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ENTREVISTA

Jeanette Winterson, escritora: "El arte me salvó, me dio fuerza, me dio esperanza"

Es una de las autoras más vanguardistas de la literatura contemporánea, como demuestra, una vez más, en su último libro, 'Un Aladino y dos lámparas', una oda al poder de la imaginación del que charló con el suplemento 'ABRIL' unos días antes de visitar Barcelona

La escritora Jeanette Winterson, autora de 'Un Aladino y dos lámparas'.

La escritora Jeanette Winterson, autora de 'Un Aladino y dos lámparas'. / José Luis Roca

Inés Martín Rodrigo

Inés Martín Rodrigo

Barcelona
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Jeanette Winterson (Mánchester, 1959) fue dada en adopción al poco tiempo de nacer. Pero cayó en la cuna equivocada, pues sus padres adoptivos eran cristianos evangélicos. El fanatismo religioso de su madre, sobre todo, se convirtió en una condena para la pequeña, que recibía golpes y pasaba noches enteras en la calle, castigada por haber incumplido algún precepto divino. Mientras la obligaban a vivir entre las cuatro restrictivas paredes de la Biblia, ella descubrió 'La muerte de Arturo', de Thomas Malory.

Ese hallazgo fue la puerta de entrada a un nuevo y placentero universo, el de los libros. Los sacaba de la biblioteca, los leía con fruición y los guardaba bajo la cama, hasta que su madre la descubrió y los quemó todos. En esa pira encontró la fuerza para seguir adelante, fue una especie de fuego redentor para ella.

A los 16 años, se enamoró de una chica, su madre la denunció y fue expulsada de aquella comunidad de extremistas. En su huida encadenó diversos trabajos –condujo una furgoneta de helados y trabajó en una funeraria y en un hospital psiquiátrico– y en 1979 logró entrar en la elitista Universidad de Oxford.

En 1984 escribió su primera novela, 'Fruta prohibida', en la que empezó a transformar la vida vivida en literatura, un refugio, un lugar seguro donde existir según sus deseos. Hoy, Winterson es una de las autoras anglosajonas más vanguardistas.

Lo demuestra, una vez más, en su último libro, 'Un Aladino y dos lámparas', una oda al poder de la imaginación que presentará en el CCCB el 26 de febrero y del que charló con el suplemento 'ABRIL' días antes de su visita a Barcelona, donde además será investida Doctora 'Honoris causa' por la Universitat Oberta de Catalunya.

Todos, o casi todos, conocemos la historia de Sherezade, pero dudo que alguien haya leído 'Las mil y una noches' como usted lo ha hecho para escribir este libro.

Sí, tienes toda la razón. Yo quería hablar de esta mujer tan extraordinaria, Sherezade, que usa el poder de contar historias para salvar su vida. Es capaz de reemplazar el deseo de sangre de este hombre tan poderoso, el sultán, que lo único que quiere es tener sexo con chicas y matarlas luego, algo que podemos ver en nuestro mundo. Sherezade coge esa narrativa de destrucción y muerte y la convierte en algo que tiene un futuro, que es creativo. Pensé que era un buen momento para mostrárselo a los lectores que no habían llegado hasta ahí.

Uno de los ejes del libro es la importancia del poder de la imaginación, o “la gran ciudadela de la mente”, como usted la denomina. Dice que ahí empieza todo, y me parece un mensaje pertinente, necesario y hasta revolucionario, dado el mundo en el que vivimos.

Sí, creo que olvidamos el superpoder de los seres humanos, lo que nos marca y nos diferencia de cualquier otro ser de este planeta, que es nuestra capacidad de imaginación. Todo lo que hemos hecho ha sucedido porque alguien ha tenido una idea y eso es algo extraordinario, porque significa que todo empieza en la mente. Y me preocupa que los gobiernos, los tecnócratas, no quieren valorar el poder de la imaginación. Todo es tecnología, todo es el hecho, pero olvidamos que los seres humanos siempre han amado contar historias, crear mundos nuevos. Eso deberíamos estar animando a que nuestros hijos hicieran, y es lo que quiero devolver a la sociedad.

Me preocupa que los gobiernos, los tecnócratas, no valoran el poder de la imaginación. Todo es tecnología, todo es el hecho, pero olvidamos que los seres humanos siempre han amado contar historias

Eso me lleva a preguntarle por el impacto que nuestra capacidad de imaginar puede llegar a tener en la realidad. ¿Podemos cambiarla?

Sí, creo que podemos. Ahora todo el mundo está aterrorizado con la Tercera Guerra Mundial, con la distopía en la que vivimos, estamos bajo la garra de personas muy poderosas que tienen sed de sangre, pero tenemos que ser capaces de imaginar una salida. Todos los progresos, desde los derechos civiles al voto femenino, se han conseguido porque la gente se ha agrupado y ha soñado una manera mejor de vivir. Tenemos que utilizar esta revolución tecnológica que estamos presenciando, y que no podemos negar, para el bien. No vivimos conforme a un Dios que nos dice cómo vivir, ni siquiera conforme a una ley física, es algo que inventamos a medida que avanzamos. Las sociedades cambian porque contamos historias, y para hacer eso se necesita una imaginación activa. Cuando tu imaginación es potente puedes ver la diferencia entre la verdad y la mentira, y en el mundo actual necesitamos ser capaces de ver la diferencia entre lo real y lo falso.

