorial de EL PERIÓDICO
El cero que enfrenta al sector del libro
El debate existe, y es interesante y de calado, porque afecta a la industria editorial en general diferenciando sus dos realidades, que precisan cuidados diferentes: la económica y la creativa

Mesa de novedades de una librería. / Alba Vigaray
Será la última entrega sobre este tema. Mi artículo sobre el 49% de esos libros que venden cero ejemplares ha liberado un debate existente en el mercado. No es una sorpresa en su profundidad, pero sí en sus características. Siempre pensé que editores y libreros estaban en un mismo barco. Y lo están. Sin embargo, parece que en camarotes y plantas diferentes. Y ya recordamos el Titanic.
El texto ha motivado que los compañeros del suplemento hermano 'Activos', especializado en el sector económico, anuncie un informe exhaustivo sobre el sector editorial. Los datos fríos siempre explican cosas.
En las últimas semanas he recibido felicitaciones y críticas. Por supuesto, interesan las segundas. De ellas extraigo la relacionada con los diferentes números de ISBN. Estas siglas son la matrícula de un libro. Un único título puede tener diferentes referencias, sea de bolsillo, de tapa dura, ilustrado y un largo etcétera. Por lo tanto, pueden venderse diez ejemplares de bolsillo o cero de tapa dura. Revelador. Pero no parece este detalle concreto capaz de variar los porcentajes.
En España se publicaron en 2024 unos 89.000 libros, cada uno con su ISBN. Si lo multiplicamos por diez, significaría que en la última década se habrían editado casi un millón de títulos; digo casi, teniendo en cuenta que la horquilla va de 60.000 a 90.000. Los más preocupados por esta situación son los libreros.
Es cierto. Su queja está relacionada con el exceso de gestión de cada referencia. Pero eso siempre ha sido así. Sólo hay un sector que supera estas cifras, y es el de las ferreterías. Lo cierto es que el debate existe, y es interesante y de calado, porque afecta a la industria editorial en general diferenciando sus dos realidades, que precisan cuidados diferentes: la económica y la creativa. Que se piquen las dos no es bueno para nadie. Sobre todo para la literatura.
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