Otra tesis del libro es cómo influyen nuestros relatos en las creencias. Me interesa esa palabra, creencia, y cómo está relacionada con las narrativas heredadas.

Sí, no nacemos como un folio en blanco. Venimos al mundo con unas configuraciones de fábrica: lo que creen tus padres, la historia de tu país... Todo eso son datos que nos hacen ser quienes somos como personas individuales. Y la única manera de desafiar esos datos es hacernos preguntas imaginativas: ¿Quién soy? ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué es lo que realmente creo? ¿Qué es lo que defiendo? ¿Qué me preocupa? ¿Cómo me he metido en esta situación? Tienes que ser curioso, y eso lo permite el poder de la narrativa. Si eres un lector, si vas al teatro, si ves películas, entiendes cómo las narrativas se conforman.

La escritora británica Jeanette Winterson.

La escritora británica Jeanette Winterson. / EP

El libro, desde su título, presenta dos alternativas: la lámpara de lo material o la de la creación. Está claro por cuál se decanta usted, también cuál elijo yo, pero me pregunto si esa opción es también la preferida por la sociedad actual.

No, no lo creo. Los seres humanos son bastante decepcionantes, estamos obsesionados con el poder y el dinero, y creo que no tiene que ser así. Me encantaría que nuestro mundo avanzase a un lugar mejor antes de que llevemos al planeta a una catástrofe tal que no podamos vivir aquí. Estamos en una época muy crítica y no creo que la tecnología vaya a resolverlo, no creo que la política vaya a resolverlo, no creo que estos hombres de derechas multimillonarios populistas vayan a resolverlo. Lo que yo me pregunto es qué enfoque imaginativo haría que nuestras vidas fuesen mejores. Cuando vas a una biblioteca puedes lidiar con lo que sucede en el mundo mejor que si sólo estás constantemente haciendo scroll en tu móvil. Leer le da forma a tu mente, te ayuda a pensar, a sentir, a gestionar el mundo. Eso es lo que debemos enseñarles a los niños en los colegios. Si todos lo creyésemos, viviríamos en un mundo muy distinto.

De hecho, la lectura es un acto bastante subversivo, creo que es el único totalmente íntimo que nos queda ya. Por eso les aterra a quienes quieren controlar la sociedad, es algo que no pueden controlar.

Sí, es cierto, por lo menos de momento no pueden mirar dentro de tu mente. La lectura es una actividad muy privada, no pueden saber lo que piensas, es muy difícil de monetizar, por eso los tecnócratas lo odian. Deberíamos promover la lectura, es algo radical, algo privado que podemos hacer en un mundo que no permite ninguna privacidad, y te da las herramientas para enfrentarte a la hostilidad que te rodea.

Todos los progresos, desde los derechos civiles al voto femenino, se han conseguido porque la gente se ha agrupado y ha soñado una manera mejor de vivir

Desde el punto de vista temporal, el libro huye de la linealidad, se puede empezar a leer por cualquier parte. Hábleme de su concepción del tiempo narrativo y cómo esta se relaciona con el tiempo tal y como lo entendemos en nuestro día a día.

Los seres humanos siempre han tenido un problema con el cuerpo, es una condición anclada, no puedes hacer nada con él, naces, creces y te mueres, ya está. Pero la mente no está atrapada por nada, se mueve por todos lados. Por eso es raro ser un ser humano, porque tenemos todo este poder y aun así estamos limitados por nuestros cuerpos. Muy pocas personas están satisfechas sólo con lo que puede suceder en el cuerpo y por eso hemos inventado esta cosa llamada arte. Hay algo más allá de lo material que nos atrae y sólo conseguimos llegar a ello a través del arte, que no es lineal. Simultáneamente estamos viviendo en tres momentos temporales como seres vivos, no podemos evitarlo, y la ficción permite que eso suceda, cien años pueden ser comprimidos en un día, tienes algo que te lleva al pasado y al futuro y que te permite crear otros mundos. Nos alivia mucho, porque no nos gusta la idea de estar atrapados en esta única vida.

Freud sostenía que el pasado no es algo fijo, podemos volver atrás, arreglar lo que otros estropearon. ¿Por eso escribimos, para eso?

Sí, así lo creo. Escribir y leer son actividades que sanan porque te confrontan con verdades a las que preferirías no enfrentarte, te dan ideas que no tendrías por ti mismo, te ayudan a sentir y los seres humanos necesitan sentir, no sólo somos máquinas de pensamiento. La lectura nos ayuda a curar heridas del pasado. No podemos viajar en el tiempo, no podemos volver y arreglar cosas, nos encantaría, pero no podemos. Pero Freud sabía que, si eras capaz de ver el pasado de una forma distinta, imaginarlo de manera distinta, un trauma especialmente, ese punto de vista cambia, ya no eres prisionero de ese pasado. Y tenía razón, no hay un pasado fijo. Esta aportación maravillosa de Freud es un poco también la agencia que tiene el arte de abrir esos lugares, que son muy dolorosos para nosotros, y mostrárnoslos de maneras distintas de nuevo. Ahí se libera el efecto negativo y somos capaces tal vez de vivir nuestra vida de manera distinta. Los seres humanos no somos fijos, no somos un algoritmo en el que todo se tiene que hacer en el orden correcto y, si no, no consigues el resultado que quieres. Los seres humanos nunca hacemos todo en el orden correcto, vamos caóticamente por un lado y por otro y así es como nos rescatamos a nosotros mismos de una narrativa que ya no nos sirve, podemos contárnosla de nuevo.

Estamos en una época muy crítica y no creo que la tecnología vaya a resolverlo, no creo que la política vaya a resolverlo, no creo que estos hombres de derechas multimillonarios populistas vayan a resolverlo

Lo dice en este libro, de hecho: "Puedo cambiar la historia, porque yo soy la historia".

Es una verdad psicológica que te da control sobre tu narrativa, pero vas a necesitar a otras personas que te ayuden, porque dependemos de los otros. Todo lo bueno de la vida tiene que ver con las relaciones. Nos relacionamos, no somos solitarios, ese es el peor castigo posible. Nos gusta hablar, intercambiar, compartir. Los seres humanos estamos conectados y por eso las historias vienen de todo el mundo, de Irak, de Irán, de Egipto, de Siria, de la India, de China, todo viajó por distintas fronteras, a través de la ruta de la seda, de desiertos, intercambiando no sólo objetos, política, ideas, filosofía, ciencia, también historias. Es lo que los seres humanos siempre han hecho, llevar a cabo esa mezcla. Lo que odio a día de hoy es que todo el mundo como que quiere mantenerse detrás de sus fronteras con su banderita. Eso no puede estar bien. Lo mejor no ha sido sólo el intercambio de objetos, también cruzar fronteras y compartir experiencias. Las historias cambian al cambiar de país, de continente, las personas van añadiendo trocitos, van dejando cositas atrás. No es sólo la idea de esto soy yo y mi gran idea y mi gran trabajo, yo soy este escritor maravilloso, no.

En ese sentido, en la mayoría de historias siempre hay un héroe, generalmente un hombre, que interviene para salvarnos. Buscamos esa figura, incluso en política.

Sí, lo hacemos. Pero yo creo que la vida sucede mejor cuando la gente se une. Y las mujeres siempre lo han hecho: no necesitamos un héroe, vamos a hacerlo juntas. Es una forma distinta de leer el mundo. Cuando la gente se une puede generar un cambio en su ciudad, en su vecindario, en su país. Es algo que ya está sucediendo en algunos sitios, pero todavía hay personas que creen que algún tipo de monstruo como Donald Trump o Putin va a salvarlas. Tenemos que salir de eso. ¿Por qué todo el mundo quiere esta figura del papá?, ¿qué está pasando?

En la literatura, usted encontró su lugar seguro donde poder vivir y ser feliz. ¿El arte la salvó?

Sí, sin duda. Las personas lo hacen mejor cuando creen en algo más grande que ellas mismas, para lo que quieren trabajar y esforzarse, que les hace sentirse valiosas. A mí el arte me dio fuerza, me dio esperanza como mujer joven en la ciudad horrible en la que vivía [Mánchester] sin ningún tipo de esperanza. Y millones de personas antes que yo, que se preocuparon por el arte en circunstancias difíciles, también rechazaron el estar perdidos en el aquí y ahora, encajados en el lugar en el que estaban.

La última: toda su obra, también este libro, celebra el amor redentor, cómo nuestra vida crece cuando amamos a alguien. Me pregunto qué es el amor para usted...

Creo que el amor cambia con el tiempo y eso es bueno, creo que todo cambia con el tiempo si lo dejamos. Ahora tengo una relación bonita, pero no es lo principal en mi vida, en absoluto. Soy mayor, creo que no me queda mucho, bueno, veinte años. Hay muchas cosas que quiero hacer y tengo dinero suficiente, puedo elegir, estoy en una posición superprivilegiada. Entonces, estoy focalizada en cómo puedo marcar la diferencia, cómo puedo ser activa, tener un propósito en esta vida. No voy a jubilarme, no voy a tirarme en el sofá sin hacer nada, podría, pero no lo voy a hacer porque quiero estar involucrada en este mundo, quiero intentar marcar la diferencia mientras esté aquí. Seguiré en el juego hasta que me muera, porque espero que mis palabras, mi energía, puedan significar algo para alguien en algún sitio.

Un Aladino y dos lámparas / Un Aladí i dues llànties

Jeanette Winterson

Traducción de Laura Martín de Dios / Joana Castells Savall

Lumen / Edicions del Periscopi

248 / 308 páginas

19,85 / 22 euros

A la venta el 26 de febrero